La economía enfrenta el reto de una nueva realidad en el mercado laboral

¿Después del PUA qué? Si bien las ayudas del PUA llegarán a su fin esta semana, expertos consideran improbable que el mercado retome su antigua normalidad.

Por Manuel Guillama Capella

El inminente final en el desembolso de la asistencia pandémica por desempleo (PUA, en inglés) difícilmente representará el regreso a la normalidad en el mercado laboral que por meses han clamado voces en el sector empresarial.

Por un lado, la propagación del COVID-19 sigue siendo una amenaza latente en toda actividad social, lo que llevó al gobierno de Pedro Pierluisi a retomar una serie de restricciones el pasado lunes. De otra parte, la crisis salubrista bien puede haber representado un punto de inflexión en términos de las expectativas laborales de la fuerza trabajadora, lo que conllevaría una serie de consecuencias con efecto de mediano y largo plazo, a juicio de expertos.

“Con esas ayudas y los aumentos en los beneficios por desempleo, la gente que los recibe ha estado disfrutando de un nivel de ingresos que no van a tener una vez vuelvan al trabajo, a los viejos salarios. En ese sentido es como si un gran por ciento de la fuerza laboral hubiese probado la fruta prohibida. Entonces, si no se da ese aumento salarial que estamos esperando y una mejora en las condiciones de empleo, es de esperar que haya una nueva oleada emigratoria hacia Estados Unidos”, advirtió Argeo Quiñones, profesor de economía en el Recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico (UPR).

El PUA, legislado por el Congreso en marzo de 2020, permitió acceso a beneficios por desempleo a sectores de la población que no cualificaban bajo los programas ordinarios de cada jurisdicción. Paralelamente, el Congreso aprobó la Compensación Federal de Desempleo Pandémico (FPUC), un beneficio que, durante los primeros meses de la crisis, ascendió a $600 semanales adicionales, o el equivalente a $15 la hora para un empleado a jornada completa, una cantidad que supera el sueldo que, de ordinario, generan la mayoría de los trabajadores puertorriqueños.

Ante ese escenario, dijo el también economista José Alameda, la única alternativa “racional” para decenas de miles de personas era acogerse al beneficio por el mayor tiempo posible. Hasta la semana pasada, según indicó el secretario del Departamento del Trabajo y Recursos Humanos (DTRH), Carlos Rivera Santiago, unas 73,000 personas continuaban recibiendo el PUA, al tiempo que otras 57,000 participaban del programa del desempleo regular y además cobraban el FPUC.

Sin embargo, incluso ante el cierre del programa federal esta semana, las complicaciones que sigue provocando la pandemia impedirán que buena parte de la población se reintegre de inmediato a la fuerza laboral. En otras palabras, el final de las ayudas no significa que la crisis salubrista culminó.

“No todo el mundo que coge el PUA, o que coge desempleo también, no está trabajando porque no quiere. Tú puedes encontrar personas que tienen que estar atendiendo a sus hijos que están en el hogar o a sus parientes mayores de edad”, planteó Alameda, catedrático en el Recinto de Mayagüez de la UPR.

Para el exsecretario del DTRH Ruy Delgado Zayas, en Puerto Rico e internacionalmente ha habido un cambio de paradigma en el que, particularmente las generaciones más jóvenes, aspiran a obtener una serie de condiciones laborales que van más allá de meramente un salario aceptable. La pandemia, en tanto, no hizo sino exacerbar ese sentir que, a su juicio, perdurará más allá de la crisis.

Desde esa perspectiva, dijo Delgado Zayas, ni siquiera el aumento al salario mínimo que próximamente pudiera convertirse en ley en Puerto Rico sería “determinante” con relación a la disponibilidad de mano de obra.

“Aquí en Puerto Rico entiendo que se está mirando al lado que no es. Ha habido un cambio fundamental en las actitudes de las personas que trabajan como empleados. Hubo una oportunidad de un cambio de costumbres, de hábitos que hizo que la gente mirara la situación de otra manera. Según las últimas estadísticas del Departamento del Trabajo, el número de personas que trabajan por su cuenta se duplicó. Hay una inclinación, y creo que es una noticia buena, de que ha habido un aumento significativo de emprendimiento, de personas que quieren montar sus propios negocios. Lo hemos visto en la agricultura de los jóvenes”, sostuvo Delgado Zayas.

Como respuesta a ese nuevo panorama, Delgado Zayas favorece que los patronos ausculten la posibilidad de ofrecer programas de cuido para los hijos de sus empleados, así como una reducción en la jornada laboral semanal.

“Es una manera de hacer atractivo que la gente vaya a trabajar, porque la sociedad existe para la familia, no para el trabajo. El trabajo es un medio para sostener la familia, y lo hemos perdido de perspectiva”, añadió Delgado Zayas.

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