Opinión: De la factura de luz y el día de las madres

Por Julio Rivera Saniel @riverasaniel

24 mar 2014, 11:00 pm 3 min de lectura

Hace mucho que se me acabó la fe, esa que en ocasiones nos hace creer “porque sí”  las ideas que nos presentan los políticos. Y dejar de tener fe es difícil, sobre todo cuando se trata de ideas que son tan buenas como el Día de las Madres. ¿Quién puede oponerse a ellas? Pues, en un principio, nadie. Solo que a veces las ideas, aun cuando partan de nociones generales llenas de sensatez y  puntos de consenso, no siempre son lo que prometen.

La falta de fe de la que presumo me ha atacado con insistencia este último mes tiene que ver con que Cámara, Senado y Fortaleza han presentado públicamente medidas que, como el Día de las Madres, son difíciles de resistir, sobre todo porque en su confección reúnen con eficacia las frustraciones de más de 40 años de intentos fallidos por reducir el costo de la generación de la energía eléctrica que usted y yo pagamos. ¿Quién puede oponerse a que se baje el costo de luz? “Nadie”, responderá usted y yo también. Pero el problema comienza cuando, más allá de unos lineamientos generales, las medidas propuestas fallan en dejar claro (“claro” del que aclara, así, sin lugar a dudas ni especulaciones) cómo es que se producirá el tan ansiado bajón en el costo de la electricidad, ese que hace que se le salten las lágrimas cuando llega la factura y que provoca el cierre de negocios que no aguantan la carga económica.

Y ahí es que está el peligro. El desespero nos hace vulnerables.

El descontento general que viven los ciudadanos del país es el escenario perfecto para aprobar lo que sea. Y lo que sea es peligroso. En los pasados días, mientras recibía llamadas del público en mi programa en Radio Isla 1320, una de las participantes opinaba: “El pueblo está harto. Que aprueben lo que sea. Total, nada puede ser peor que lo que tenemos hoy”. Y di un salto en mi asiento. Sí. El pueblo está harto. No. No debemos aprobar “lo que sea”. Sí. Podríamos pasar de Guatemala a Guatepeor si al aprobar “lo que sea” no damos el paso correcto y obviamos la lectura de esas letras pequeñitas al final de la receta que esconden sorpresas que duelen o que cuestan.

Para movernos en la dirección correcta debemos evaluar datos ciertos, no movidos por la rabia o el muy valido deseo de cambio. ¡Hay que cambiar lo que tenemos! ¡De eso no hay duda! Pero ¿qué es lo que cambiamos y cómo lo hacemos? ¿Qué es lo que el país pretende conseguir con esos cambios? Debemos estudiar las propuestas actuales e identificar si en ellas están las respuestas a esas preguntas nacidas del hastío colectivo ocasionado por décadas de inacción.

Pregúntese lo siguiente y sea honesto en sus respuestas: ¿entiendo los proyectos?, ¿qué proponen los proyectos?, ¿dicen los proyectos cómo bajarán la factura?, ¿cuál de ellos nos dice cómo bajará el costo de energía? De las respuestas a estas preguntas deberá depender su apoyo o rechazo a las medidas propuestas. Si en alguna de las propuestas presentadas encuentra respuestas que le satisfagan, apóyela. De lo contrario, sea crítico y exiga respuestas. Pida a los encargados de articular esfuerzos de política pública que respondan sus dudas con respuestas directas, porque el país ya ha vivido demasiados ejemplos de legislación que prometen subir al cielo para bajar la luna y que terminan siendo un camino expedito al purgatorio o una monumental oferta engañosa.

Sea crítico. Exiga respuestas claras. No se conforme con el Día de las Madres. Antes de unirse a la celebración, pregunte cuál es el costo.

Vea también estas notas:

  1. Si su apellido aparece en esta lista podría recibir nacionalidad español
  2.  Convierten en travesti a Obama y otros líderes mundiales
  3. 7 tips sexuales que los harán enamorarse más de su pareja