Triduo Pascual, los tres momentos más importantes para los cristianos

Por Padre Orlando Lugo Pérez @PadreOLugo

Con la celebración del Jueves Santo culmina el tiempo de Cuaresma y comienza otro tiempo fuerte en la liturgia cristiana, el llamado Triduo Pascual. Estos tres días, por así decirlo, son los días más importantes para el mundo cristiano. Se conoce como Triduo Pascual al tiempo comprendido desde la tarde del Jueves Santo hasta la madrugada del Domingo de Pascua, en donde se celebran los tres grandes misterios de la redención: la Pasión, la Muerte y la Resurrección de Jesucristo.

Estos son los días en que se festejan los momentos culminantes de la fe cristiana. Momentos que no sólo llevan a la contemplación de la vida de Jesús, sino que deberían llevar a una auténtica conversión de vida. No se puede ser cristiano de palabra, sino también de obras. La vida diaria debe reflejar la fe que el cristiano profesa y celebra.

A continuación explicaremos resumidamente el sentido profundo del Triduo Pascual:

Jueves Santo: Se recuerda la última cena que Jesús realizó con sus apóstoles. Según el testimonio evangélico, este encuentro se enmarcó en un contexto de despedida. Fue la última comida que el Maestro tuvo con sus discípulos antes de ser crucificado. Según cuenta el evangelista san Juan, Jesús aprovechó ese momento para también lavar los pies a sus seguidores más íntimos. Con ese gesto, les revelaba la forma y la manera en cómo deseaba que sirvieran a los demás. Esa misma noche, según la tradición católica, Jesús crea el sacramento de la Eucaristía, manifiesta el mandamiento principal de todos, el del amor, e instituye el sacerdocio ministerial. Por eso, al Jueves Santo, se le llama el día de los sacerdotes.

Viernes Santo: Este día el orbe cristiano recuerda la Pasión y Muerte de Jesucristo. Según el papa Francisco, el Viernes Santo “es el momento culminante del amor”. La muerte de Jesús – explica –, expresa el amor donado hasta el final. “Un amor que busca abrazar a todos, ninguno excluido. Un amor que se extiende a todo tiempo y a cada lugar: una fuente inagotable de salvación a la cual cada uno de nosotros, pecadores, puede acercase”. Este es el único día en el año en donde no hay Misa. Si no que, a las 3 de la tarde (hora en que se cree que Jesús dio el último suspiro en la tierra), se celebran los llamados “oficios del Viernes Santo”. El mismo tiene tres fases; la primera es la liturgia de la palabra en donde se lee y contempla la Pasión de Jesús, la segunda es la veneración a la cruz con la oración universal, y la tercera es la distribución de la Eucaristía que se ha consagrado el día anterior. Culminado los oficios divinos, normalmente se inicia la procesión del santo entierro y, por la noche, la procesión con la Virgen dolorosa.

Sábado Santo: A este día tradicionalmente también se le llama “Sábado de Gloria”. La razón principal es porque durante la Cuaresma se deja de cantar y rezar el “Gloria” en la Misa. Ese canto o rezo se reserva para la noche en donde se recuerda el fundamento de la fe cristiana, la Resurrección de Jesús. Por eso a la Vigilia Pascual se le suele llamar “la madre de todas las vigilias”. La figura principal que guía las meditaciones de los cristianos católicos el Sábado Santo es la Virgen María. Según el papa Francisco, el fiel debe aprovechar el día para pensar mucho en cómo la Virgen vivió aquel primer Sábado Santo, “en espera”. Esa espera, según el Pontífice, debe llevar a la reflexión del amor que aprende a no dudar ante las incertidumbres de la vida y que pone su esperanza en la palabra del señor, “para que se haga evidente y resplandeciente el día de Pascua”. El rito litúrgico de la Vigilia Pascual es complejo. No obstante, durante la celebración se destaca el símbolo de la luz y del agua bautismal.

Pero no podemos olvidar que aunque en el Triduo Pascual se celebran tres momentos diferenciados en la historia, todos son parte de un único acto salvífico. El cristiano no cree en un Cristo muerto, sino en uno vivo. Pero contempla el momento de su Pasión y Muerte para comprender mejor el sentido profundo religioso del acontecimiento de la Resurrección, pues todo – asegura Francisco –, es “un gran misterio de amor y de misericordia”.

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