Enfermero recuperado: “El COVID-19 duele más de lo que uno piensa”

Profesional de la salud narra a Metro cómo experimentó en carne propia los efectos del coronavirus mientras prestaba servicios para salvar vidas en Estados Unidos

Por Lyanne Meléndez García

Aunque José “Jowey” Santiago admitió que sintió miedo al comienzo de su labor enfrentándose al “enemigo invisible”, el COVID-19, cuando le tocó experimentar en carne propia los síntomas de esta enfermedad, en lo único que pensaba era en sobrevivir y ayudar a otros.

Santiago, quien lleva alrededor de 18 años como enfermero graduado, partió el pasado 10 de abril a Nueva Jersey para prestar sus servicios en ese estado de Estados Unidos, luego de quedar cesanteado en la isla.

Esta semana llegó a Puerto Rico luego de cinco semanas de las cuales trabajó solamente dos, previo a estar literalmente “de cama” a causa de este virus.

“Solamente presentaba dolores en la espalda baja y en las piernas, como una quemazón, pero no presentaba fiebre así que me mandaban a trabajar”, contó el profesional al destacar que estuvo una semana trabajando con el dolor pues le decían que como no presentaba fiebre no le harían la prueba. Después, se le agudizaron los dolores y se añadió náuseas, vómitos y diarreas simultáneas, pérdida de apetito y dificultad respiratoria a nivel traqueal, lo que le dejó sin poder hablar. A raíz del aumento en síntomas, le hicieron la prueba el 28 de abril y al día siguiente ya tenía el resultado positivo.

Llamó la atención a que deberían modificar el requisito de fiebre para la prueba porque no todo el mundo la presenta. “Tengo también un compañero que perdió el gusto y el olfato por 15 días y no le habían hecho la prueba porque no tenía fiebre. La patología le está dando diferente a las personas”, manifestó Santiago.

¿Cree que se contagió en el trabajo? –preguntó Metro. Santiago explicó que cree que “fue uno de los momentos en que me removí la mascarilla para poder beber agua, luego de tantas horas trabajando sin tomar agua”. Detalló que tenían equipo de protección personal (EPP) completo, incluyendo doble mascarilla —una N95 y otra quirúrgica—, batas de plástico, y una cubierta completa en todo su cuerpo. “El contagio lo asocio a una de las veces que tuve que tomar agua de unas facilidades de tomar agua, donde toma cualquier persona”. Explicó que “las N95 crean demasiada deshidratación en la boca” y sus turnos eran de 12 a 16 horas diarias, dependiendo de la necesidad. “El 80 a 90 % del personal de ese lugar estaba contagiado, por eso la mayoría era un grupo de Puerto Rico y de toda la nación de Estados Unidos que fuimos a trabajar allá por eso”, apuntó.

Recordó que se hospedaba en un hotel que estaba repleto de personal médico, los nueve pisos eran todos enfermeros. “Esto es como dicen gajes del oficio”, reflexionó Santiago. En ese hotel, fue donde recibió a un médico que llegó directo desde Nueva York y le ofreció asistencia. Contó que se trata del doctor Jaime Salas, que le ofreció ayuda luego de que Santiago fuera entrevistado por el reportero David Rodríguez. “Me llevó un sinnúmero de medicamentos, no dejó que me llevaran a una sala de emergencia porque iba a asumir más riesgos y me estuvo atendiendo con un tratamiento agresivo, me estuvo llamando cada seis horas… El COVID-19 requiere de mucho descanso, tienes que descansar, no dejar de hidratarse”, expuso.

Confesó que únicamente sintió un poco de miedo al comenzar a trabajar durante la pandemia porque “uno no sabe lo que se va a enfrentar, uno no sabe lo que puede ocurrir”.

enfermero

“Durante la enfermedad era tan malo lo que sentía que nunca tuve tiempo de pensar en nada, nunca tuve oportunidad de pensar que me iba a morir. Yo digo que era ese mismo instinto de supervivencia, de querer vivir. Miedo para trabajar no lo tengo, ni lo tuve, ni lo tendré, mi cuerpo ha reaccionado positivamente”, aseguró el enfermero de 41 años, quien ahora buscará donar plasma para pacientes contagiados. Asimismo, quiere seguir orientando y trabajando para salvar vidas.  Tiene varias ofertas de empleo y está abierto a todas las posibilidades que aparezcan.

“Estoy aquí, que cuenten conmigo, lo que quiero es ayudar, es servir y ahora más que estoy en mi país”, dijo el enfermero mientras hizo un llamamiento de urgencia a las personas a la protección y mantener distanciamiento físico. Añadió que “es fuerte lo que está pasando, pero Puerto Rico no tiene que envidiarle a nadie sobre la calidad de profesionales de enfermería, lo comprobé en el estado de Nueva Jersey y en Filadelfia, donde tuve que socorrer a mi prima que salió COVID-19 positivo… está recuperando ahora”.

Reclamo por empleados del aeropuerto

A pocas horas de estar en Puerto Rico, Santiago dijo a Metro que hay áreas para mejorar en el aeropuerto Luis Muñoz Marín, pues los empleados no cuentan con el equipo para protegerse de contagios. “Muchos colegas que no están debidamente protegidos. No los tienen con mascarillas N95… Hay enfermeros y tecnólogos que no le tienen una mascarilla”, denunció el enfermero. Explicó que aunque tengan otro tipo de mascarillas y los llamados “face shield”, esto no los protege de igual forma que una N95. “Estamos poniendo en riesgo al personal que está allí porque no tiene mascarillas. ¿Cómo es posible que en las calles las personas las pagan a $8 y el personal en el aeropuerto no lo tiene?”, cuestionó el enfermero.

Recordó que en el centro de salud donde trabajaba en Nueva Jersey morían en promedio 10 pacientes diarios.

“Puerto Rico no está listo para muertes en masa, no lo está. Si queremos evitar un Nueva York en Puerto Rico hay que buscar la forma de cuidarnos”, advirtió.

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