Hijos de mujeres asesinadas: “víctimas invisibles” de la violencia de género

A 12 años del asesinato de su hermana y su madre, cuenta la experiencia de haberse convertido en custodia de su sobrina de seis años y las peripecias de combatir el trauma

Por María de los Milagros Colón

Tenía siete años cuando todo pasó. Mamá y abuela llegaron a su casa en el barrio Bauta Arriba en Orocovis, y papá las mató a disparos. Primero a mamá; fueron seis tiros y ella llevaba puesto su uniforme de Policía municipal de Barranquitas. Después fue abuela; varios disparos en el hombro y el pecho le provocaron la muerte un día después. Papá también mató al perro. Y ella, la niña, estaba allí.

¿Qué pasa con los hijos e hijas de las víctimas fatales de violencia de género? Cuando curiosos y agentes se aglutinaron en su casa después de los disparos del 26 de enero de 2007, Jaskalí López Ríos reconoció el rostro de un familiar y en ese momento comenzó una nueva vida.

“Tuve la suerte de que don Manuel fue a buscar a la nena, porque yo no pude llegar a la escena. Yo estaba con mami en Centro Médico. Se la dieron a él porque la nena le dijo ‘abuelo’, lo reconoció, y no se la querían dar a ningún familiar del atacante”, contó a Metro Iris Ríos Cosme, tía de la niña que hoy tiene 19 años.

Desde ese momento, ella asumió la custodia física de la niña, y el Departamento de la Familia (DF), la custodia legal, hasta que finalmente tuvo total custodia. Decidieron no privar al papá de la patria potestad.

En el caso de que no haya familiares que reciban al niño, el DF asume la custodia “y entran los procesos de privar patria de potestad, si fuera el caso, para que el niño pueda ser dado en adopción”, explicó Larry Emil Alicea, expresidente del Colegio de Profesionales del Trabajo Social de Puerto Rico.

Según Alicea, entonces el DF desarrolla un plan de intervención y refieren al niño a las ayudas necesarias, incluidos psicólogos y trabajadores sociales. Pero, de acuerdo con Ríos Cosme, “después que me entregaron la custodia de la niña, no tuve más seguimiento”.

Sobre el proceso, opinó: “Gracias a Dios que Jaskalí llegó aquí a un hogar donde hay amor, donde hay facilidades para ayudarla y seguir hacia delante. Pero pienso que sí hay otras familias con menos recursos en cuestión de educación, en cuestión económica, que no conocen sus derechos y cómo luchar, pues se les haría más difícil”.

En su caso, recordó, le asignaron una psicóloga que “habló con ella y la acompañó en el momento del duelo y en la funeraria, menos en el cementerio. Pero quien me buscó todas esas ayudas fue Fiscalía”.

El DF le asignó una trabajadora social que recordó con cariño: “Migdalia se enfocaba en ver que el lugar estuviera apto”. Pero desde el cambio de custodia, la estabilidad de la niña quedó a total discreción  de las posibilidades de la familia.

Para Vilma González, directora ejecutiva de la Coordinadora Paz Para la Mujer: “Por razones de mucho peso, nos enfocamos más en la persona que fue asesinada y se nos olvida que hay toda una comunidad alrededor de esa persona que sobrevive y que, de alguna forma, experimenta el trauma, y que en ciertas ocasiones, tal vez experimentan agresiones”. “Víctimas invisibles”, les llamó.

Mañana se cumplen 12 años desde que el Policía estatal Oscar López Martínez asesinó a su esposa, Yasmín Ríos Cosme, y a su suegra, Iris Cosme Espada. Desde entonces, a la hija de la pareja parece no haberle faltado nada en su nuevo hogar, donde le consiguieron un terapeuta para ella y el resto de la familia.

“Yo siempre he hablado con ella sinceramente. Nunca le he escondido nada”, dijo Ríos Cosme. Jaskalí López ha visitado a su padre a la cárcel y guarda relación con algunos de sus familiares paternos.

“Son su familia; no se le puede seguir quitando. Hay que sumarle. Eso sí, yo hablé con todos ellos y les expliqué que no quiero que la estén manipulando ni hablando mal de nadie. En mi casa no se le habla mal de su pap. Ella tiene sus fotos. Ella tiene todo y hay que tratarlo con respeto porque es su papá, haya hecho lo que haya hecho. Y se lo dije a la familia también: tampoco quiero que lo hagan con mi hermana, que no se puede defender”, agregó Ríos Cosme.

A su juicio, la niña creció procesándolo todo “de la mejor manera posible”, entendiendo la situación, y rodeada de amor. Pero la nueva familia también enfrenta grandes retos.

“Perdí a mi madre, a mi hermana, más me llega un integrante nuevo a la familia con unas situaciones… Es un giro de 360 grados. Te sientes perdido. Estás en duelo. Tienes que ser fuerte para poder echar a ese menor hacia delante, tratar de darle lo mejor posible, tratar de entenderlo y, por lo menos, por mi parte, anteponer y quitarme ese coraje, ese rencor, ese odio hacia su padre, porque ella no tiene culpa”, narró Ríos Cosme, quien tiene una hija, entonces de 13 años.

“Quiero crear un hogar lo más apacible, en paz, amoroso y tranquilo, que ella pueda tener para que ella pueda adaptarse y sentirse bien. Yo creo que lo hemos logrado”, añadió.

A Ríos Cosme le pareció correcto contar su historia, mostrar “el otro lado de la moneda”, a las víctimas invisibles.

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