“Extranjera”: Cuando pertenecer no tiene un solo lugar
Desde Puerto Rico hasta Taiwán, Extranjera convierte el desarraigo de una mujer en una reflexión sobre quiénes somos y dónde sentimos que pertenecemos.
Hay películas que cuentan una historia y otras que consiguen convertir esa historia en una reflexión que permanece después de los créditos.
Extranjera, ópera prima de Michelle Malley Campos, pertenece a ese segundo grupo. Esta maravillosa producción puertorriqueña, presenta la historia de Epa (Aris Mejias), una maestra que decide escapar a Taiwán en busca de reconectar con su madre (Patricia Reyes), luego de que un escándalo político relacionado con su padre (Daniel Lugo), amenazara con salpicarla.
La extraordinaria producción puertorriqueña retrata identidad, familia y pertenencia y utiliza el viaje de nuestra protagonista a Taiwán para hablar, paradójicamente, de Puerto Rico y de esa sensación de estar en un lugar sin saber exactamente dónde encajamos.
Uno de sus principales aciertos es que no pretende explicarlo todo. El guion deja espacios abiertos y permite que los personajes carguen con sus historias sin verbalizarlas constantemente. Esa decisión encuentra en Mejías un vehículo extraordinario. Su magnética interpretación sostiene la película desde una contención emocional que exige mucho más de la actriz de lo que aparenta.
“Me dio mucho trabajo el no tener que explicar todo el tiempo por qué hacía una cosa versus otra”, confesó la actriz en entrevista con Metro Puerto Rico. Para entrar en ese universo tuvo que abandonar la necesidad de construir un relato perfectamente explicado: “Me tuve que soltar. Era soltar el control”.
El resultado es una actuación llena de silencios, contradicciones y pequeños gestos. Mejías consigue que sintamos el conflicto de Epa aun cuando el personaje no lo verbaliza. Ella misma lo resumió de una manera que, después de ver la película, adquiere todavía más fuerza. “Esta película me dio la oportunidad de perderme en un personaje”. Y se nota. Hay una libertad interpretativa en su trabajo que convierte a Epa en una mujer imperfecta, vulnerable y reconocible.
La película, en la que también participan Eyra Agüero y Gabriel Leyva, se beneficia de su particular diálogo entre Puerto Rico y Taiwán. Malley Campos evita presentar la isla asiática como simple postal exótica. Sus espacios, cultura y habitantes forman parte orgánica del relato y amplían la experiencia de una protagonista que, al convertirse en extranjera, comienza a observarse desde otra perspectiva.
Para la directora, ese acercamiento nació de sus propios viajes y de un proceso de investigación que incluyó regresar a Taiwán para encontrar colaboradores y locaciones. “Lo más importante para mí era cómo se puede presentar esta cultura, estos lugares, que la gente sienta que está ahí con nuestros personajes”, explicó. Esa mirada también revela cuánto de la cineasta hay en la película. “Creo que es todo. Creo que todas mis diferentes personalidades ahí están”, dijo Malley Campos al hablar de cuánto de sus intereses, preocupaciones y experiencias personales terminó filtrándose en la historia.
El actor taiwanés Lin Yao, aporta otro matiz al cruce cultural. Su personaje se expresa desde una mayor resonancia emocional. “Hay una palabra en chino que es neilian, que básicamente describe a una persona que siente intensamente y se ve sutil”, explicó Yao, quien encontró inspiración en el clásico In The Mood For Love y el trabajo de Tony Leung para ayudarlo a entender esa búsqueda: construir esa forma de comunicar más con las miradas y los silencios que con las palabras. La experiencia también implicó un choque cultural para Yao, quien comparó su trabajo con los equipos taiwaneses y puertorriqueños. “Al venir aquí me di cuenta de que tenía la versión light, comentó entre risas, al descubrir la intensidad particular del ambiente boricua.
Para la cineasta y responsable del guión, nombrar la sensación de ser extranjero puede ser el primer paso para reconocerla y atenderla. Y para una sociedad insular como la nuestra, acostumbrada a partir y regresar, la idea adquiere una resonancia particular. “Esta película es para eso: para sentarnos y considerarnos extranjeros en nuestra piel, en nuestra familia, en nuestro país”, afirma la directora.
Ahí está la verdadera fuerza de Extranjera. No necesita decirnos dónde debemos pertenecer. Nos invita a preguntarnos dónde nos sentimos pertenecientes. Y lo hace con una soberbia Aris Mejías, una directora con una voz propia y una propuesta que confirma que el cine puertorriqueño puede mirar mucho más allá del 100 x 35 sin dejar de hablarnos de nosotros mismos.

