Opinión

Baja en natalidad: No seamos ilusos

Lee aquí la columna del periodista y director de programación de NotiUno

Metro Puerto Rico

No hay duda de que la isla tiene un problema de baja natalidad, como está ocurriendo en otras jurisdicciones del mundo. Recuerde que no somos el ombligo del mundo.

Por ejemplo, Singapur es uno de los países más ricos y tiene el mismo problema. Miren estos titulares de hace más de una década: “Baja natalidad amenaza prosperidad de Singapur” (El Tiempo, 2012), “Singapur busca bebés para salvar la economía” (BBC News, 2012). Miremos en tiempos recientes los titulares: “Registra Singapur la baja en natalidad más baja en casi una década” (Vietnam+, 2019), “Singapur ofrecerá un cheque para bebés nacidos en pandemia” (La Vanguardia, 2020), “La fuga de cerebros frena el crecimiento de Singapur” (Asia News, 2023).

Reportó Infobae el pasado año 2023: “…Japón, que marcó recientemente un mínimo histórico de natalidad en su territorio... En años previos a la pandemia, la tasa disminuía constantemente en el país…”, “La tasa de natalidad en Estados Unidos bajó dramáticamente en 15 años…”. Nuestros problemas ocurren en todas partes.

En el caso de Japón, es una sociedad de primer mundo, en términos educativos, tecnológicos, económicos, de valores y culturales. Miren la reseña sobre su modelo educativo: “Uno de los modelos educativos con más éxito a nivel mundial es el de Japón, su gran calidad y cualidades hacen que los japoneses se sientan orgullos de la educación del nivel educativo de su país. Sus habitantes reconocen que este sector les brinda las herramientas necesarias para desarrollarse de la mejor manera en la vida profesional”. Singapur es un país que se transformó de uno de pobreza a uno de los más ricos del mundo; y Estados Unidos es una potencia económica. Con más virtudes que defectos, esos tres países tienen el mismo problema de natalidad.

Aquí estamos saliendo de una quiebra gubernamental tras implementar por años la política “ojo de rico, bolsillo de pobre”. Realmente no creo que la isla sea un país pobre porque aquí hay billete, en gran medida gracias al dinero que viene del gobierno federal, y si no lo cree, imagine nuestros pasados cinco años con huracán Irma, María, terremotos y pandemia sin un centavo que viniese de Estados Unidos. Nuestra pobreza estriba, principalmente, en administración.

Aquí somos pobres para la compra, para pagar las deudas, para 20 cosas más, pero para los tenis de último modelo, el teléfono más bragao’, el TV de 70″, las uñas más llamativas, el recorte más deslumbrante; para el piquete, para no perderse un concierto y para el baile, la botella y la baraja, no somos pobres. Yo sé que hay personas con necesidades reales, como las hay en los países de avanzada, pero no es de esos que hablo. Usted sabe a lo que me refiero.

Hay un proyecto del representante José Bernardo Márquez (MVC), junto a otros legisladores, para incentivar a la ciudadanía a tener hijos y para que regresen los que se han marchado, dando dinero, otorgando incentivos, deducciones o exenciones. Ciertamente, es importante que se realicen esfuerzos para llegar a un punto de inflexión y revertir la pendiente. No obstante, yo no estoy seguro de que esta medida vaya a tener algún efecto como para resolver o aliviar el problema, y me explico... Sobre esto, expongo dos ángulos:

Lo que está ocurriendo aquí no es porque en Puerto Rico tenemos unos problemas particulares que hace que los jóvenes no quieran tener hijos. ¡Claro que van a decir que la situación es porque la cosa está de tal o cual manera, que es por culpa del gobierno, que si es por esto o por aquello! Aquí siempre ha sido sexy buscar a quién responsabilizar de cada cosa. Sí, hay quien pueda tener unas situaciones particulares en esos aspectos que les desaliente a tener hijos, pero no creo que sea la norma.

Cuando miramos que culturas con mayores niveles de educación y económicamente mucho más sólidas están teniendo el mismo problema, entonces la fiebre no está en la sábana. No soy sociólogo, sicólogo ni nada por el estilo, pero pienso que estamos conviviendo con una generación que sencillamente tiene otros intereses a los que teníamos miles de nosotros cuando éramos más jóvenes.

Conozco parejas jóvenes que están muy bien económicamente, que no tienen los problemas que quizás tienen muchos y tampoco quieren tener hijos. Aquí se ha hablado, y no es que lo estoy validando porque no sé si realmente es así, que hay personas a las que tener hijos les representa un negocio porque reciben más ayudas económicas, mayor mantengo del Estado. Si eso fuera cierto, entonces no podemos seguir fomentando el concepto de que tener hijos me puede representar dinero. Tener hijos tiene que verse y se debe inculcar como una responsabilidad de amor y protección.

De otra parte, la medida propone ampliar la exención contributiva a jóvenes, deducción contributiva de $300 por mes por alquiler de vivienda y otra por gastos de viaje y mudanza a la isla. Esta receta legislativa es lo mismo, lo mismo, lo mismo. Entendemos que todos los problemas se resuelven a fuerza de exenciones contributivas. Yo no critico que haya exenciones, el problema es que a todo lo que huela a problema: ¡exención contributiva! Se abusa del concepto. ¿Faltan médicos? Exención contributiva. ¿No hay ingenieros? Exención contributiva. ¿Escasean los panaderos? Adivine que se les ocurrirá en la legislatura o al gobierno. Exenciones y deducciones para medio mundo que se haya ido o amenace con irse, mientras que los que nos hemos quedado sudando la patria lo que recibimos es más carga.

No seamos ilusos. Aquí podemos inundar la isla de exenciones contributivas y créditos por tener hijos, pero mientras la dinámica sea que todo se bloquea, que los partidos se siguen poniendo por encima mezquindades políticas y electoreras, sacrificando el bienestar del pueblo, que es lo que verdaderamente detiene el progreso, y todo sea crítica, pues es poco probable que una generación sea seducida a procesarse y mantenerse aquí.

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