Opinión de Rosa Seguí Cordero: Una mirada desde nuestra perspectiva

Lee la columna de la abogada Rosa Seguí Cordero

Por Rosa Seguí Cordero

Escribo con dolor y con horror sobre los actos recientes de violencia de género en Puerto Rico. Pero, escribo y vivo con la esperanza -inagotable- y la certeza de que podemos y vamos a erradicarla.

Jorge Batiz ató a su vehículo una soga amarrada al cuello de Rosa Júlia Félix, quien fue su pareja, y la arrastró por las calles torturándola hasta arrebatarle su vida. Un despliegue público de odio y de desprecio hacia una mujer. Luego, se detuvo, cortó la soga, dejó su cuerpo tirado en el estacionamiento de un parque de pelota y se fue a darse una cerveza. El asesinato de Rosa Julia fue un feminicidio y el Departamento de Justicia lo acusará como tal. Sin duda alguna es violencia de género, machista.

Y a pesar de lo atroz de este feminicidio, de ver reiteradamente como figuras públicas y reconocidas también han sido acusadas de violencia de género, de violar órdenes de protección y de asesinar mujeres, algunos medios de comunicación ignoraron la necesidad de implementar la perspectiva de género en sus espacios. Me refiero específicamente a un programa que permitió una entrevista “exclusiva” a una figura pública acusada de agredir violentamente a su pareja y contra la cual existe una orden de protección que le prohíbe comunicarse con ella.

Una mirada distinta, una con perspectiva de género, hubiera provocado cuestionarse: si fuera yo la agredida violentamente por un hombre que le está prohibido acercarse a mí porque mi vida corre peligro y que, además, es reincidente ¿aceptaría que usara los medios de comunicación para su ventaja?; si existiera una orden de protección para que mi agresor no pudiera comunicarse conmigo ¿procede permitirle hacerlo en un programa de televisión? La respuesta -desde la perspectiva de género- es que no, que ver y escuchar a un agresor ser tratado de esa manera lacera la lucha contra la violencia de género. Normalizar la conducta de una persona agresora y darle tratos de excepción a una orden judicial, violenta a quienes temen presentar sus denuncias de acecho, acoso, agresiones y violencia.

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