De denunciar una agresión machista a ser sancionada y perderse la temporada: la historia de Thaliangelly Torres
La jugadora de las Cafetaleras de Yauco asegura que denunciar un presunto incidente de agresión machista al finalizar un partido de la Liga de Baloncesto Puertorriqueña Femenina cambió por completo su temporada. Un mes después, continúa siendo la única persona sancionada por lo ocurrido.
Por Santiago Omar Escobar Colón
Hace apenas un mes, Thaliangelly Torres González salió de una cancha convencida de que había hecho lo correcto.
La jugadora de las Cafetaleras de Yauco, quien también es doctora en Psicología Clínica, decidió intervenir luego de presenciar lo que describe como una agresión verbal y machista contra su dirigente, Glenda Negrón, al finalizar un partido de la Liga de Baloncesto Puertorriqueña Femenina (LBPF).
Lo que nunca imaginó fue que aquella decisión terminaría cambiando por completo su temporada.
Hoy, asegura que denunciar ese incidente le costó dos suspensiones, su salida del roster de Yauco y, en la práctica, perderse el resto de la campaña mientras espera que la Federación de Baloncesto de Puerto Rico atienda la apelación presentada por su representación legal.
“En menos de 24 horas, sin realizar ningún tipo de investigación, se me suspendió en dos ocasiones de la Liga y, debido a eso, también fui removida del roster de Yauco”, relató Torres en entrevista con Metro Puerto Rico.
Según su versión, el incidente ocurrió el 17 de junio, luego de culminar el partido entre las Cafetaleras de Yauco y las Leonas de Ponce.
Torres explicó que, mientras ambos equipos se dirigían hacia los camerinos, observó al apoderado de las Leonas de Ponce, Luis Irizarry, dirigirse con insultos hacia Negrón, quien conversaba con una integrante del cuerpo técnico del equipo ponceño.
“Yo, indignada por esas expresiones y esa agresión machista por parte del apoderado de Ponce, intervengo y le cuestiono los improperios que le gritó”, narró.
La jugadora sostuvo que Irizarry tuvo que ser retirado del área por otras personas debido a que, según alegó, continuaba intentando acercarse de manera agresiva a la dirigente de Yauco.
Tras intervenir, Torres aseguró que se retiró al camerino y no volvió a tener contacto con el apoderado.
Posteriormente, la franquicia de Yauco preparó un informe sobre lo ocurrido que, según indicó, incluyó su testimonio y el de tres guardias de seguridad que presenciaron el incidente.
Sin embargo, la atleta denunció que la Liga actuó antes de realizar una investigación y que, inicialmente, no le notificó formalmente los cargos en su contra ni le brindó la oportunidad de defenderse.
Torres fue suspendida por un partido y, tras expresarse públicamente en sus redes sociales sobre el manejo de la situación, recibió otra suspensión de diez encuentros. Ese mismo día, fue removida del roster de las Cafetaleras.
“Actualmente me he perdido toda la temporada, más de nueve o diez partidos y todavía hoy, a un mes, luego de celebrarse vistas y demás, la Liga no ha tomado acción sobre esto”, afirmó.
La jugadora asegura que fue la única persona sancionada como resultado del incidente.
“El apoderado de Ponce no fue amonestado ni nada”, sostuvo.
“Le dieron credibilidad a la versión de un agresor”
Torres atribuyó la decisión de la Liga a que, según denunció, sus directivos dieron credibilidad inicialmente a la versión del apoderado de Ponce sin realizar una investigación previa.
La atleta explicó que tuvo que contratar representación legal y que su abogado, Manuel Natal Albelo, solicitó en más de una ocasión los documentos relacionados con su suspensión.
Según relató, la Liga no entregó la información hasta poco antes de una vista administrativa que originalmente fue presentada como una reconsideración, pero que, a su juicio, terminó funcionando como la primera investigación formal de lo ocurrido.
Durante esa vista, aseguró que declararon personas vinculadas tanto a Yauco como a las Leonas de Ponce.
“Todos los testimonios avalaron y certificaron mi relato y el relato de esos tres guardias. Ninguno certificó las expresiones ni el relato del apoderado de Ponce”, manifestó.
Para Torres, sus publicaciones en redes sociales no constituyeron una falta, sino un relato público de un evento que, según sostiene, luego fue confirmado durante el proceso administrativo.
“Si la amonestación o la expulsión de la Liga se da a través de yo relatar un evento que sucedió, y que en su proceso investigativo se certificó que así fue, eso nos lleva a una conclusión clara sobre cómo la Liga actuó a merced de darle entera credibilidad a un agresor y dejar desprovistas a las víctimas”, denunció.
“Es frustrante, sumamente frustrante”
Más allá de no poder jugar, Torres describió un proceso de profundo desgaste emocional, profesional y económico.
Durante meses se preparó para participar en la temporada, invirtió recursos y organizó su vida en torno al baloncesto. Todo se detuvo luego del incidente.
“Ha sido un esfuerzo bien grande. Hay unos daños irreparables que la Liga ha tenido para mí, en asuntos emocionales, en el tiempo que yo me estuve preparando y en todos los recursos de dinero que se invirtieron”, expresó.
“Es frustrante, es sumamente frustrante”, agregó.
Torres reconoció que la experiencia también la llevó a cuestionarse si habría sido más fácil guardar silencio.
“A lo mejor, si yo me hubiese quedado callada, no estaría en esta posición. A lo mejor, si me hubiese quedado callada, estaría jugando básquetbol”, reflexionó.
Sin embargo, insiste en que su decisión de intervenir no fue un error.
“Hay cosas mucho más importantes que el baloncesto”, afirmó.
Para la jugadora, levantar la voz ante una conducta que consideró violenta forma parte de una responsabilidad que trasciende la cancha.
“El baloncesto lo jugamos dondequiera que haya una bola, una cancha y más de una persona. Sin embargo, construir un país es algo que se da todos los días. El hecho de que yo interviniera e hiciera visible esa situación es lo que aporta al país”, sostuvo.
Torres reconoció que ha tenido que recordarse constantemente por qué decidió denunciar, particularmente ante el costo personal que ha enfrentado.
“Es tocar base, poner los pies en la tierra y tener esa conversación conmigo misma de decir: estamos haciendo lo que se tiene que hacer”, expresó.
Cuestiona la falta de protocolos
Torres también cuestionó los procesos internos de la Liga y denunció que la organización no cuenta con protocolos adecuados para atender situaciones de violencia machista.
“Es alarmante y preocupante cómo una liga femenina, una liga semiprofesional avalada por la Federación de Baloncesto de Puerto Rico, carece de protocolos para erradicar la violencia machista y proteger a las mujeres que participan en muchas facetas dentro de esa Liga”, señaló.
Según la atleta, durante la vista administrativa la dirigente Glenda Negrón tuvo que relatar lo ocurrido en presencia del apoderado señalado y de otros testigos, sin medidas que, a su juicio, evitaran su revictimización.
“Vi cómo a la víctima se le hizo exponer nuevamente y relatar los eventos frente a su agresor, delante de todos los testigos y del cuerpo directivo de la Liga, sin ninguna protección, sin ningún protocolo, sin nada”, denunció.
Torres aseguró que este proceso le permitió entender por qué otras alegaciones o experiencias dentro de la Liga no siempre se hacen públicas.
Tras divulgar su caso, dijo haber recibido acercamientos de jugadoras, entrenadoras y otras personas vinculadas al torneo que alegadamente han vivido o presenciado situaciones similares.
“Cuando uno se adentra en el proceso, le da sentido al porqué muchas historias no se conocen del todo, porque constantemente están poniendo en peligro a las víctimas a través de los procesos”, sostuvo.
Torres recordó además otros incidentes ocurridos en el baloncesto femenino y planteó que la Liga ha tenido oportunidades anteriores para establecer herramientas y procedimientos dirigidos a proteger a sus participantes.
A su juicio, sancionarla podría crear un precedente peligroso para otras mujeres que decidan denunciar.
“No queremos que esta injusticia y esta irresponsabilidad de la Liga sienten un precedente para futuras jugadoras que se levanten y señalen agresión machista”, indicó.
“Estamos hablando de algo muy peligroso, donde cualquier jugadora o cualquier persona que se levante a señalar una agresión machista podría ser objeto de expulsiones, sanciones y exclusiones del roster”, añadió.
El costo de levantar la voz
La suspensión dejó a Torres fuera de prácticamente toda la temporada, que ya entró en su etapa decisiva.
Aunque su representación legal busca que la Federación de Baloncesto de Puerto Rico revoque la determinación, la atleta reconoce que una decisión favorable no necesariamente podrá devolverle lo perdido.
“A este punto, prácticamente ya yo me perdí la Liga, ya yo me perdí la temporada”, lamentó.
Torres cuestionó cómo podría repararse el impacto económico, emocional y reputacional que asegura haber sufrido.
“¿Cómo se me devuelven todos los recursos que yo perdí para prepararme para esta temporada? ¿Cómo se repara mi imagen? ¿Cómo se contribuye a todos los efectos emocionales que tuve al verme expuesta en las redes sociales?”, planteó.
“Hablar de justicia es una cosa bien grande”, reconoció.Sin embargo, entiende que el caso podría convertirse en una oportunidad para que la Liga revise su actuación y adopte protocolos claros de prevención, investigación y atención de situaciones de violencia.
“Si es cierto que la Liga tiene intención, mucho más allá de los asuntos económicos, de construir espacios saludables para las mujeres en el deporte, este es un excelente momento para decir: esto pasó, respondimos de una manera que no era correcta y es momento de sentarnos a la mesa”, expresó.
Torres reclamó que se desarrollen protocolos y mecanismos de intervención que permitan responder responsablemente a futuros incidentes.
“La Liga de Baloncesto Puertorriqueña actualmente no tiene un protocolo de violencia. Estamos hablando de una liga donde juegan mujeres, construida para mujeres, que carece de un protocolo que las mantenga seguras”, denunció.
“Todas las veces”
Pese al costo que ha tenido que enfrentar, Torres aseguró que volvería a intervenir si presenciara una situación similar.
“Todas las veces”, respondió sin titubear.
Para ella, su formación como profesional de la salud mental conlleva una responsabilidad social que no desaparece cuando entra a una cancha.
“Me corresponde, como profesional de la salud mental en este país, que intenta seguir construyendo espacios saludables para todos, todas y todes, levantar la mano y señalar lo que está mal”, afirmó.
A las atletas y mujeres que hayan vivido experiencias similares, pero teman denunciar, Torres les envió un mensaje: no están solas.
Reconoció que levantar la voz puede convertirse en un proceso difícil y solitario, pero sostuvo que eventualmente aparecen personas y organizaciones dispuestas a acompañar.
“En el momento en que decidan levantar la mano y abrir su boca, van a aparecer las personas y los recursos”, manifestó.
También cuestionó a quienes, según dijo, le han expresado apoyo en privado, pero han optado por guardar silencio públicamente para proteger sus relaciones dentro del baloncesto.
“A las personas las quieren silenciadas, calladitas y tranquilitas. En el momento en que uno se levanta, alza la mano y señala asuntos de violencia, la narrativa siempre va a intentar transformarse para señalarte”, expresó.
Pese a todo, insiste en que no se arrepiente.Mientras espera que la Federación atienda su apelación, Torres asegura que continuará denunciando lo que considera incorrecto, aun cuando eso signifique mantenerse fuera de la cancha.
“Por nuestra parte, seguimos construyendo país”, concluyó.
Metro Puerto Rico solicitó una reacción a la Liga de Baloncesto Puertorriqueña Femenina y a la Federación de Baloncesto de Puerto Rico sobre los señalamientos realizados.


