Opinión: Una santa renuncia

Por Lily García

14 abr 2014, 11:00 pm 2 min de lectura

Las interpretaciones del significado de la Semana Santa son muchas y variadas.  Lo que puede tener un profundo significado religioso y espiritual para algunos es sinónimo de vacaciones y oportunidad de descanso para otros.  En algunos casos, esta época se traduce sencillamente a un viernes libre que te saca de la rutina.  Y si eres de los que decidieron seguir la tradición de hacer algún “sacrificio” durante la Cuaresma,  es posible que estés esperando con ansias locas que llegue el Domingo de Pascua para acabar con la tortura.

Siempre recuerdo a un exnovio que escogía “respetar” la época de Cuaresma no bebiendo durante esos cuarenta días.  Pero tan pronto llegaba el Domingo de Pascua empezaba a beber al mediodía y no terminaba hasta por la noche.  En un día agarraba la rasqueta que evitó por cuarenta.  Me imagino que podrán entender por qué es un “ex”.

Siempre he pensado que una de las cualidades más importantes que puede tener un ser humano es la capacidad para reconocer cuándo se está yendo a los extremos y saber cómo recuperar el balance.  Por eso me gustaría reflexionar acerca de este concepto del sacrificio.  En el budismo no se habla de sacrificio, sino de renuncia.  Y, aunque pueden parecer términos similares porque  ambos implican que se está dejando algo que nos agrada, lo cierto es que la intención detrás de las acciones es diferente.

El sacrificio tiende a implicar sufrimiento, un sufrimiento que se ve como una cualidad positiva que es casi un requisito del crecimiento espiritual.  La renuncia, por el contrario, es más bien un ejercicio de crecimiento personal que te lleva a trabajar con tus apegos para ayudarte precisamente a sufrir menos.  Al sacrificar algo sentimos dolor; al renunciar a ello debemos sentir la alegría que acompaña la liberación de un peso.

El Buda dijo lo siguiente: “Si al renunciar a un alivio limitado ve una abundancia de alivio, entonces el hombre iluminado renunciará a ese alivio limitado por aquel que es abundante”.  En esta Semana Santa te invito a preguntarte qué actividad, relación o “alivio limitado” te está haciendo daño, y cuál de ellos, a pesar de reconocer que es tóxico, se te haría difícil dejar.  A mayor grado de dificultad, mayor el apego que le tienes en estos momentos.  Piensa en lo mucho que podrías ganar si te dieras la oportunidad de comenzar a soltar ese apego.  Da el primer paso, aunque sea un pasito de bebé.  No veas esto como un sacrificio, sino como la liberación que nace de la renuncia consciente.  Te aseguro que lo que te espera es mucho mejor.  Balance, balance, balance… Es mi deseo para ustedes en esta Pascua de Resurrección.

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