Opinión: El gran vencedor

Lea la opinión de la licenciada Alexandra Lúgaro

Por Alexandra Lúgaro

Durante las pasadas semanas hemos sido testigos del despertar y levantamiento de un pueblo que, cansado de décadas de incompetencia y corrupción, tomó las calles para exigir la renuncia de Ricardo Rosselló o, en su defecto, el inicio de su residenciamiento por parte de la Cámara de Representantes. Rosselló, apostando a su usual estrategia, ignoró los reclamos, continuó con su agenda y minimizó el poder ciudadano, aferrándose a su silla con la esperanza de navegar la tormenta hasta que nuestro típicamente olvidadizo pueblo pasara la página.

La Cámara, por su parte, se mostró más lenta que un suero ‘e brea para iniciar el residenciamiento, apostando a su vez a una renuncia que les salvara de embarrarse con un proceso investigativo. Tanto Rosselló como la mayoría de los miembros de la Cámara perdieron sus apuestas, culminando la semana con la renuncia del primero y el reconocimiento por parte de la ciudadanía de quiénes en nuestra legislatura legítimamente nos representan y quiénes están ahí para continuar encubriendo la corrupción que nos arropa.

En dos semanas de protestas ininterrumpidas, nuestro pueblo se unió en una sola voz y, viéndonos todos y todas de frente, en la calle, comprendimos que es más lo que nos une que lo que nos separa y que el único propósito de dividirnos ha sido, históricamente, poder vencernos. Marchando bajo el sol y torrenciales aguaceros, nos respetamos, apoyamos y cuidamos unos a otros. Día a día y noche tras noche, orgánicamente, organizaciones e individuos se relevaron en turnos y tareas, convocando, informando, marchando, gritando consignas, pintando pancartas, levantando banderas, atendiendo a los medios, metiéndole a las cacerolas, mobilizando carros y motoras y, claro está, velando por la protección de los derechos civiles y la seguridad de los manifestantes.

Durante la pasada semana el pueblo de Puerto Rico dio cátedra de lo que es verdadera democracia. Esta vez no ganaron populares ni penepés, creyentes o ateos, homosexuales o heterosexuales. Por primera vez, ganamos todos. Esta vez, es el pueblo de Puerto Rico… ¡EL GRAN VENCEDOR!

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