Opinión

¿Ha cambiado el panorama desde el mensaje del Estado de la Unión de Biden?

Lee aquí la columna del abogado estadista.

Dos semanas después del discurso sobre el Estado de la Unión del presidente Joe Biden, está claro que el impacto de su mensaje en la carrera presidencial ha sido mínimo. Al igual que antes del discurso, las encuestas muestran una contienda muy reñida: Biden lidera por un punto en una nueva encuesta de YouGov para The Economist, el expresidente Donald Trump lidera por un punto en una encuesta de Ipsos para Reuters, los dos están empatados en lo último de Morning Consult, etc. Trump continúa liderando por pequeñas cantidades en la mayoría de las encuestas de los estados indecisos (los llamados “swing states”) que probablemente decidirán las elecciones.

¿Deberían entrar en pánico los demócratas? No. Los discursos rara vez conmueven al mundo, excepto en las películas. Los mensajes sobre el Estado de la Unión, en particular, típicamente atraen a espectadores que ya han tomado una decisión. El enérgico desempeño de Biden encendió a los partidarios demócratas, pero la gran mayoría de los votantes indecisos ni tan siquiera lo vieron.

La mayor preocupación para Biden puede ser que sus números de aprobación no hayan cambiado, incluso cuando el aumento de los salarios y la caída de la inflación han comenzado a lograr una reducción del pesimismo entre los estadounidenses respecto de la economía. A estas alturas, los índices de aprobación en realidad predicen el resultado final mejor que las encuestas. La aprobación de Biden ha estado estancada durante la mayor parte del último año en alrededor del 40 %, muy dentro de la zona de peligro.

¿Qué podría cambiar eso? Las respuestas se dividen en tres categorías amplias. Durante los próximos siete meses, los votantes podrían comenzar a sentirse mejor acerca del país, una proporción mayor de ellos podría comenzar a simpatizar con Biden o el presidente podría ganar votos de personas que lo desaprueban. Ninguno de ellos está garantizado, pero todos siguen siendo plausibles.

He escrito antes sobre la gran desconexión entre las opiniones negativas de los votantes sobre la economía y el panorama positivo que pintan las estadísticas económicas. Con el desempleo cerca de su nivel más bajo en 50 años, la inflación bajando y los salarios subiendo, el pesimismo ha comenzado a disminuir, pero continúa a un nivel que desconcierta a muchos economistas.

La explicación más lógica es que, aunque los precios han detenido su rápido aumento, los bienes y servicios cotidianos (gasolina, comestibles y alquiler) siguen siendo mucho más costosos que hace un par de años. Los salarios promedio han aumentado más rápido que los precios durante el año pasado, pero la situación financiera para muchas familias aún no es mejor de lo que estaban anteriormente.

La esperanza de los estrategas demócratas es que los sentimientos económicos negativos de los votantes se deban principalmente a un desfase temporal: los recuerdos de la rápida inflación de 2022 y principios de 2023 se desvanecerán con el tiempo. De hecho, las medidas de confianza del consumidor han mejorado en comparación con el año pasado, aunque eso no ha llevado a evaluaciones más favorables en cuanto al desempeño de Biden por parte de los votantes.

Un argumento similar se aplica a la delincuencia: el año pasado se produjo la mayor disminución anual de asesinatos jamás registrada, según cifras que el FBI publicará esta semana en cuanto a los indices de delincuencia de 2023. Algunas ciudades, incluidas Washington, D.C. y Memphis, Tennessee, rompieron con la tendencia, pero en la mayor parte de la nación la tasa de homicidios ha estado cerca de borrar el pico de los años del COVID-19.

Los niveles generales de delitos violentos han mejorado aún más: ahora han bajado a niveles vistos por última vez a mediados de la década de 1960. Sin embargo, gran parte del público todavía piensa que Estados Unidos está en medio de una ola de criminalidad.

Algo de eso tiene que ver con el partidismo y algo con la cobertura mediática de crímenes raros pero espectaculares: tiroteos en el metro de Nueva York, por ejemplo. Pero al igual que ocurre con la economía, parte de la brecha entre la percepción y la realidad implica desfases temporales. La mejora continua podría generar opiniones más positivas.

Usualmente, las cifras de aprobación de un presidente aumentan al menos unos pocos puntos durante un año electoral. Esto fue cierto para los presidentes Nixon, Clinton y Obama, y no debería ser una sorpresa: los presidentes en funciones normalmente pueden recaudar enormes cantidades de dinero para promover sus logros.

Biden definitivamente encaja en ese patrón. Entre su cuenta principal de campaña y el Comité Nacional Demócrata, el equipo de Biden comenzó marzo con 98 millones de dólares en el banco, según informes de divulgación financiera radicados ante la Comisión Federal de Elecciones, en comparación con 38 millones de dólares del lado de Trump.

Un público clave son los demócratas que planean votar por un candidato de un tercer partido o quedarse en casa. Las encuestas indican que Biden obtiene el apoyo de aproximadamente entre el 80 % y el 85 % de los votantes demócratas, mientras que Trump obtiene el respaldo de más del 90 % de los republicanos. Igualar esa disparidad pondría a Biden en una mejor posición para ganar la elección.

Incluso si se producen algunas mejoras, lo más probable es que Biden llegue a noviembre con niveles de aprobación históricamente bajos.

Los funcionarios de la Casa Blanca profesan falta de preocupación aludiendo a que aunque históricamente, la los niveles de aprobación y el voto han estado correlacionadas, entienden que ese ya no es el caso. De hecho, los asesores demócratas citan los resultados de las elecciones de mitad de término de 2022. Según las encuestas a boca de urna, los candidatos demócratas obtuvieron una pequeña mayoría de votantes que dijeron que “desaprueban en cierto modo” a Biden. La razón es simple: esos votantes también desaprueban a Trump. Es por eso que la campaña del 2024 probablemente se centrará tanto en los “dobles desaprobadores”: los estadounidenses a quienes no les agradan ni Biden ni Trump.

Aproximadamente 1 de cada 4 adultos estadounidenses cae en esa categoría, según un análisis realizado por el Pew Research Center esas dobles desaprobaciones son desproporcionadamente jóvenes: el 41 % de los estadounidenses de entre 18 y 29 años ven a Trump y Biden de manera negativa, en comparación con el 15 % de los mayores de 65 años. Son más comunes entre los latinos y asiático-americanos que entre sus homólogos blancos o negros.

Otro grupo importante entre los que lo desaprueban: las personas que votaron por Nikki Haley durante las primarias republicanas. Poco más de la mitad de los votantes que la respaldaron desaprobaron tanto a Trump como a Biden, según la encuesta de Pew.

El otro asunto que tienen que atender las campañas es más ideológico: en ambos bandos, los que desaprueban de ambos candidatos se identifican con mayor frecuencia como moderados, según muestran las encuestas.

En 2016, una razón clave por la que Trump ganó fue que los votantes, en promedio, lo consideraban más cercano al centro político que su oponente demócrata, Hillary Clinton. Una vez en el cargo, por supuesto, Trump giró hacia la derecha y perdió esa ventaja moderada lo que lo llevó a la derrota frente a Biden. Esta vez, sin embargo, ha tratado de recuperar el control al menos en algunos temas: negándose a decir públicamente qué tipo de prohibición del aborto podría apoyar, por ejemplo, y atacando al gobernador de Florida, Ron DeSantis, por su apoyo anterior a los recortes a Medicare y el Seguro Social.

Un importante esfuerzo de la campaña de Biden tiene como objetivo convencer a los votantes de que un Trump reelegido, una vez más, intentaría gobernar desde la derecha, no solo en materia de inmigración, donde Trump ha pedido abiertamente deportaciones masivas, sino en cuestiones como el derecho al aborto y los programas de seguridad social como lo son Medicaid, Medicar y el Seguro Social.

Con Biden y Trump tan conocidos por los electores, el número de votantes indecisos en 2024 puede ser menor que nunca, pero la formulación clásica de la política estadounidense sigue siendo válida: ganar requiere capturar el centro.

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