Bill Gates ya no está preocupado por quién tiene el mejor chatbot de IA. Su miedo actual es mucho más profundo: el retroceso.
En una entrevista que ha encendido las alarmas en Silicon Valley y en los organismos internacionales, el filántropo advirtió que el mundo está “retrocediendo” debido a una combinación tóxica de guerras, inestabilidad política y, sobre todo, un drástico recorte en el financiamiento para la investigación y el desarrollo.

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¿El fin de la era del progreso?
Gates apunta a que los pilares que nos sacaron de la pobreza extrema y nos dieron vacunas en tiempo récord se están desmoronando. “Estamos viendo cómo el financiamiento para los grandes desafíos de la humanidad desaparece”, señaló.
Para el magnate, el riesgo no es solo dejar de avanzar, sino entrar en lo que él llama una “mini Edad Oscura”, donde los problemas que creíamos superados (como enfermedades erradicables o la crisis climática) vuelven a ganar terreno porque los gobiernos han dejado de priorizar la ciencia.

Los 3 jinetes del apocalipsis de Gates:
El informe de Fortune destaca los puntos donde el multimillonario ve las grietas más peligrosas:
- El desvío de fondos: El dinero que antes iba a innovación y salud global ahora se está quemando en presupuestos militares y defensa debido a los conflictos geopolíticos actuales.
- El agotamiento de la ayuda externa: Los países ricos están cerrando sus fronteras y sus billeteras, dejando a los proyectos de investigación a largo plazo en un limbo financiero.
- La complacencia tecnológica: Creer que la Inteligencia Artificial lo resolverá todo por arte de magia es, según Gates, una trampa peligrosa si no se invierte en la infraestructura física y humana necesaria.

Una advertencia para los optimistas de la IA
Aunque Gates sigue siendo un creyente en el poder de la tecnología, su mensaje es un golpe de realidad para quienes creen que vivimos en la mejor época de la historia. “Si no logramos estabilizar el financiamiento para los próximos 10 años, las futuras generaciones mirarán atrás a esta década como el momento en que perdimos el rumbo”, sentenció.

La pregunta que queda flotando en el aire es: si el hombre que ayudó a construir el futuro digital está asustado, ¿qué deberíamos sentir el resto de nosotros?
