Millennials

Lee la opinión de Rafael Lenín López

Por Rafael Lenín López

Hace unas semanas, muchos se rasgaron las vestiduras cuando la primera dama de Puerto Rico dijo en Humacao que este Gobierno era de “millennials”. Los que se molestaron abrazan la idea negativa que se tiene de esa generación: de que son poco sociables, aferrados a la tecnología, que tienen poco compromiso con sus trabajos y que son individualistas.

Los que lanzaron críticas a la expresión consideran que esta constituyó una admisión sobre la inexperiencia que, para muchos, impera en la actual administración gubernamental. Es una generación a la que se la ridiculiza por su poco contexto histórico o su poco contacto con la realidad socioeconómica del país. La realidad es que Beatriz Rosselló tiene razón, y no debe haber nada malo en proclamarlo como lo hizo.

Los Gobiernos no son otra cosa que ese aparato designado por sus ciudadanos para resolver sus problemas y adelantar las causas colectivas, y que está construido a base de una acumulación de decisiones que han tomado generaciones pasadas y presentes. Mientras, las características de cada generación se construyen a base de experiencias individuales y grupales, en las que inciden, a su vez, las condiciones políticas y económicas en las que nos toca convivir.

A los baby boomers les tocó sobrevivir la época pos-Segunda Guerra Mundial. A la generación X le tocó la transición a la tecnología y lograr la estabilidad que no vivieron sus padres. Los millennials (1982-1994) y los centennials (1995 al presente) viven en un mundo donde la pantalla del móvil constituye el oxígeno, donde no hay límites, fronteras o fuertes apegos nacionalistas.

Soy de la X, esa generación que vio el nacimiento de los celulares, la transición del cassette o LP al CD y la que tenía la conversación como el pasatiempo primario.

Empecé en los medios de comunicación en los noventa, casi adolescente, detrás de una consola técnica en la radioemisora WPAB en Ponce. Ahí comenzó mi contacto con el periodismo. Viví la transición de Gobierno de 1993 entre Rafael Hernández Colón y Pedro Rosselló. El cambio representó no solo una ideología nueva de gobernar, sino un nuevo estilo de administrar la cosa pública y de comunicarse con los ciudadanos mediante las plataformas nacientes.

Menciono esto porque recuerdo que, en aquel momento, los administradores públicos que salían criticaban la falta de experiencia y la ausencia de canas en el nuevo Gobierno. Más allá de eso, escuché por primera vez el término yuppie. Decían que el gobierno de Pedro Rosselló se llenaba de yuppies, refiriéndose a una clasificación que se ponía de moda en el mundo y que tenía que ver con ese nuevo grupo de jóvenes profesionales urbanos, sofisticados, estudiosos, pragmáticos y esencialmente neoliberales que entraban al escenario público. Al parecer nadie los veía venir.

La realidad es que este es el momento para que los millennials tomen control, les guste o no les guste. Beatriz tiene razón. Pronto entrarán más, vendrán de lleno los centennials y cada vez seremos menos los de la X e irán desapareciendo los baby boomers. Nos toca a todos aportar para un mejor país y recordar que el desmadre actual tiene que ver en gran parte con aquellas generaciones que hoy critican. Recuerden su cuota antes de estigmatizar a unos jóvenes que llegan a aportar desde la construcción social de la que sus padres, abuelos y ancestros tuvieron que ver.

A fin de cuentas, esto de las clasificaciones generacionales son, en esencia, instrumentos de trabajo de los grandes mogules publicitarios para triunfar en sus campañas que promueven el consumo desmedido.

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