El maestro Roberto “Bobby” Valentín compartió recuerdos profundamente humanos que trascendieron la música y conectaron con la memoria colectiva de muchas familias puertorriqueñas: levantarse temprano a trabajar, ayudar en el hogar y encontrar en la comida sencilla un sostén en medio de las dificultades.
En medio de la emoción por recibir un doctorado honorífico en música otorgado por la Universidad Interamericana de Puerto Rico, el músico relató los años de su niñez en un entorno de recursos limitados, donde cada centavo tenía valor y cada comida representaba una oportunidad para seguir adelante.
Recordó que desde pequeño asumió responsabilidades para ayudar en su casa, vendiendo chicles en el cine y limpiando zapatos, tareas que le permitían reunir lo necesario para subsistir.
“Vendía chicles en el cine y los vendía a cinco centavos. Brillaba 14 o 15 pares de zapatos y cobraba cinco centavos cada uno”, relató al describir las labores que realizaba siendo apenas un niño.
En ese contexto, la comida adquirió un significado especial. No era solo alimento, sino también recompensa al esfuerzo diario y motivación para continuar luchando.
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Bobby recordó con claridad los almuerzos que podía comprar con lo poco que ganaba ayudando a su tía en una tienda, una experiencia que hoy revive con gratitud y nostalgia.
“Ella me daba una peseta para que yo fuera a almorzar una mixta. En aquel entonces, lo que conocemos como comida: arroz y habichuelas, carne y un canto de pan por un plato así”, expresó, evocando la sencillez de aquellos platos que le permitieron continuar su camino.
El recuerdo de esas comidas sencillas revela una dimensión íntima de su historia: la de un niño que aprendió a valorar cada bocado y cada oportunidad.
En su relato, el maestro dejó claro que aquellos platos, tan comunes en la mesa puertorriqueña, representaban mucho más que nutrición; eran también un símbolo de perseverancia y esperanza.
“Pero nada duraba dos semanas”, añadió, al referirse a los periodos en que el dinero apenas alcanzaba, aunque la determinación nunca faltaba.
Hoy, décadas después, Bobby Valentín es reconocido como una figura fundamental de la música puertorriqueña. Sin embargo, su historia demuestra que detrás del éxito hay recuerdos de mesa humilde, sabores sencillos y enseñanzas que permanecen intactas con el paso del tiempo.
Su excelsa trayectoria es también un vivo ejemplo de que los grandes sueños pueden alimentarse de los platos más simples y de la voluntad firme de seguir adelante.
Durante la ceremonia, la institución destacó una carrera marcada por la versatilidad y la excelencia, en la que Valentín se ha desempeñado como músico, compositor, arreglista, director de orquesta y productor, consolidándose como una de las figuras más influyentes de la música puertorriqueña y ara el patrimonio cultural de la isla.




