Sabor Local

Entre antigüedades, campo y sabrosuras: el encanto de La Lomita de Titinyé

Se ha posicionado como un punto clave en la ruta del chinchorreo.

Fotos Lynet Santiago Túa
Fotos Lynet Santiago Túa La Lomita del Tintinyé en Cayey

En La Lomita de Titinyé, en Cayey, el tiempo no parece correr con prisa. Se siente en las paredes, en los detalles antiguos, en la barra, en las mesitas donde se conversa sin mirar tanto el reloj y en ese aire de campo que invita a quedarse un rato más.

Lo que hoy es un restaurante con barra y hasta un área de billar, fue antes el colmado del barrio, un espacio que guarda memoria desde 1955.

“Era el colmado del barrio originalmente, desde el 1955, o sea que imagínense el montón de historias que tiene este lugar”, contó su propietaria, Jessica Rodríguez Hernández, quien creció justo al lado de la propiedad.

Con el paso de los años, el colmado dejó de funcionar como antes. Las dinámicas del comercio cambiaron, llegaron negocios más grandes a zonas cercanas y el espacio, que pertenecía a un tío político de la familia, terminó pasando a manos de Jessica y su papá. Fue entonces cuando decidieron darle una nueva vida.

“Mi papá y yo decidimos transformarlo. De ser un colmado lo convertimos en un mini restaurante con una mesita de billar para que la gente venga, coma, beba y la pase bien”, relató a Sabrosía.

El resultado es un lugar que conserva esa esencia de barrio, pero con una propuesta pensada para disfrutar sin complicaciones. Hay mesitas para comer y beber, barra, balcón, terraza y un ambiente familiar que se siente bien familiar.

No pretende ser un restaurante de lujo ni un concepto rígido, y su encanto está precisamente en lo auténtico, en ese cruce entre nostalgia, buena comida y una hospitalidad sencilla.

La cocina está a cargo de Doris Pimentel, a quien Jessica describe con evidente admiración. Su propuesta combina sabores boricuas y dominicanos, con platos contundentes, caseros y llenos de sazón.

“Aquí a la gente le gusta mucho el fresquito del campo, la comida que es riquísima. Doris, que es la que cocina, tiene una fusión de comida criolla con comida dominicana. Es un espectáculo. Los sabores de la cocina de Doris son a otro nivel”, expresó.

Entre los platos que forman parte de la experiencia figura un ceviche de pescado servido con chips de malanga hechos en la casa. No son chips comprados ni preparados de antemano: allí se trabaja la malanga a diario para lograr esa textura fresca y crujiente que acompaña el plato.

“Los chips de malanga se rayan todos los días para hacerlos, porque son fresquecitos, ricos”, explicó Jessica.

La mesa también puede incluir masitas de cordero, preparadas con la carne de la patita del cordero, salteadas con pimientos de colores y cebolla, y servidas con un majado de viandas elaborado con batata, malanga y yautía. Encima, una cebollita salteada con mantequilla termina de amarrar el plato.

“El dulce de la batata y la sal de la mantequilla son una combinación de sabores que se sienten ricos”, describió la propietaria.

Otro de los guiños a la cocina dominicana aparece en la carne frita con mangú, porque, como dice Jessica, “el mangú no puede faltar”. La carta también se complementa con opciones adicionales como mini rellenos, mini alcapurrias, mini pastelillos y otros bocados pensados para compartir con algo frío en la mano.

Y si de bebidas se trata, La Lomita de Titinyé tiene su propio lenguaje. Entre las favoritas de la casa se destacan el mojito de coco-ginger y la margarita con jalapeño fresco, una de las más solicitadas por sus clientes.

“Tengo una margarita de jalapeño que es un espectáculo. Tengo clientes de todo Puerto Rico que son fans de mi margarita de jalapeño”, aseguró Jessica.

También está el “jaraguazo”, un trago con ron de Puerto Rico, infusión de jengibre, parcha y limón. La infusión de jengibre, al igual que otros detalles de la propuesta, se prepara en la casa.

El nombre del trago tiene su propia historia. Según Jessica, “jaraguazo” era una palabra que se escuchaba antes en el campo.

“El padre de un vecino decía, cuando se iba a dar un palito de ron caña, que se iba a dar un jaraguazo”, recordó. Más adelante, otra visitante le contó que el jaraguazo también hacía referencia a una rama que antiguamente se utilizaba para hacer escobas.

El nombre del lugar también nace de una historia familiar. A su papá le dicen Titín, por ser hijo de Tito. En un principio, Jessica pensó en llamarlo La Lomita del Titingó, una palabra que escuchaba de la gente de antes cuando se formaba una fiesta o revolú. Pero al tener también cierta asociación con pelea, prefirió buscar otra alternativa.

“Yo dije, me gustaría que se llamara La Lomita del Titingó por mi papá, como por aquello del cariño. Pero es que titingó es bueno y es malo a la vez. Y un amigo muy cercano me dice: ‘¿Por qué no le pones La Lomita de Titinyé en vez de Titingó?’ Y yo: ‘¡Fabuloso!’ Y así se quedó La Lomita de Titinyé”, compartió.

La Lomita de Titinyé abre de jueves a domingo. Los jueves y viernes opera desde las 3:00 p.m., mientras que sábados y domingos abre desde la 1:00 p.m. Al ser un espacio limitado, recomiendan reservar para asegurar mesa, aunque también reciben visitantes por orden de llegada.

“Generalmente nos gusta que las personas nos llamen y nos reserven la mesa para poderles confirmar que su espacio va a estar asegurado”, indicó Jessica.

Para reservas, puede llamar al 787-634-1627. También están en Facebook e Instagram como La Lomita de Titinyé.

Fotos Lynet Santiago Túa
Fotos Lynet Santiago Túa La Lomita del Tintinyé en Cayey
Fotos Lynet Santiago Túa
Fotos Lynet Santiago Túa La Lomita del Tintinyé en Cayey
Fotos Lynet Santiago Túa
Fotos Lynet Santiago Túa La Lomita del Tintinyé en Cayey
Fotos Lynet Santiago Túa
Fotos Lynet Santiago Túa La Lomita del Tintinyé en Cayey
Fotos Lynet Santiago Túa
Fotos Lynet Santiago Túa La Lomita del Tintinyé en Cayey
Fotos Lynet Santiago Túa
Fotos Lynet Santiago Túa La Lomita del Tintinyé en Cayey
Fotos Lynet Santiago Túa
Fotos Lynet Santiago Túa La Lomita del Tintinyé en Cayey