El verde de El Yunque ya es tropical

A poco más de dos años del huracán María, la recuperación continúa lentamente

Por José M. Encarnación

LUQUILLO — Cuando el huracán María arrasó con Puerto Rico, El Yunque dejó de ser El Yunque. Las hojas, prácticamente, desaparecieron de estas 28,900 cuerdas de terreno sagrado. La postal verde monte que históricamente había caracterizado el dosel de la sierra de Luquillo pareció borrarse del panorama de la región este por un tiempo.

Luego de librar una batalla con vientos que alcanzaron las 175 millas por hora, El Yunque pasó de ser un bosque tropical a un cementerio silvestre, donde la flora y la fauna representaron más la imagen de un escenario apocalíptico que otra cosa.

Hoy, a poco más de dos años del golpe de aquel monstruoso fenómeno atmosférico, la biodiversidad de El Yunque continúa recuperándose a cuentagotas.

El bosque, sin embargo, luce verde, su frescura aclimata la piel y la humedad se hace notable tan pronto se penetran las entrañas del barrio Sabana o del barrio Palmer, en Río Grande.

Hay sombra en El Yunque. No tiene la vida de antes de aquel 16 de septiembre, pero hay sombra. Y la brisa, por ejemplo, ha vuelto a ser un segundo aire, tanto para quien vive a diario el calor criollo como para quienes visitan la isla con la esperanza turística de dejarse seducir por un Caribe antillano.

Según el biólogo Ricardo Santiago, es difícil hablar con exactitud de tiempos de recuperación total para las, aproximadamente, mil especies de plantas que le dan vida a este espacio, que no es un lugar cualquiera.

“Casi todo el bosque estaba sin dosel y perdimos muchos árboles. Pero para nosotros es importante tener presente que por más devastador que haya sido el golpe del huracán, esto es parte de un disturbio natural. La flora y la fauna están adaptadas a este tipo de disturbio, porque, históricamente, nos han afectado”, asegura Santiago.

De acuerdo con el especialista en vegetación, muchos de los árboles que sobrevivieron a María perdieron ramas y sus estructuras se afectaron al punto de que todavía hoy siguen recuperándose.

“Están vivos, pero siguen sin la cantidad de ramas que tenían. Ante eso ha entrado mucha luz al bosque y hemos visto cómo algunas especies invasivas se han aprovechado para expandir su distribución en el bosque. Algunas de esas especies invasivas son el kudzu (bejuco) y el coral de jardín. Son especies que ya estaban presentes en el bosque, pero que han aprovechado el escenario que tenemos ahora para fortalecer su presencia”, dice.

Santiago sostiene que cada especie recupera a pasos diferentes. Y señala que la recuperación de El Yunque la tenemos que ver desde diferentes perspectivas.

“El dosel del bosque podría cerrar en 15 o 20 años, si es que no nos afecta otro huracán. Pero de nuevo, es difícil hablar de tiempo, porque tenemos que ir especie a especie, tanto en flora como en fauna. Nosotros seguimos trabajando al cien por ciento”.

En esa línea, Santiago aprovecha para detallar los retos del día a día en El Yunque.

“Estamos manejando deslizamientos, que es un asunto casi diario, y reforestando. Nuestra tarea se divide en proteger el bosque y también hacer posible que esta generación y las futuras lo disfruten. Mucha gente está muy interesada en conocer cómo está el bosque luego de los huracanes, y nuestro reto constante es lograr un balance entre el derecho de la gente de conocer el bosque público y, a la vez, proteger los recursos”, explica.

En El Yunque, hay ocho especies de plantas en peligro de extinción y otras que no se encuentran en ninguna otra parte de Puerto Rico ni del mundo.

“Tenemos una orquídea bien pequeña, la Lepanthes eltoroensis, que hasta el momento solo se ha encontrado en dos veredas que ubican en el área silvestre El Toro. Ese es solo un pequeño ejemplo de nuestra gran biodiversidad. Por eso, tenemos que seguir trabajando para que la recuperación se dé, más allá de cuánto tiempo tome”, detalla el biólogo.

Santiago recuerda que por algo El Yunque es una de las 701 reservas mundiales del Programa del Hombre y la Biosfera de la UNESCO (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura). Asimismo, indica que El Yunque produce, aproximadamente, el 20 % de toda el agua potable de Puerto Rico y que eso es importante, no solo en el contexto del valor del paisaje, sino también en el marco del cambio climático y del Puerto Rico del presente.

“El Yunque es el bosque, bajo el Servicio Forestal de los Estados Unidos, con mayor biodiversidad de plantas, a pesar de ser uno de los más pequeños del sistema de bosques nacionales. Es fundamental que se entienda que El Yunque es un patrimonio y que lo cuidemos como lo que es”, puntualiza.

Al presente, hay varias áreas recreativas que continúan cerradas. Igual, quedan veredas clausuradas y que necesitan ser trabajadas, como La Mina y el llamado Big Tree Trail.

Sin embargo, más allá del turismo, el verde de El Yunque ya es tropical. Hay paz. Se respira vida y el friíto para pelos.

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