Opinión: Vagos con oficio
Lo dijeron ustedes. ¡El vago está que hace orilla!
Dicen que las segundas partes nunca son buenas, pero me voy a tener que tomar el riesgo con esta columna para atender los comentarios que surgieron de “Vago #1 y vago #2”.
Sus comentarios me tomaron por sorpresa. No porque descubriera a través de ustedes que existe otro tipo de vago, diferente al que literalmente no hace nada y vive rascándose el ombligo sentando en el balcón de su casa o frente al televisor, sino porque descubrí que más les molesta el vago con oficio. ¡Y me encantó!
Hubo un denominador común en casi todos sus comentarios. Descubrí que la gente ya está resignada ante el vago tradicional, el típico chupasangre que vive de uno descaradamente y en la fila del supermercado dice que no encuentra trabajo. Ese por lo menos miente porque reconoce que su vagancia es incorrecta y mal vista, aunque en su gran vagancia no pase ni el trabajo de buscar trabajo.
Y el vago crónico, que nació y se crió vago, y sigue pariendo y criando vagos. Ese no tiene ni conciencia. Nació así, es lo que conoce. ¿Qué se le va a hacer?
Tienen ustedes razón. El que más ofende es el vago con oficio, porque ese vago es mentiroso, irresponsable y pretende cogerte de zoquete todos los días de su vida. Ese es el que se levanta todas las mañanas para ir al trabajo (Ojo: no dije “a trabajar”). Llega al trabajo con tremenda pasta o fingiendo haber tenido una mañana ajetreadísima, con un busy look que cualquiera diría que estaba arando bueyes en el campo. Media hora después de entrar al trabajo sale “un momentito” a buscar desayuno. Nunca he entendido los breaks de desayuno en los lugares de trabajo. Salvo por excepción, el desayuno se hace en la casa. Tiempo de trabajo que usas para desayunar es tiempo que no estás rindiendo el servicio para el que te pagan. Es tan simple como eso.
El vago con oficio tiene otra cosa en agenda después del desayuno en horas laborables. Y es el almuerzo. Desde las 10 está preguntando si llegó el menú de la cafetería. Y luego de haber pasado toda la mañana haciendo que hace, pero metido en Facebook, coge sus cositas a las 11:45 a.m., que a las 12 se come otra vez. Y entre coffee break y WhatsApp le dan las 5:00 p.m., y a las 5:01 sale chillando gomas porque la cartera —o sus pertenencias— ya las recogió a las 4:45 antes de ir al baño.
Y así, entre hacer que hace, el vago con oficio insulta al verdadero trabajador, porque, sea empleado público o privado, al final siempre lo paga y lo mantiene usted.
Ese vago se cree que se lo merece todo y es el primer en gritar foul cuando se siente que está sobrecargado de trabajo o no ha recibido un aumento. Todo eso en perjuicio seguramente de uno o dos compañeros de trabajo responsables que terminan asumiendo toda la carga de un departamento y haciendo a todos quedar bien, incluido el vago.
He visto vagos en esta área que son muy listos. Parte de su vagancia estriba en dar siempre su opinión. Ponga en su cabeza ahora mismo a su vago favorito. Haga el ejercicio. Piense si ese vago habla hasta por los codos. Apuesto que nunca hace nada, le gusta la buena vida, y cuando se da el primer palo el viernes, dice: “Coño, por esta semana de madre”. Ese también es el primero en pedir vacaciones y hacer planes para los feriados. Porque al que trabaja heavy casi siempre se entera de los feriados cuando llegan. Para cuando viene a notarlo, ya el vago con oficio prendió el BBQ.
Entiendo la reacción furiosa de los lectores ante este tipo de vago. Y no es para menos. En unos días el trabajador responsable estará pagando sus contribuciones al Gobierno. Y con sus chavitos estará pagando seguramente a algunos vagos de esta especie. Lo mismo pasa con todo lo privado. Siempre el trabajador termina pagando el costo del vago.
Por mí, los pueden poner todos en una isla aparte. Sería bueno saber cómo sobreviven entre ellos, si se crean competencias o discusiones por quién es más vago. O si de la convención sale algún vago superado porque tras convivir con otros vagos se dio cuenta de lo que joden.
Insisto. La vagancia es delito y es pecado, aunque no lo diga ni el Código Penal ni las Sagradas Escrituras. Aunque me parece que la Biblia dice que hay que rendir cuentas por los talentos no utilizados. Y el único talento del vago es ser parásito. No hay muchas cuentas que rendir.
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