Más ciudades de Estados Unidos abren sus puertas a parejas gays

Orlando y Miami tienen el cuarto y sexto porcentajes más altos de hogares de parejas del mismo sexo

Por The Associated Press

Alguna vez conocida por una campaña contra los derechos de los gays y por una prohibición de las adopciones de niños por parte de parejas del mismo sexo, la Florida tiene hoy dos de las ciudades de mayor concentración de familias gays de Estados Unidos, según un nuevo informe de la Oficina del Censo.

Orlando y Miami tienen el cuarto y sexto porcentajes más altos de hogares de parejas del mismo sexo.

San Francisco, Portland y Seattle encabezan la lista. Austin está quinta y Boston séptima. La lista de los primeros diez la completan ciudades inesperadas: Baltimore, Denver y Phoenix. Llamativamente, no figuran entre las diez primeras Nueva York, Los Ángeles y Chicago, a pesar de que tienen algunas de las comunidades LGBTQ más visibles de la nación.

La presencia de algunas de estas ciudades revela que no solo en las ciudades costeras hay tolerancia, según activistas gays.

“A menudo se piensa que la comunidad LGBTQ se concentra en ciudades como San Francisco, pero estamos en todos lados”, expresó Jeremy LaMaster, director ejecutivo de FreeState Justice, una organización defensora de los derechos de los gays de Baltimore.

El informe abarca parejas del mismo sexo, casadas o que conviven, no en gays que viven solos. Aproximadamente el 1,5% de los hogares de Estados Unidos están encabezados por parejas del mismo sexo. En San Francisco, el porcentaje llega al 2,8%.

La mayor concentración del país se da en el Distrito de Columbia, que incluye a Washington y se lo cataloga junto a los estados: Allí el 7,1% de los hogares tienen parejas del mismo sexo.

En la Florida, la aceptación de las comunidades LGBTQ llegó de la mano de ordenanzas municipales, un rápido aumento de esa población — incluidas numerosas parejas extranjeras— y un ambiente favorable a los gays en hoteles, restaurantes y centros de diversión, según Nadine Smith, directora ejecutiva de Equality Florida, una organización que vela por los derechos de los gays.

Si bien Orlando ya tenía una visible comunidad gay, el dolor colectivo derivado de una matanza en el nightclub gay Pulse en el 2016 llevó su aceptación a rincones más conservadores, incluidas iglesias.

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“Miami es un puerto y Orlando el epicentro de parques de diversiones y de la industria hotelera, de modo que tiene bastante lógica”, expresó Smith, aludiendo a la alta concentración de parejas del mismo sexo. “Estas ciudades marcan el camino y están cambiando una imagen muy fea, con una historia de odios”.

Esa historia se remonta a la década de 1970. Fue entonces cuando Anita Bryant, una cantante pop de principios de los años 60 y embajadora de la Comisión de Cítricos de la Florida, encabezó una campaña que dio lugar a la anulación de una ordenanza del condado de Miami-Dade que prohibía la discriminación a partir de la orientación sexual, en una de las primeras batallas organizadas contra los derechos de los gays. La Florida fue asimismo el último estado que levantó la prohibición de que los gays adoptasen niños, en el 2010.

Austin, Orlando y Phoenix figuran entre las áreas metropolitanas con mayor crecimiento poblacional de los últimos años.

Phoenix es una ciudad con muchos jóvenes, que recibe constantemente gente nueva y le abre los brazos a los gays, de acuerdo con Angela Hughey, presidenta de ONE Community, una organización comercial que promueve la inclusión y la igualdad.

“Es una ciudad muy amplia. Estamos en todos los barrios”, comentó Hughey.

En Baltimore la gente tiene mucho cariño por el cineasta John Waters y le gusta las cosas anticonvencionales, como demuestra el festival anual de HONFest, cuyos participantes lucen peinados y anteojos estrafalarios, y bailan vogue.

“Por momentos quiero darle un reconocimiento a John Waters”, comentó LaMaster, aludiendo a películas como “Pink Flamingos” y “Hairspray”, filmadas en Baltimore. “Pero no es solo John Waters. Hay una rica herencia y una tradición”.

LaMaster, quien vivió en Nueva York antes de radicarse en Baltimore, dijo que la ciudad no tiene barrios con ambiente gay como el de Chelsea en Nueva York. Pero es propicia para las parejas del mismo sexo que quieren instalarse en un estado que ha estado a la vanguardia en la adopción de leyes antidiscriminatorias de los gays.

“Todavía”, no obstante, “queda mucho por hacer”, dijo LaMaster. “Por más de que haya habido muchos progresos, siempre hay espacio para mejorar”.

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