Columna de Mariliana Torres: ¿Y mis chavos dónde están?
“Hasta después de muertos seguimos causando problemas”, dijo entre carcajadas sarcásticas don Sifredo Batista. Un hombre cargado de años que, como muchos…
Por Mariliana Torres @MarilianaTorres
“Hasta después de muertos seguimos causando problemas”, dijo entre carcajadas sarcásticas don Sifredo Batista. Un hombre cargado de años que, como muchos otros, acostumbra a ir cada dos días a la cooperativa de ahorro y crédito de su sector.
Don Batista estaba comentando las noticias y como parte de ello las denuncias que hiciera el presidente del Centro Unido de Detallistas, Rubén Piñero Dávila, por la cantidad de dinero no contemplado en presupuesto que tienen que gastar los funerarios a causa de la bendita burocracia gubernamental.
Entiendo muy bien el planteamiento de Piñero Dávila, pues en vez del gobierno hacerle la vida mas asequible al comerciante, sobre todo en estos momentos que todos tenemos el bolsillo apretado, le obliga a buscar de dónde no tiene para cumplir con normas que son contrarias a lo estipulado en la reglamentación federal.
De hecho, hacer que el comerciante pase más trabajo en asuntos que con un click se resuelven en cualquier país con conciencia global es un insulto a la inteligencia. Don Batista tiene razón: el muerto le sale más caro a cualquiera, y eso que él no es conocedor de las transacciones electrónicas.
Con su gracia se echó a todo el mundo en el bolsillo mientras esperaba para realizar su transacción en la conocida cooperativa de Hato Rey. ¿Y qué yo hacía allí? Les cuento. Desde niña en Lajas se acostumbraba a tomar clases de cooperativismo en la escuela y auspiciar casi por mandato familiar la cooperativa del pueblo. Tenía una cuenta minúscula de ahorros que velaba y celaba como si se tratara de los 58 millones que ahora se necesitan y no aparecen para pagarles a los bonistas. Cada vez que recibía un regalito de mis padres y tíos engordaban mis acciones. La cuenta se mantuvo hasta que llegué a la universidad por razones obvias.
Aún conservo la famosa libretita que es más o menos la misma que tiene don Batista. Aprendí que había que ahorrar, auspiciar y proteger la cooperativa del pueblo. En el curso de cooperativismo de la escuela se repetía como el papagayo los valores del cooperativismo: solidaridad, responsabilidad, ayuda mutua, equidad, igualdad y democracia. Me los aprendí y hasta participé en un certamen de oratoria de la zona oeste.
Por venir de una familia con valores cooperativistas y cuyas finanzas todavía están en la cooperativa del pueblo, conozco el compromiso que persiguen. De adulta continúo confiando en su estabilidad económica y promulgación social, así que estaba en el mismo rol que don Batista.
Me preocupa enormemente que el gobierno no preste atención a las denuncias de los líderes cooperativistas que advierten sobre la falta de compromiso y seriedad gubernamental al negarse a pagarles lo que les deben, y ello podría socavar su solidez. Por eso presté atención a don Batista. Ese hombre hay que escucharlo, porque es el pueblo agobiado con tanto disparate gubernamental. Don Batista, más que preocupado, lanzó lo que era inevitable y esperado: “¿Y mis chavos dónde están? ¿Están seguros aquí?”. De inmediato recibió la contestación: “En estos momentos las cooperativas son las mas sólidas del mercado”. Pensé: “Qué alivio para don Batista, para mí y para los miles de empleados que reciben con una sonrisa y te atienden con calidez”.
Pero de inmediato me pregunté: “Si es así, ¿por qué el gobierno se empeña en no asignar los 58 millones de la deuda vencida y, por ende, afectar a sectores económicos que por fortuna todavía están sólidos como es este?”. Debemos aplaudir la decisión gallarda de la Liga de Cooperativas que dijo en otras palabras “basta ya” y me pagas lo que me debes. Tras que le prestó al gobierno $1,100 millones, ahora los encorbatados están pensando si pagan lo que deben. ¡¡¡Ah!!! Pero pobre de don Batista si no puede pagar este mes la factura de agua o energía eléctrica.
Si se fijan, don Batista es un hombre retirado e instruido gracias a las historias que los periodistas divulgamos con responsabilidad. Se enteró del desmadre y ahora con elocuencia se atreve a discutirlo y está en la posición de defender su dinero.
Como perros sabuesos, los periodistas no debemos perderles el ojo a las maniobras gubernamentales. Exigir los documentos que el pueblo tiene derecho a ver porque son públicos. Esto de atentar contra la estabilidad de las cooperativas huele muy mal. Sin duda, el gobierno no promulga los valores del cooperativismo. Mientras tanto, don Batista saborea un sabroso café que colaron los empleados.


