Opinión

El colmo del colonialismo

Lee la columna del representante por el Partido Independentista Puertorriqueño.

columnista

Desde que la Junta de Control Fiscal entró en funciones hace prácticamente siete años, una de las dinámicas más vergonzosas y, al mismo tiempo, frustrantes, que ha provocado la presencia de esa entidad impuesta antidemocráticamente a nuestro pueblo, es la impotencia de los funcionarios gubernamentales de Puerto Rico ante sus determinaciones. Como representante, he observado el consecuente “desfile” de secretarios/as de agencias durante el proceso de discusión presupuestaria en la Cámara, intentando que la asignación de fondos que ha “aprobado” la Junta, aumente sustancialmente porque, sencillamente, “los chavos asignados no dan”.

Es un asunto cuestionable bajo dos administraciones consecutivas del Partido Nuevo Progresista (PNP) —partido que apoya incondicionalmente todo lo “federal”—son sus propios funcionarios del poder ejecutivo los responsables cuando el presupuesto de cada año fiscal no es suficiente para cumplir con la gestión de cada agencia, corporación pública o municipio. Nuestra gente es la más afectada, que reclama servicios y soluciones a sus problemas en las agencias del gobierno como testigos, observamos el espectáculo triste y desafortunado de las gestiones frustradas de los jefes y las jefas de agencias PNP que utilizan su derecho de comparecer ante la Legislatura en ocasiones como último recurso y sin éxito, para ver si “la Junta” se apiada de ellos/as.

En el caso del poder legislativo, controlado por el Partido Popular Democrático (PPD), ocurre invariablemente que la totalidad de las iniciativas legislativas, cuando tienen que ver con temas fiscales, se enmarcan a la medida de lo que ha sido aprobado por “la Junta”. Los populares se han conformado, como en tantas ocasiones anteriores, a lo que dispongan los representantes del Tío Sam en Puerto Rico. La consabida expresión “nos oponemos a la Junta, la rechazamos”, pero aceptan cabizbajos todas sus determinaciones. La existencia de la Junta, la manifestación más burda del colonialismo es un problema político, demuestra subordinación. Para acabar con ella es necesario enfrentarla políticamente e incluir un proceso de descolonización, y a eso vamos.

Evidentemente, esta realidad refleja de forma dramática lo que sin duda es el colmo del colonialismo. Este año tenemos la gran oportunidad de cambiar esta dinámica. Ya es tiempo de darnos a respetar, con la madurez que tenemos como pueblo.

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