La cultura del levantamiento de masas persiste en Francia

En Francia, la democracia ha reemplazado a la monarquía, pero la cultura de las masas de ventilar su descontento en las calles de París no ha cambiado.

Por AP

PARÍS (AP) — Los trabajadores franceses toman las calles por el aumento a los impuestos, la desigualdad económica y la percepción de que los gobernantes han perdido el contacto con la realidad.

Eso fue en 1789, cuando el rey Luis XVI ayudó a los ricos a conseguir exenciones fiscales y lo pagó con la cabeza.

Hoy día se pueden ver ciertas similitudes con el impopular presidente Emmanuel Macron. En Francia, la democracia ha reemplazado a la monarquía, pero la cultura de las masas de ventilar su descontento en las calles de París no ha cambiado.

Macron, un exbanquero de Rothschild cuyos opositores lo critican por ser “amigo de los ricos”, provocó indignación popular al eliminar un impuesto a la riqueza el año pasado y proponer aumentar el impuesto a los combustibles, algo que los activistas dicen afectará a los más pobres.

Contra este impuesto energético, los manifestantes conocidos como los “chalecos amarillos” causaron este fin de semana los peores disturbios en París en décadas, saqueando tiendas e incendiando autos en barrios acaudalados cerca de la avenida Campos Elíseos y escribiendo en grafiti “Macron = Luis 16”. En las semanas de protestas, cientos de personas han resultado lesionadas y cuatro han muerto.

El presidente francés cedió. El miércoles, Macron abandonó el aumento del impuesto al combustible, y su imagen de presidente firme terminó severamente dañada.

“Si la gente compara a Macron con Luis XVI es una advertencia de que no aprendió la lección de la historia. No quieren literalmente su cabeza, pero es una fuerte señal de que no se sienten escuchados”, dijo el sociólogo Michel Wieviorka.

Las concesiones no han aplacado a los manifestantes, que ahora quieren más. Entre el estancamiento de los sueldos y la frustración por los impuestos de Francia, que se cuentan entre los más elevados de Europa, algunos “chalecos amarillos”, llamados así por la vestimenta de emergencia que los conductores tienen que traer, ahora quieren derrocar al gobierno. Se planean muchas protestas más para el fin de semana.

Las manifestaciones son una parte recurrente de la historia francesa simplemente porque con frecuencia han tenido éxito. El diseño urbanístico de París tenía la intención de frustrar las protestas multitudinarias después de las revoluciones del siglo XIX que derrocaron a las monarquías.

“El momento fundador de la historia política francesa fue la Revolución. Desde entonces, los franceses hablan directamente al poder a través de la protesta. Aunque no necesariamente de una forma tan violenta”, dijo Wieviorka.

Hace 50 años, los estudiantes de la Universidad Sorbona erigieron barricadas para desafiar al statu quo. La violencia que utilizaron las autoridades en 1968 para suprimir a los manifestantes sacó a los trabajadores franceses a las calles y la protesta creció hasta reunir a 9 millones de personas, que pusieron a Francia de rodillas.

El levantamiento resultó en un aumento de 35% al salario mínimo y otros aumentos salariales del 10%. Y socavó la legitimidad del presidente Charles de Gualle, quien renunció al año siguiente.

Enormes manifestaciones también forzaron al gobierno francés a descartar la reforma para el acceso a la universidad en 1986, la reforma de pensiones de trabajadores del transporte público en 1995 y la introducción de un menor tabulador salarial para graduados universitarios en 2006.

La insurrección está grabada en la psique francesa gracias al siglo XIX; el recuerdo de sus revoluciones de 1830 y 1848, y los incontables levantamientos. La arquitectura de París es un frío recordatorio.

El tumulto tras la Revolución de 1830 fue inmortalizado en “Los miserables” de Víctor Hugo —una novela clásica francesa que después ha sido presentada en otras partes del mundo como uno de los mejores musicales de todos los tiempos— cuando culmina en una confrontación en las barricadas de París durante el levantamiento de 1832.

Después, Napoleón III, temiendo que las protestas pusieran en riesgo su autoridad, solicitó la ayuda del barón Haussmann para rediseñar las notoriamente estrechas calles de París a amplios bulevares de fácil acceso en 1853, naciendo así la moderna capital francesa. Se creyó que esto evitaría la construcción de las barricadas que dificultaban a los soldados restaurar el orden de los inconformistas escondidos. Los nuevos bulevares fueron diseñados en forma de estrella, extendiéndose desde un punto central para maximizar la visibilidad del ejército.

“En parte, los grandes bulevares que convergen pueden evitar que haya más protestas”, dijo Wieviorka, en referencia a zonas como la Plaza de la Estrella, en donde se ubica el Arco del Triunfo.

Sin embargo, la rica historia de las insurrecciones del país ha superado todos los intentos de obstaculizarla, como demostraron este fin de semana los chalecos amarillos que destrozaron los Campos Elíseos: todavía levantan barricadas.

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