Sobrevivir al 9-11 fue “solo la primera parte del viaje”

Testimonios de sobrevivientes de los ataques terroristas a 20 años del suceso.

Por AP

Atrapado en lo profundo de los escombros del World Trade Center, Will Jimeno vivió lo impensable. Veinte años después, todavía vive con eso.

Una banda ortopédica y una hendidura del tamaño de una moneda en su pierna izquierda reflejan las lesiones que terminaron con su carrera policial, el sueño de toda una vida. Tiene trastorno de estrés postraumático. Tiene estantes de recuerdos, incluida una cruz y Torres Gemelas en miniatura hechas con acero de los edificios. Apareció en una película y escribió dos libros sobre cómo sobrellevar la terrible experiencia.

9-11 Will Jimeno, un ex agente de policía de la Autoridad Portuaria que, tras muchas horas, fue rescatado de entre los escombros del World Trader Center el 11S, sostiene el libro ilustrado para niños que escribió "Immigrant, American, Survivor" (“Inmigrante, Estadounidense, Sobreviviente”), en el que cuenta su experiencia, durante una entrevista en su casa es Chester, Nueva Jersey, el 2 de agosto de 2021. (AP Foto/Richard Drew)

“Nunca desaparece para aquellos de nosotros que estuvimos allí ese día”, dice.

Casi 3,000 personas murieron cuando los secuestradores de la red terrorista Al Qaeda de Osama bin Laden estrellaron cuatro aviones comerciales en el World Trade Center, el Pentágono y un campo de Pensilvania, en los Estados Unidos, el 11 de septiembre de 2001. Sin embargo, se estima que 33,000 o más personas evacuaron exitosamente los edificios afectados.

Navegaron por montañas de humo en las escaleras de las Torres Gemelas del World Trade Center, o salieron del Pentágono en llamas. Algunos huyeron de una nube de polvo sobrenatural en la zona cero. Otros se abrieron paso entre escombros en medio de la oscuridad.

Los sobrevivientes del 11 de septiembre tienen cicatrices y el peso de preguntas sin respuesta. Algunos lidian con su sitio en una tragedia definida por una enorme pérdida de vidas. Les dicen que “superen” el 11 de septiembre. Pero ellos también dicen que han ganado resiliencia, propósito, aprecio y resolución.

“Una de las cosas que aprendí”, dice Jimeno, “es a no rendirme nunca”.

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“ES CASI COMO SI RENACIERAS”

No fue la primera vez que Bruce Stephan estuvo tan cerca de la muerte.

En 1989, su automóvil quedó atrapado peligrosamente en el Puente de la Bahía San Francisco-Oakland cuando ocurrió el terremoto de Loma Prieta y la cubierta superior se derrumbó mientras conducía para cruzarlo.

Doce años después, el ingeniero y abogado se preparaba para iniciar su jornada laboral en el piso 65 de la torre norte del World Trade Center cuando uno de los aviones se estrelló unos 30 pisos arriba.

Sólo después de su descenso de aproximadamente una hora por las escaleras llenas de gente, Stephan se enteró que otro avión se había estrellado contra la torre sur —el edificio donde trabajaba su esposa, Joan, también abogada, en el piso 91, arriba de la zona del impacto.

Incapaz de comunicarse con ella por teléfono celular, Bruce Stephan corrió hacia un teléfono público y llamó a sus familiares, quienes le dijeron que ella había logrado salir.

Después, la torre sur cayó y el miedo de Stephan se disparó de nuevo. ¿Había quedado atrapada Joan en el colapso? Horas más tarde, finalmente supo que ella estaba bien. (Al menos otra pareja, los operadores de ascensores Arturo y Carmen Griffith, también sobrevivió; su historia inspiró una reciente experiencia inmersiva de realidad virtual: “Lovebirds of the Twin Towers” o “Los enamorados de las Torres Gemelas”).

“Mi experiencia del primer desastre fue que es un momento extrañamente feliz cuando sabes que has sobrevivido”, dice Bruce Stephan. “Es casi como si hubieras renacido… saber que estás vivo y que todavía tienes una oportunidad en la vida, y que esta es tu oportunidad de hacer algo”.

“Cuando sucedió por segunda vez, fue sólo como, ‘¡Oh, Dios mío’!’”.

Después del terremoto, los nativos de la ciudad de la ciudad de Nueva York resolvieron cambiar sus vidas adictas al trabajo. Tras el 11 de septiembre, lo hicieron.

En dos meses, la pareja se mudó a Essex, una población de aproximadamente 700 personas al norte de Nueva York. Mientras trabajaban a distancia, y viajaban a la ciudad ocasionalmente, se daban tiempo para otras cosas: la iglesia, un club de lectura, teatro de aficionados, jardinería, reuniones de vecinos, un boletín local. Apreciaron un nuevo sentido de comunidad.

Pero una oportunidad de trabajo los llevó de regreso a San Francisco en 2009. Les encantó, hasta que la pandemia los hizo reconsiderar sus vidas otra vez.

“Una de las cosas que descubrimos como resultado de los desastres fue que ser parte de una comunidad… es quizá la mayor recompensa que puede tener”, dice Stephan, de 65 años, desde su porche en Essex. Se mudaron de regreso el año pasado.

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