Opinión: Derecho a dormir tranquilos
No hay ni un solo día en que un acto violento en nuestro país no sea reseñado en algún medio de comunicación. Es realmente pasmoso acostumbrarse a pasar las…
Por Mariliana Torres @MarilianaTorres
No hay ni un solo día en que un acto violento en nuestro país no sea reseñado en algún medio de comunicación. Es realmente pasmoso acostumbrarse a pasar las páginas de la prensa y leer información no agradable o encender el noticiario y escuchar lo mismo y lo mismo. En el subconsciente uno se pregunta: “Vamos a ver, ¿a quién mataron hoy?”.
Saturados de decenas de debates que surgen sobre quién lo está haciendo bien, quién lo está haciendo mal y cuáles deben ser las rutas de escape para una mejor calidad de vida, ya es hora de que la prensa comience a reseñar lo que hacen otros países para vivir en paz y ponga en efecto su deber de educar. El insularismo nos arropa y parece que al Gobierno le gusta cómo lo calienta. Todos los que habitamos esta hermosa isla tenemos derecho a vivir mejor y en paz. Conozco los esfuerzos de la Policía para contener el crimen, pero también hay que reconocer que necesita del apoyo de todos, y ello, por supuesto, incluye a la prensa.
Haciendo ese análisis, en vez de tentarme y hallar un lugar donde mudarme busqué cuáles han sido las propuestas de esos países donde se vive en armonía. ¡¡Ojo!! El ser humano es imperfecto, por lo que le puedo asegurar que no son del todo el paraíso, pero por lo menos hay respeto y se puede dormir con las ventanas abiertas. Así fue que llegué en un viaje imaginario a Islandia. Según el Personal Security Index, Islandia ostenta la honrosa primera posición del lugar del planeta más seguro con una tasa de homicidios de 0.3 por cada 100,000 habitantes. Islandia me es familiar. Tengo un pariente que lo visita año tras año para presentar sus investigaciones, pero me reservo su nombre porque como “ratón de biblioteca” prefiere los libros que los protagonismos. “Allí la seguridad es parte de su cultura”, me ha contado. Se pueden imaginar allí no roban los automóviles solo los “toman” prestados y los devuelven a sus dueños sin daño alguno. Las fechorías son mínimas al punto de que el Gobierno ha tenido que cerrar las prisiones, pues en todo el país hay alrededor de 400 prisioneros y no por asesinato, más bien por delitos económicos que en la mayoría de los casos terminan en multa. Mi pariente dice que le chocó observar a los policías sin armas de fuego y a los padres dejando a sus hijos libres en las calles para que jueguen a su antojo. Irremediablemente, le pregunté: “¿Qué hace Islandia que nosotros no podemos hacer? ¿Cómo es su plan anticrimen?”. Su respuesta me impactó: “En Islandia se educa para que la sociedad comprenda que todos somos iguales y que cada persona merece el mismo respeto no importa la clase social”. Así se ha logrado que desde la década del 70 los ciudadanos defiendan con celo su modo de vida denunciando a la menor provocación delitos. Cuando se identifica una red de drogas, no se espera a que los tentáculos del mal se apoderen de la sociedad.
Los cabecillas e involucrados son tratados como enfermos y referidos a programas administrados magistralmente por la policía y un tribunal especializado en drogas. Como dato curioso, mientras los policías no tienen necesidad de portar sus armas, solo una división especializada, los ciudadanos están armados legalmente hasta los dientes, pero las utilizan como pasatiempo en lugares autorizados.
Luego de soñar un poco sobre si Puerto Rico estaría listo para esas propuestas, decidí trasladarme imaginariamente a Colombia, donde la “mano dura” no ha dado resultados. Usar la violencia para reducir la violencia nunca será una buena opción. Colombia, al darse cuenta, viró la tortilla e inició una serie de cambios de políticas sociales que al parecer esas sí están dando resultados en pueblos arropados por el crimen. Su receta es trabajo y prevención. En Cali nada más había una tasa de 126 asesinatos por 100,000 habitantes. El Gobierno celebra haberla bajado a 62. Una cifra aún alta, pero se están recuperando los espacios públicos. Combatir el crimen y lograr un país seguro requiere esfuerzos gigantes. Lo importante es comenzar. Si otros lo han logrando, ¿por qué nosotros no podemos? Las posturas derrotistas nunca han sido de mi agrado.
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