La noticia del año

Lee la opinión del periodista Alex Delgado

Por Alex Delgado

Este es mi último escrito del año 2019, año que marcó la historia de nuestra isla con el primer gobernador que renuncia a su puesto por la presión de un pueblo hastiado del abuso de la corrupción y la burla.

Recuerdo la insistencia de los opositores de Ricardo “Ricky” Rosselló en que este no tenía la capacidad ni la madurez para gobernar a Puerto Rico, que depositar la confianza en él sería darle el primer trabajo formal y administrativo a alguien que no había manejado ni siquiera la operación de un carrito de piraguas.

El equipo de Rosselló no tenía mucho para rebatir el punto. Una de las cosas que comenzaron a hacer fue dejar de llamarle “Ricky”. Uno se reunía con parte de su equipo, ya fuera para negociar un debate o dialogar cualquier cosa y todo era “No, porque el doctor…”, “Es que el doctor…”, “El doctor desea…”. Ciertamente, era una estrategia para hacerlo ver mayor, maduro y experimentado, realzando su título.

A pesar de haber iniciado campaña con una holgada ventaja sobre su primer contrincante, Pedro Pierluisi, Rosselló casi pierde la primaria, prevaleciendo por dos puntos. En la carrera por la gobernación ganó con tres puntos de ventaja. Nadie imaginaba en ese entonces que el joven con hambre de gobernar marcaría la historia de Puerto Rico, no con un gobierno que transformara positivamente, sino con un gobierno más del montón y viéndose forzado por el pueblo, y su propio partido, a renunciar a lo que fue su sueño.

Cuando hablo de “un gobierno más del montón”, me refiero a que todos los movimientos, más que pensando en hacer lo correcto, se daban pensando en el efecto y beneficio político electoral para las próximas elecciones. Eso no quiere decir que todo fue malo o negativo. Rosselló, en el poco tiempo que estuvo, también hizo cosas positivas.

Llegó el “verano del 19”, y con él la forzada salida del entonces secretario de Hacienda, Raúl Maldonado, quien tenía cuestionamientos, siendo uno el multimillonario contrato de su hijo con el gobierno, así como otros. La historia se repitió con los arrestos de Julia Keleher, Ángie Ávila y otros. Jefes de agencia acusados por corrupción gubernamental, aunque hay que aclarar que aún no han pasado juicio sobre ellos, por lo que el gobierno federal no ha probado sean culpables.

También en esos días comenzó a correr  como chisme la existencia de un chat entre Ricardo Rosselló, Luis Gerardo Rivera Marín, Ramón Rosario, Alfonso Orona, Christian Sobrino, Carlos Bermudez, Elías Sánchez y Edwin Miranda. En el mismo discuten, entre burlas, comentarios homofóbicos, y política partidista, asuntos internos de gobierno. No tengo que repetirle la historia. Recientemente Maldonado habló en exclusiva con Metro y reconoció fue quien filtró el chat. Evidentemente lo hizo como desquite por su despido.

Ese chat fue el detonante que hizo explotar la olla de presión que tenía acumulado el calor de años repitiéndose la historia: arrestos por corrupción. La ciudadanía estaba hastiada y se tiró a la calle. El propio Partido Nuevo Progresista (PNP) sintió la tierra temblar y vieron venir el tsunami, por lo que no iban a coger un tiro político por su gobernador. Créame que si el pueblo hubiese actuado indiferente, los líderes del PNP no se hubiesen atrevido a pedirle la renuncia a Rosselló, por más indignante que fuera lo ocurrido.

Llegó el 2 de agosto, Rosselló dejó de ser gobernador y, en un papelón de grandes ligas, Pedro Pierluisi se convierte en gobernador por cinco días. Su atropellado y errático ascenso al poder le desmereció. La ausencia del proceso senatorial le costó la salida, ordenada por el Tribunal Supremo. Creo que la historia hubiese sido otra si se sometía al proceso completo, aunque lo hubieran colgado. Si eso hubiese ocurrido y luego anunciaba su aspiración, entiendo hubiese ganado mayor tracción de cara a las elecciones.

No obstante, en lo que Pierluisi hubiese esperado por el proceso, Wanda Vázquez se convertiría en gobernadora y, conociendo de ella lo que conocemos hoy, creo se hubiese aferrado al poder, lo que dejaría a Pierluisi en la secretaría de Estado. El ex comisionado residente podía quedarse en la silla y luego anunciar su aspiración a la gobernación. Sin embargo, se vería obligado a renunciar meses después porque el Código Electoral obliga a un jefe de agencia a renunciar a su puesto 30 días antes del inicio al período de radicación de candidaturas (1 de diciembre).

En el 2019 ocurrió todo lo que jamás imaginamos cuando Ricardo Rosselló llegó al poder: tuvimos el primer gobernador obligado a renunciar y la primera gobernadora en propiedad no electa por el pueblo.

Este año, como sociedad, tuvimos muchas lecciones que solo espero sirvan a la clase política y gubernamental para entender que el pueblo se merece un respeto, un buen gobierno y que está presto a reclamarlo. Tengan eso en mente.

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