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Este popular influencer le vendió su cara a la inteligencia artificial: ¿Qué significa esto?

No es solo un contrato, es un experimento sobre qué significa ser creador en la era de los “gemelos digitales”.

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Horas antes de su muerte, el popular influencer se mostraba feliz, entusiasmado y con planes para cenar con su novia. Foto: mott.pe

Durante años, el mundo de los influencers funcionó con una regla básica: quien quiere influir tiene que estar presente, grabar, aparecer, exponerse. Pero este popular influencer le vendió su cara a la inteligencia artificial: ¿qué significa esto?

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Significa que, por primera vez a gran escala, una estrella de internet convierte su propia identidad en un activo que puede clonarse, multiplicarse y operar sin necesidad de que la persona real esté delante de la cámara.

Un acuerdo de 975 millones que cambia las reglas del juego

Khaby Lame, el creador más seguido de TikTok, ha vendido su empresa Step Distinctive Limited a Rich Sparkle Holdings por 975 millones de dólares. Hasta aquí, suena a operación millonaria más dentro del mundo corporativo. Pero el matiz es clave: el acuerdo incluye la cesión de los derechos de su imagen a sistemas de inteligencia artificial.

Lame sigue siendo accionista mayoritario, pero autoriza el uso de:

  • Face ID
  • Voice ID
  • Patrones de comportamiento y expresión

Todo ello para crear un “gemelo digital” entrenado para actuar, reaccionar y comportarse como él, sin que tenga que grabar cada vídeo de forma presencial. En otras palabras, Khaby Lame podrá estar en redes… sin estar realmente ahí.

Qué es un gemelo digital (y por qué importa tanto en este caso)

Un gemelo digital es una réplica virtual hiperrealista de una persona u objeto, basada en datos reales y diseñada para operar de forma autónoma. En el contexto de este acuerdo, el gemelo digital de Khaby Lame podrá:

  • Protagonizar contenido en múltiples idiomas
  • Adaptarse a distintos mercados y culturas
  • Mantener el “estilo Khaby” sin que él tenga que grabar cada escena

Rich Sparkle tendrá derechos globales exclusivos sobre la marca Khaby Lame durante 36 meses, lo que abre la puerta a una auténtica fábrica de vídeos, campañas y contenidos protagonizados por su versión artificial.

No se trata solo de usar su imagen en un anuncio puntual, sino de industrializar su presencia digital.

El creador no desaparece: se multiplica

El movimiento no implica que Khaby Lame vaya a “jubilarse” de las redes. Según lo planteado, el creador seguirá participando en:

  • Proyectos especiales
  • Colaboraciones estratégicas
  • Apariciones puntuales de alto impacto

Mientras tanto, el gemelo digital se encargará de mantener una presencia constante y escalable en redes sociales. Un solo humano tiene límites de tiempo y energía; una versión sintética no.

Los planes económicos van en proporción a la apuesta: se estima que, gracias a esta combinación de figura real + clon digital, los ingresos anuales podrían alcanzar los 4.000 millones de dólares, aprovechando una base de más de 360 millones de seguidores.

El precedente que inquieta a la industria

Este acuerdo no nace de la nada. En los últimos años, actores como Matthew McConaughey o Michael Caine ya habían autorizado el uso de sus voces clonadas mediante IA para proyectos concretos. La diferencia aquí es contundente:

  • Ellos licencian un recurso puntual (la voz).
  • Khaby Lame cede su identidad digital completa durante un periodo de tiempo.

La industria observa con interés (y algo de nervios) este precedente. Si un influencer puede estar “activo” sin estar realmente presente, se abre la puerta a:

  • Campañas masivas sin límite de agenda
  • Creadores “eternos” más allá de su disponibilidad real
  • Marcas trabajando con versiones sintéticas en lugar de personas físicas

¿El futuro del influencer… sin el influencer?

El caso plantea preguntas incómodas para el futuro del contenido:

  • Si un gemelo digital genera un vídeo, ¿quién es el autor real?
  • Cuando una personalidad se convierte en software, ¿dónde queda la autenticidad?
  • ¿Es esto una evolución natural del trabajo de creador o el primer paso hacia influencers completamente artificiales?

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Por ahora, lo único claro es que la influencia ya no depende solo de la presencia humana frente a la cámara. El caso Khaby Lame sugiere que el próximo gran salto no será tener más seguidores, sino poder estar en todas partes a la vez, incluso sin estar realmente ahí.

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