La prensa enfrenta retos en la cobertura del coronavirus

Se enfrentan a la tarea de transmitir su seriedad sin causar pánico

Por AP

NUEVA YORK — Cubrir la historia del coronavirus requiere de gran cuidado y constante atención.

Organizaciones noticiosas que intentan informar responsablemente sobre la creciente crisis sanitaria se enfrentan a la tarea de transmitir su seriedad sin causar pánico, mantenerse al día con el torrente de información mientras mucho sigue siendo un misterio, y aconsejar continuamente a lectores y espectadores cómo mantenerse a salvo.

“Es una historia de 24 horas al día, siete días de la semana, alrededor del mundo”, dijo Michael Slackman, editor internacional del New York Times.

El Times mantiene blogs noticiosos sobre el coronavirus que se actualizan las 24 horas del día, con editores en Nueva York, Londres y Hong Kong dividiéndose la responsabilidad. El canal de Slack creado para que los periodistas de The Associated Press discutan la cobertura y contribuyan a la historia tiene más de 400 miembros. A partir del lunes, en el boletín informativo matutino de NBC News sólo se habla de la enfermedad.

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El coronavirus ha enfermado a miles, puesto en cuarentena a millones e hizo que se tambaleen los mercados financieros — todo esto mientras algunos críticos dicen que la cobertura ha sido exagerada.

“Es difícil decirle a la gente que ponga algo en contexto y se calme cuando las medidas que se han tomado en muchos casos son muy fuertes e impredecibles”, dijo Glen Nowak, director del Centro de Salud y Comunicación de Riesgo del Grady College en la Universidad de Georgia.

Pero es lo que los periodistas a cargo de la cobertura dicen que deben hacer.

“Hemos estado proporcionando muchas explicaciones, listas de preguntas y respuestas, tratando de exponer con un lenguaje claro y simple cuáles son los síntomas y qué significa la enfermedad para la gente”, dijo Jon Fahey, editor de salud y ciencia de la AP.

El miedo es una respuesta natural cuando la gente lee que millones de personas fueron aisladas en China, dijo. Pero también es verdad que, en este momento, el riesgo individual es muy pequeño.

A finales de la semana pasada, Vivian Wang, del New York Times, intentó ilustrar algunas de las complejidades a la hora de escribir sobre una enfermedad que ha afectado a más de 80.000 personas y causado casi 3.000 muertes. La mayoría de la gente presenta síntomas leves — una dicha que paradójicamente puede hacer que la enfermedad sea más difícil de contener porque muchos no se dan cuenta de que padecen el coronavirus, señaló.

“Sigo recordándole a los espectadores que todavía, según dos estudios muy grandes, la vasta mayoría de la gente que contrae esta infección no se va a enfermar”, dijo el doctor Sanjay Gupta, el corresponsal médico de CNN. “Van a tener una enfermedad leve, si acaso, y se van a recuperar. Esto tiende a ser muy reconfortante para la gente, pero no quiero minimizarlo. Estamos lidiando con algo que está creciendo y se está convirtiendo en una verdadera pandemia”.

“Pandemia” — según el diccionario Webster un brote que ocurre en un área geográfica amplia y que afecta a una proporción excepcionalmente alta de la población — es una de las palabras más aterradoras y algunos periodistas se cuidan de usarla.

Fahey dijo a la AP que evita calificar la enfermedad de “mortal” porque, para la mayoría de la gente, no lo es. El doctor John Torres, corresponsal médico de NBC News, se abstiene de usar “horrible” o “catastrófico".

“Trato de no ahondar demasiado en los adjetivos”, dijo Torres.

Casi todos los días se escucha de más casos, en más países. Eso es noticia, ¿pero deberían los periodistas considerar el impacto acumulativo de un empecinamiento estadístico? “En algún momento los números se vuelven menos significativos”, dijo Gupta.

Las imágenes, también, ameritan una cuidadosa consideración. Fotos de gente usando tapabocas a menudo ilustran historias pese a evidencia de que las mascarillas tienen poco impacto en la transmisión de virus, dijo Nowak.

Titulares sensacionalistas pueden capturar la atención, pero también pueden generar terror innecesario. El del artículo principal de la semana pasada en la revista Atlantic, “Probablemente contraigas el coronavirus”, le mereció a su autor James Hamblin un segmento en el programa “Morning Joe” de MSNBC.

El sensacionalismo de hecho tiende a bajar en estas situaciones, dijo Peter Sandman, un asesor y experto en comunicación de riesgo.

“A los reporteros les encanta explotar trivialidades o riesgos raros — como la bacteria carnívora — para proporcionarle una emoción a su audiencia”, dijo Sandman. “Pero cuando el riesgo se torna serio y generalizado, la cobertura mediática se vuelve más sobria”.

Las palabras y acciones de los periodistas y otras figuras públicas envían señales por sí mismas.

Gupta de CNN ha hablado sobre la necesidad de que la gente considere “distanciarse socialmente” si surgen focos de infección en Estados Unidos. Ha revelado en televisión que en su casa tiene artículos necesarios en caso de que su familia deba permanecer encerrada por un tiempo.

“A la gente podría asustarle eso”, admitió Gupta. “No es la intención. Es el modo en que uno verbaliza estas cosas”.

Donald G. McNeil, un reportero científico del New York Times, llamó la atención al hablar de su propia preparación en el podcast del periódico, “The Daily”.

“Pasé mucho tiempo pensando si era demasiado alarmista o si no lo era suficiente”, dijo.

Además de recordar constantemente a la gente lo básico sobre la enfermedad, los periodistas dicen que es importante exponer lo que no saben.

“Les permite saber que no estamos simplemente ignorando las preguntas o desestimándolas, y es una oportunidad para mostrar a los lectores cómo avanza la ciencia en tiempo real”, dijo Laura Helmuth, editora de salud y ciencia en el Washington Post.

Lena H. Sun y Yasmeen Abutaleb, del Post, escribieron la semana pasada que el Departamento de Salud y Servicios Humanos de Estados Unidos estaba enviando trabajadores sin entrenamiento ni equipo de protección a reunirse con los primeros estadounidenses que salieron del epicentro del coronavirus en Wuhan, China.

El virus produce noticias que van más allá de la medicina: cae la bolsa en Wall Street, cierran escuelas y negocios, cancelan conciertos. Los fabricantes de la cerveza Corona negaron reportes de que la similitud de su nombre con el del virus haya afectado su negocio. Los italianos están evitando saludarse con el tradicional beso en las mejillas. Y los feligreses temen el saludo de paz: el apretón de mano.

El jueves pasado, la AP listó 17 historias sobre el coronavirus en el boletín que envía a sus suscriptores, con reportes desde Japón, Italia, Australia, Corea del Sur y China.

 

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