Los difuntos también tienen noches de terror

Morgue. El Instituto de Ciencias Forenses entierra cada año un promedio de 94 muertos sin identificar. Otros cuerpos son donados a la ciencia.

Por Cindy Burgos @Cindy_Andreina

30 oct 2013, 11:00 pm 2 min de lectura

En lo que va del año, el Instituto de Ciencias Forenses (ICF) ha enterrado 72 cadáveres que no fueron reclamados por sus familiares. En 2012, fueron 96 los cadáveres que sepultó la agencia, mientras que, en 2011, el número ascendió a 122.

Así lo informó a Metro el gerente de Operaciones de la División de Investigación, Médico-legal y Toxicológica del ICF, Dani Luis López. Según el funcionario, esta cantidad representa cerca de un 2 % de los 5,400 cadáveres que llegan a la agencia anualmente. Sin embargo, López no precisó cuánto le cuesta al Estado el entierro de estos cadáveres en el cementerio Capital de San Juan.

En estos casos que los cuerpor no son reclamados por los familiares o, incluso, son abandonados a su suerte, el ICF puede donarlos a la Escuela de Medicina de la Universidad de Puerto Rico (UPR) o enterrarlos en fosas comunes, luego de publicar en un periódico de circulación nacional los nombres de los difuntos. Este listado se publica dos veces al mes, por lo que el cuerpo se entierra cuando pasan 15 días.

Cuando los cuerpos son identificados, se entierran con el nombre. Cuando no, se les coloca el nombre de “John Doe”, para los hombres, “Jane Doe”, para las mujeres, o simplemente “Doe” cuando se desconoce el género. 

El funcionario fue enfático en la necesidad de que los familiares reclamen los cuerpos. Indicó que también tienen la opción de donarlos por su cuenta a la ciencia. No se precisó cuántos cuerpos son donados anualmente para estos propósitos.

El dato ¿De dónde viene la costumbre de enterrar a los muertos? •    Cementerio. La palabra viene del griego koimetérion, que significa dormitorio. Según la creencia cristiana, un difunto duerme hasta el día de la resurrección. •    En la antigua Roma. Los muertos eran enterrados en sus propias casas.  Posteriormente, se determinó que, debido a las enfermedades que acarrean los cadáveres, debían enterrarse fuera de las ciudades, como lo establece el cristianismo.