Opinión: Nuestro Triángulo de las Bermudas

Lea la opinión de la licenciada Alexandra Lúgaro

Por Alexandra Lúgaro

En algún momento de nuestras vidas, todos hemos escuchado hablar del Triángulo de las Bermudas, un área geográfica alrededor de la cual gira una renombrada leyenda de desapariciones de aviones, barcos y tripulaciones enteras. Por décadas, dichas desapariciones fueron atribuidas a causas sobrenaturales o vinculadas a los extraterrestres. En la actualidad, y luego de investigarse exhaustivamente el tema, sabemos que las desapariciones ocurridas en dicha área no son mayores a las ocurridas en otros puntos del planeta con similar tráfico marítimo y aéreo. Además, estudios científicos han documentado cómo estas pueden haberse debido a las potentes corrientes oceánicas, impredecibles tormentas y trombas marinas, la existencia de algunas de las gargantas submarinas más profundas del mundo y el factor humano.

En tiempos recientes, Puerto Rico ha experimentado su propio Triángulo de las Bermudas, un agujero negro que parece tragarse todos los ingresos que nuestro pueblo produce sin que medie una explicación racional de por qué, aun sin pagar la deuda, no podemos cubrir nuestros servicios esenciales y se nos siguen exigiendo sacrificios adicionales. Por años, la leyenda ha sido que “mantenemos” a muchos, que el Gobierno es “muy grande”, que tenemos más escuelas “de las que necesitamos” y que nuestras corporaciones públicas “son entidades perdidosas”. El lunes, con la publicación del Informe de Gastos Tributarios por parte del Departamento de Hacienda, nuestro Triángulo de las Bermudas fue desmitificado. La revelación de que, en un solo año, nuestro Gobierno repartió $20 billones en beneficios contributivos no solo esclarece la misteriosa desaparición de la riqueza del país, sino que explica el por qué seguimos resbalando en el lodazal sin poder levantarnos.

Nos toca ahora, con el poder que nos ha dado esta información, exigir la auditoría de la deuda, presionar para que se legisle a favor de divulgar los individuos y corporaciones que recibieron estos incentivos y reclamar la evaluación del desempeño de los mismos. Es de esa manera que podremos enfrentar nuestro Triángulo de las Bermudas, esa vieja política, que, más que barcos, aviones y tripulaciones enteras, se lo traga todo.

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