Columna de Mariliana Torres: Mi amigo francés
Hombre culto, educado, cortés y refinado. Así es mi amigo francés. Admiro su distinción y elocuencia. La pasamos bien en nuestras largas pláticas. Pero el…
Por Mariliana Torres @MarilianaTorres
Hombre culto, educado, cortés y refinado. Así es mi amigo francés. Admiro su distinción y elocuencia. La pasamos bien en nuestras largas pláticas. Pero el viernes, cuando nos proponíamos degustar un delicioso vino —por supuesto, francés—, la desolación invadió su cuerpo. Su rostro palideció y su mirada profunda sacudió mi corazón. Encendimos la televisión, y mientras las noticias invadían cada uno de los hogares con los horrores del espectáculo de la imagen el rostro de mi amigo languidecía.
Llamada tras llamada no conseguía comunicación con sus seres queridos hasta que por fin la prima contestó: “Estamos bien, pero con mucho miedo”. Por fin el rostro de mi amigo francés retomó el color y yo respiré. Larga noche le esperaba. De hecho, me contó que no durmió entre la ansiedad y el bombardeo de información.
Los periodistas no nos damos cuenta porque es nuestro diario vivir, pero no sabemos colocar un detente al persistente consumo de información cuando ocurren noticias en desarrollo. Cuando ya mi amigo francés estaba aturdido, fue que comprendí que llevaba más de cuatro horas con la cadena internacional de noticias encendida repitiendo la misma información. Entre los informes con lenguaje frío de la jefa de corresponsalía internacional de CNN, Christiane Amanpour y el modelaje del inigualable Anderson Cooper pensé cuán vulnerables estaban todos los periodistas y los transeúntes en la Plaza de la República desde donde se transmitía. Era la primera vez que observaba a Amanpour ansiosa. Sí, la misma que entrevista presidentes y ministros en medio de la guerra y la que tiene en su extensa carrera una entrevista exclusiva con el presidente de Siria, Bashar Al-Assad. Ella y Cooper estaban sin protección y con demasiada gente caminando a su alrededor. Incluso algunos posaban ante las cámaras, otros aprovechaban para hacerse perfiles fotográficos en medio del caos y para colmo no se observaba ni un solo gendarme, es decir, agente de la fuerza armada policial francesa vigilando la zona.
Naturalmente, todos sentimos miedo, y los periodistas que soportan esos escenarios, incluyendo los de guerra, también sienten escalofríos. Hay que sentirlo ante una atmósfera y enemigo desconocido que promueve la violencia y la destrucción del ser humano. Precisamente hay que recordar que ese ejército malévolo ha mantenido una calculada seña contra los periodistas. El Estado Islámico, conocido por las siglas en inglés ISIS (Islamic State of Iraq and Syria), ha asesinado a más de una decena de periodistas. El grupo ha acogido el lema “Matar al mensajero” como parte de su campaña terrorista, lo que pone de manifiesto que hay que jugarse la vida para poder ejercer en ese país. Primero raptan y luego en una espeluznante escena decapitan frente a las cámaras para luego difundirlo por la Internet. La cifra oficial divulgada por la organización Reporteros Sin Fronteras asciende a 27 periodistas secuestrados en Siria en el 2014. A esta fecha se desconoce el paradero de por lo menos 20 de ellos.
En algunos casos los yihadistas han pedido rescates porque es obvio que necesitan dinero para su mantenimiento, pero la mayoría de los casos exhiben con “orgullo” la amedrentadora escena de decapitación. En el News Museum de Washington se exhibe toda la indumentaria del primer ejecutado ante las cámaras, el fotoperiodista James Foley, de quien también hicieron una película hollywoodense.
Macabro para mi gusto, pero la muerte movió la opinión mundial y se conoció de lo que era capaz EI. Días despúes de la muerte de Foley, siguió la decapitación del periodista Steven Sotloff. Entre los secuestrados por EI hay otro periodista que mantiene confundidos a las víctimas. Se trata del británico John Cantlie, quien fue secuestrado junto con Foley, pero extrañamente se divulgan videos donde aparece como periodista activo de Al Hayat Media, el canal televisivo de EI. Se desconoce si es voluntaria su entrega y si permanece con vida.
“Con ese escenario de terror, ¿cuál será la mejor manera de actuar?”, me pregunta mi amigo francés. No puedo contestarle. En estos momentos ningún gobierno está en posición de contestar esa pregunta y mucho menos Estados Unidos, cuyo presidente indicó a la prensa el día antes del ataque contra Francia que EI estaba contenido, es decir, dominado y reprimido. Claramente sabemos que esto no es cierto y que no es un asunto que puede despachar un solo país.
Lo sucedido en París y la decapitación de ciudadanos por EI son un mensaje de que la problemática de intolerancia es más abarcadora. Estamos ante el umbral de una lucha larga que irremediablemente necesitará apoyo social y legal. Es fundamental concienciar de que esa lucha abarca todos los países que respetan la libertad y la democracia, y eso incluye a Puerto Rico.
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