En las filas del voluntariado

Una enfermera de 38 años decidió unirse a las filas del trabajo voluntario ante la necesidad de personal de salud

Por Sadot Santana Miranda

Para la enfermera Marysel Cabán el cobre no solo se bate en los pasillos de los hospitales. Hoy día, el fogón también arde en la calles, mientras asume la ardua labor de realizar pruebas una y otra vez en busca del COVID-19 y, en el camino,  aceptar el riesgo de un posible contagio.

Desde el 22 de abril, Cabán escogió unirse a la línea de defensa. La enfermera de 38 años de edad decidió unirse a las filas del trabajo voluntario ante la necesidad de personal de salud para realizar las pruebas. Sabe bien que todos los días se expone al virus sin remuneración económica. Se graduó en 2018 de bachillerato en Enfermería pero desde entonces no ha podido conseguir un empleo. Sin embargo, para Cabán las razones sobran para encarar todos los días al COVID-19.

“Amo mi profesión. Nací para ser enfermera, nací para servir a estos individuos que necesitan. Es algo que te apasiona, servir a la comunidad es algo que te tiene que nacer. A mí me nace ayudar y no por ser voluntaria voy a dejar de hacerlo. Al contrario, creo que con más amor, uno ofrece ese carisma a estas personas para poder ejercer con más amor nuestra profesión”, contó Cabán en torno a las razones que la impulsan a salir de lunes a viernes –y algunos sábados– a ejercer como voluntaria en el Colegio de Médicos y Cirujanos.

Sabiendo que las posibilidades de contagio aumentan durante esta encomienda, Cabán no titubeó y aseguró que el miedo ni tan siquiera le dio con aparecerse. Su esposo la apoyó. Su madre, como cualquiera, presentó intranquilidad, pero respaldó la decisión. Incluso, ya en este punto, hasta perdió la cuenta de cuántas pruebas ha realizado.

“No sentí miedo. Sinceramente, no. Yo sabía a lo que iba”, confesó Cabán.

“Sabemos como profesionales [de la salud] que podemos estar expuestos sea en la calle o sea en el hospital, pero en este momento hay una necesidad que es proveerle a la comunidad estas pruebas para que estas personas tengan también paz y nosotros como profesionales nos preparamos a lo largo de nuestro periodo para poder salir a la calle y ayudar”, indicó, quien añadió que ahora liderará el esfuerzo del Colegio de Enfermería para realizar pruebas para detectar el COVID-19 a profesionales de la salud, sus familiares y a la comunidad.

Y a Cabán le resulta bastante claro que el coronavirus no solo se combate desde los hospitales y las clínicas salubristas, también se desafía en la calle mientras el sol aprieta el cual, entre tanta indumentaria protectora, pretende fastidiar –aunque sin éxito– la encomienda.

“Hay más enfermos en la calle que en el hospital”, señaló. Cabán destacó que, en estos momentos, el voluntariado se torna crucial para orientar sobre esta enfermedad y, hasta cierto punto, calmar a las personas que sienten temor ante un posible contagio del COVID-19.

“No es fácil lo que pasamos haciendo la prueba porque obviamente en el servi-carro estamos bajo el sol. Tenemos una vestimenta que es una protección total y mientras estamos bajo el sol, sudamos y es un poco difícil, pero de igual forma lo hacemos con amor. Porque para eso estamos ahí y brindamos ese servicio”, narró.

Y pese a esto, Cabán refuerza su misión todos los días entre las bendiciones que le echan los pacientes, las sonrisas y a todas esas personas que, con el resultado que sea, le confían su salud y su bienestar.

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