Opinión: Árboles secos

Lea la opinión de Alexandra Lúgaro Aponte

Por Alexandra Lúgaro Aponte

“Hay que remover los árboles secos”, ese es el primer paso en el camino hacia la reconstrucción del país, según la receta que me compartió un joven hace unos días en Río Piedras. Casualmente, en plena calle Robles, este joven trabajador me decía que la salida de Ricardo Rosselló había despejado el bosque, pero que todavía quedaban muchos árboles secos por remover. Su analogía, era una clara referencia a los personajes de la vieja política que, desde sus puestos de poder, demuestran una y otra vez su incapacidad de cambiar y responder a los reclamos de nuestro pueblo.

Hace unos días, vimos nuevamente como en la Cámara de Representantes, esos mismos legisladores que denuncian dictaduras y regímenes autoritarios en otras partes del mundo, le negaban a 134,040 personas su derecho a ser representadas en la Casa de las Leyes. Esa precisamente fue la cantidad de votos obtenidos por el Representante Manuel Natal Albelo durante la pasada elección. Por ende, también fue la cantidad de voces que fueron silenciadas al negarle a este, como ya se ha convertido en la norma, su derecho a expresarse y, con ello, representar a sus constituyentes dentro del Hemiciclo.

Es en ese Capitolio donde todos los días se toman las decisiones que afectan nuestras vidas y las de las futuras generaciones, donde sobreviven la mayoría de los árboles secos a los que se refería el joven trabajador. Hay quien todavía apuesta a seguir echándoles agua con la esperanza de que retomen la fortaleza y el verdor que una vez tuvieron.

Por otra parte, hay quienes reconocemos que, mientras permanezcan en ese espacio, independientemente de su especie o de si están de pie o en el piso, no obtendremos los frutos que con tanta urgencia necesitamos.

Hoy, a dos años del paso del huracán María, a pesar de que ya hemos removido la mayoría de los escombros que se acumularon en nuestras comunidades; tristemente, aún yacen en sus escaños aquellos árboles secos, que más que obstaculizar el paso, impiden la recuperación del país.

¿Qué tal si aprovechamos el terreno fértil que nos dejó el verano para reforestar?

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