Opinión: Avión periodístico no tripulado

Por Mariliana Torres @MarilianaTorres

8 abr 2014, 11:00 pm 3 min de lectura

Se acaba el tiempo. Solo quedan horas para que las baterías de la caja negra del avión de Malaysa Airlines dejen de funcionar. La encrucijada que ha ocasionado esa desaparición mantiene en vilo a millones de personas que siguen las incidencias inclasificables. ¿Dónde está la nave? ¿Qué habrá sucedido con los 239 pasajeros? ¿Cuál fue el móvil de la desaparición? Todas estas preguntas siguen sin contestar y probablemente seguirán así por mucho tiempo.

Me imagino que ya hay libretos escritos para películas y hasta libros elucubrando teorías de qué fue lo que ocurrió. Para un periodista, ese tipo de historia le chifla, como diría un buen amigo. Es decir, caes en la locura total ante el cúmulo de información sobre lo que pudo haber ocurrido. Llega el momento en que sientes un mareo de información. Sientes impotencia por no ser capaz de dilucidar qué es verdad y qué es cuento. El periodista, como esponja, parece tripular un avión en medio de la turbulencia de miles de enlaces de información donde se debe discernir entre la verdad y el espectáculo de la noticia.

De todas las preguntas que surgen con este incidente al que muchas personas le llaman misterioso, por no encontrar explicación plausible de lo que pasó, a mí lo que más me llama la atención es que a estas alturas del siglo XXI, en el que los Gobiernos pueden escuchar lo que usted y yo hablamos en la intimidad del hogar, los investigadores no puedan divulgar una explicación creíble que permita contestar un porqué. Además, me aturde el silencio de los pasajeros que supuestamente no realizaron intentos de comunicación ni siquiera un mensaje vía Instagram, Facebook, Twitter o Weibo (red social china). Si esto es así, entonces la llamada revolución tecnológica está en entredicho o alguien velando sus intereses se niega a decir la verdad.

Esta búsqueda ya tiene olor a prepotencia política. Sobre 20 naciones participan en lo que se considera la mayor búsqueda en la historia de la aviación y, ante la falta de resultados en la investigación, las relaciones entre Malasia, China y Estados Unidos se están perjudicando. El diario The New York Times entrevistó a varios expertos en aviación y comunicaciones que indicaron que la única manera de encontrar un porqué a la falta de comunicación es que el avión volara demasiado alto para que los dispositivos electrónicos no funcionaran o deliberadamente desconectaron los sistemas de comunicación que están unidos a los de entretenimiento. La búsqueda del porqué ha ocasionado que un ejército de internautas se una a la investigación y opinen como expertos. La consecuencia de esto ha sido el colapso de servidores y el invento despiadado de historias que no tienen ni pies ni cabeza.

A pesar de lo fascinante, en términos periodísticos e investigativos, que es este incidente, hay que tener cuidado en no caer en la desproporción o el sensacionalismo. Es meritorio, entonces, que recordemos que el contenido de esta noticia necesita ser divulgado bajo la premisa de las tres funciones del periodismo serio y responsable: informar, interpretar y opinar. Al pasar juicio sobre cómo ha sido la cubierta periodística en torno a la desaparición del avión malasio, entiendo que se han exagerado las interpretaciones de hechos y las opiniones vertidas sin conocimiento. En periodismo la información debe ser verdad, mientras que la interpretación es un intento de entender o determinar hechos. La opinión, a la cual no se debe temer cuando se es responsable, es una crítica intelectual.
El periodista con esta noticia de la desaparición del avión malasio tiene la oportunidad de aumentar su credibilidad y convertirse en intermediario ayudando a disipar información falsa u opiniones deshonestas. Un reconocido ancla de una cadena de noticias de habla inglesa indicó y me pareció sabio y honesto: “Quiero ir despacio al informar la última noticia sobre el avión malasio, porque aquí no hay tiempo para cometer errores y equivocarme”.

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