Opinión de Julio Rivera Saniel: En guerra avisada...

Lea la columna de opinión del periodista Julio Rivera Saniel

Por Julio Rivera Saniel

El lunes, el epidemiólogo del task force nombrado por la gobernadora Wanda Vázquez soltó la bomba en “Pegao's en la mañana” por Radio Isla 1320. “Creo que nos esmandamos un poco”. Eso respondió cuando le preguntaba si, a su juicio, el Gobierno se excedió a la hora de dar luz verde a abrir restaurantes, cines e iglesias luego que el sector privado comenzara su cabildeo intenso a las puertas del periodo electoral. El cabildeo del que hablo era anticipable y hasta comprensible. A tres meses del cierre casi total de la actividad económica, la paralización y ausencia de ingresos se tornaba dolorosa. Pero entonces todas las voces del mundo de la ciencia advirtieron que una apertura tan amplia sería contraproducente. Prácticamente todos los epidemiólogos entrevistados en todos los medios pusieron peros a esa reapertura “agrandada” y abogaron por una más modesta. Citaron estudios científicos que advertían de la reapertura de espacios con sistema de aire cerrados. Advirtieron que no tener un sistema de “contact tracing” listo nos dejaría “a ciegas”. Insistieron que la necesidad de aumentar la realización de más pruebas moleculares.

Pero desde un cine -uno de esos espacios que la ciencia  no recomendaba abrir- se anunció la reapertura. Amplia. Amplísima. Y el discurso oficial deposito el peso de la responsabilidad de los contagios casi exclusivamente sobre los hombros de los ciudadanos. “Ya hicimos nuestra parte” se decía. En esa etapa los consejos del “Task Force” parecían no ser tan “sexys” como en  semanas previas. Probablemente porque el informe de ese mismo equipo, cuyos consejos parecían ser “ley” anticipaba que abrir esos espacios era un error. Súbitamente resultaba imposible conseguir entrevistas con los integrantes de ese grupo voluntario. Pero ayer sus advertencias y los de otros probaron ser ciertas. ¿Y ahora? ¿Qué hará la oficialidad más allá de expresar preocupación?

 

Es un hecho que ante la crisis por el COVID-19 los ciudadanos tenemos una enorme responsabilidad. Pero también es cierto que esa responsabilidad no exime al Estado de tomar decisiones informadas, adecuadas y vinculadas a la información científica, siempre tomando como norte el bienestar de los ciudadanos. ¿Qué puede justificar haber ignorado el consejo de toda la comunidad científica para dar paso a una reapertura en condiciones no recomendadas? Porque la decisión no se dio por falta de consejo. El propio epidemiólogo del Task Force ha reiterado que el grupo en pleno advirtió que una reapertura en esas condiciones no era recomendable y que alcanzar un 12% en la tasa de contagios obligaría a un nuevo cierre de la actividad económica. Esperemos que en esta no nos alcance aquello de que
“en guerra avisada no muere gente”.

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