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Opinión de Alejandro Silva Díaz: El gabinete de la sociedad civil

El director ejecutivo de Mentes Puertorriqueñas en Acción, Alejandro Silva Díaz da su opinión sobre el gabinete del gobernador, Pedro Pierluisi

Esta semana Pedro Pierluisi anunció los primeros nombramientos de un gabinete “aprobable”. Su propuesta va dirigida a nombrar personas que sean afines con su partido, pero que a la vez logren pasar por el aval de un senado que a todas luces domina el Partido Popular Democrático. La apuesta es demostrar que su administración tiene capacidad de hacer alianzas entre oponentes históricos.

Lo preocupante es que tanto el PNP como el PPD ignoren la lección más importante del cuatrienio actual, que aún está por culminar. La época de la imposición desde arriba de nuestra clase política se acabó. La ciudadanía ha dejado saber por los pasados 3 años que ser escuchados ya no es suficiente. No se trata de tener un gabinete “aprobable” por otro partido, sino de contar con un gabinete aprobado por nosotros.

Esta exigencia de participación ciudadana profunda y real es antigua, pero ha venido en crescendo en Puerto Rico desde el 2017. La incapacidad del gobierno de responder adecuadamente al desastre causado por los huracanes Irma y María causó un descontento que ha llevado a la ciudadanía a tomar las riendas de la toma de decisiones ocasión tras ocasión en los últimos tres años.

Un ejemplo temprano son las agrupaciones comunitarias convirtiéndose en las protagonistas de la reconstrucción de cientos de hogares. Mediante donativos privados y procesos de organización comunitaria, las mismas comunidades lograron lo que el gobierno no ha podido comenzar todavía a tres años y medio del huracán.

En el verano del año pasado la ciudadanía provocó un cambio de mando en el gobierno, luego de evidentes declaraciones que demostraron una pobre capacidad de administración pública. Aunque muchos quieran hacernos pensar que el verano del 19 fue una protesta aislada, la base comunitaria se ha venido organizando cada vez más desde entonces.

En enero, luego de los terremotos en el sur, la sociedad civil ignoró las peticiones del gobierno de canalizar las ayudas a través de las autoridades. Fueron grupos de solidaridad quienes canalizaron las ayudas con las personas afectadas. Las recaudaciones de fondos desembolsadas directamente a familias y organizaciones, los viajes de suministros y los procesos de evaluación de estructuras por parte de ingenieros voluntarios demuestran que aprendimos la lección de que solo nosotros podemos velar por nosotros mismos.

La ineficiencia del gobierno en responder a los terremotos causó el despido del jefe de manejo de emergencias, luego del descubrimiento de almacenes llenos de suministros, parecidos a los vagones de botellas de agua encontrados en abandono luego del paso del Huracán María. Fue entonces que un grupo de ciudadanos empujó el nombramiento de Nino Correa como comisionado de la NMEAD, demostrando que el movimiento ciudadano no se limita a la fiscalización, sino que ya buscamos incidir en una verdadera injerencia sobre la toma de decisiones del país.

La respuesta al COVID no ha sido la excepción. Mientras la gestión gubernamental ha sido torpe, la ciudadanía ha respondido creando sus propios comités paralelos a los del gobierno. Entre estos están el Task Force Social del Pueblo, el Task Force Ciudadano, La Mesa Social y el Comité Ciudadano de Salud.

Finalmente, la campaña electoral fue la de mayor participación de parte de la ciudadanía. Más allá de los debates tradicionales, todos los días había foros, conversatorios y debates de candidatos a todas las posiciones del País coordinadas por grupos de la sociedad civil. El discurso público en este proceso electoral fue completamente influenciado por sectores que se organizaron y visibilizaron campañas sobre temas de urgencia y alto interés público.

El próximo paso en el desarrollo de la participación ciudadana es la exigencia de un gabinete que responda a los sectores a los que representa. Por eso han surgido iniciativas como Talento Pro que vela que los nombramientos tengan mérito, y no sean atornillamientos políticos. Nos toca como sociedad civil organizarnos nuevamente y exigir que cada nombramiento al nuevo gabinete sea como el de Nino Correa: solicitado y avalado por nosotros.

Hasta el momento estos procesos los hemos recibido con resistencia de parte de las estructuras tradicionales. Sin embargo, esta resistencia solo debe servir como gasolina para cumplir nuestros objetivos. Organicémonos y propulsemos un gabinete que no sea “aprobable”. Exijamos un gabinete de la ciudadanía.

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