Trump y su doble mensaje

Lee la opinión de Alejandro Figueroa

Por Alejandro Figueroa

Al analizar el proceder del hoy presidente de Estados Unidos ante los medios de comunicación podemos identificar un patrón que no es otra cosa que el juego de un político para quien el fin justifica los medios. El patrón se desarrolla de la siguiente manera: el presidente Trump hace expresiones escandalosas, luego se retracta a regañadientes en cuanto a su declaración inicial, o los miembros de su administración la retractan en su nombre, emitiendo lo que típicamente caracterizan como una “aclaración”, y luego Trump rápidamente socava la retractación.

Este patrón se dio con los ataques de los supremacistas blancos en Charlottesville y con otros problemas de persecución racial. Esta misma semana, el patrón se repitió, primero durante la reunión de la OTAN en Bruselas y luego durante la cumbre bilateral entre Rusia y Estados Unidos en Helsinki.

Pero, entonces, ¿cómo se explica este patrón, esta forma de proceder? ¿Qué podría estar logrando Trump con este descarado doble mensaje? ¿Por qué habla el presidente por ambos lados de la boca en cuanto a tantos asuntos de importancia? Es una estrategia que, aunque descarada y desfachatada, hasta el momento le ha funcionado. Al ejecutar el patrón de manera estratégica, Trump está enviando dos mensajes diferentes, cada uno destinado a una audiencia distinta.

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Con la declaración inicial, Trump se dirige a su público principal: su base política. Con ese mensaje inicial reafirma que está con ellos, que él también es un conservador de ultraderecha, un nacionalista blanco o, al menos, que simpatiza con ellos y con su forma de pensar. A manera de ejemplo, con esos mensajes iniciales Trump le ha hecho claro a su base que él cree que las personas de piel oscura viven en países de miseria, que los mexicanos son ladrones y violadores, que los musulmanes deben ser expulsados de Estados Unidos y que algunos supremacistas blancos son “personas muy buenas”.

Es crucial entender el valor que estos retrocesos tienen para Trump. Casi sin importar cuán inverosímiles sean, gran parte de la cobertura de los medios de comunicación tiende a considerar estas “aclaraciones” como declaraciones serias. Para muestra, un botón basta: los titulares del martes, en su gran mayoría, tomaron la retractación de Trump en cuanto a sus expresiones en Helsinki a su valor nominal, a pesar de que Trump se volvió a retractar parcialmente durante la misma conferencia de prensa en la que ofreció la “aclaración” sobre sus expresiones.

Las “aclaraciones” y la repetición sin cesar de estas por parte de los portavoces de Trump les permiten a los compañeros republicanos de Trump fingir que este nunca tuvo intención de expresar lo que de hecho expresó. En un ejemplo de este patrón, esta semana vimos cómo los republicanos actuaron como si realmente no necesitaran responsabilizar a Trump por su traición a los intereses estadounidenses ni por su extraña afinidad con Putin.

El último eslabón del patrón se da cuando Trump, típicamente en la misma aparición ante los medios, hace expresiones que representan una guiñada de ojos a sus seguidores. Como cuando luego de una “aclaración”, destaca las virtudes de algunos supremacistas blancos, hace algún comentario denigrante sobre los inmigrantes o sobre personas con piel oscura, o sugiere que, tal vez, algún hacker no relacionado con Rusia fue responsable de la intervención cibernética en las elecciones de 2016.

Aún con la repetición del patrón para aquel que analiza de forma objetiva las expresiones de los políticos estadounidenses, las posiciones de Trump deben estar más que claras. Su proceder racista, clasista, misógino, desinteresado por el bien común y enfocado exclusivamente en promover sus intereses personales ha quedado evidenciado. Una pena que sus colegas republicanos en el Congreso continúan permitiendo este tipo de comportamiento mirando hacia otro lado como si nada hubiera pasado.

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