Trump-Putin: La cumbre de los mejores enemigos

La presunta intervención del gobierno ruso en las elecciones de 2016 ocupó un lugar prominente en el encuentro

Por dpa

Vladimir Putin y Donald Trump, dos de los hombres más poderosos del mundo, anunciaron hoy una nueva era en las relaciones ruso-estadounidenses. El vínculo entre las mayores potencias nucleares nunca había sido peor, hasta esta memorable reunión con Putin, dijo Trump.

El presidente estadounidense utilizó la mayor tribuna imaginable para arremeter contra las investigaciones que se llevan a cabo en su país sobre una posible injerencia rusa en las elecciones que le llevaron a la Casa Blanca. Son una catástrofe y afectan negativamente a las relaciones entre ambos países, dijo, apenas cuatro días después de que su propio Departamento de Justicia presentase acusaciones contra doce miembros de los servicios secretos rusos.

Trump quiso liquidar ante los ojos del mundo una cuestión que pende sobre él desde su llegada al Gobierno: la sospecha de que los servicios secretos rusos intervinieron en los comicios presidenciales, favoreciéndole a él y perjudicando a su rival, la demócrata Hillary Clinton. Putin rechazó toda injerencia y Trump insistió en que no hubo acuerdos secretos.

"Tengo una gran confianza en mis servicios secretos. Pero les diré que el presidente Putin fue hoy extremadamente firme y enérgico en su desmentido", dijo Trump. En realidad, ambas partes (Putin y los servicios secretos estadounidenses) se contradicen, pero Trump asegura que confía en ambos.

La comparecencia de ambos presidentes tras su primera cumbre oficial muestra una confraternización, aunque sin palmaditas en el hombro. En una ocasión, Putin se dirigió a su homólogo incluso por su nombre, Donald. La escenificación en este caluroso día en Helsinki recuerda superficialmente un poco a la Guerra Fría: los líderes de Rusia y Estados Unidos reunidos en terreno neutral.

Pero los dos presidentes parecen tener un extraño vínculo, un respeto mutuo insólito a la vista de las tensiones entre sus países. Su apretón de manos antes de reunirse en privado fue fuerte pero no intenta medir fuerzas. Sin vacilar, parecían querer decir al mundo: somos hombres fuertes y nos entendemos. "La Guerra Fría terminó", subrayó Putin.

Trump se mostró generoso dejando hablar siempre en primer lugar a Putin, quien sonreía. El ex agente de la KGB hizo esperar en primer lugar a Trump, pero luego fue este quien tuvo que aguardar al estadounidense en el palacio presidencial. El tiempo es parte del juego de poder en estas cumbres. Ya sentados, Putin aguardó en silencio y confiado. Trump, por el contrario, habló y se mostró tenso.

El presidente estadounidense trató a su colega ruso como a un igual, algo que no hizo la semana pasada con Angela Merkel y Theresa May, a quienes degradó y humilló. De Alemania dijo que era "prisionera" de Rusia por el gas ruso y de May criticó sus negociaciones para la salida del Reino Unido de la Unión Europea ("Brexit"). También tensó la situación con otros de sus aliados de la OTAN en la reciente cumbre de Bruselas.

Con Putin fue distinto, contraviniendo así el rumbo de su propio Gobierno. Este impone sanciones a Rusia, expulsa a diplomáticos, envía armas a Ucrania, advierte y critica a Moscú, como es tradición entre los republicanos estadounidenses. Pero en lo que se refiere a Rusia, Trump sigue imperturbable su propia línea.

Putin y Trump, en apariencia tan diferentes, parecen hechos de la misma madera en muchas cosas. Ambos tienen una fuerte propensión a la autocracia y a los reflejos populistas. Y ninguno es un gran orador. "Ojalá que algún día pueda ser un buen amigo, podría pasar", deseó Trump antes del encuentro. Por ahora son competidores, pero no enemigos. "Archiamigos o mejores enemigos", escribió un diario ruso.

La cumbre ha dejado poco contenido. Los grandes problemas siguen y no hay un acercamiento concreto en puntos importantes: cambiará tan poco en la guerra civil siria como en el apoyo a los separatistas en los combates en el este de Ucrania. Las sanciones de Washington se mantienen, el consulado ruso en Seattle sigue cerrado y el estadounidense en San Petersburgo también.

Pero a pesar de ello, Putin puede vender el encuentro como un éxito. El presidente ruso puntúa ya sólo con el hecho de que hubiese una rueda de prensa y de que las banderas ondeasen una junto a otra, como en el caso de aliados iguales.

Trump, sin embargo, cosechó críticas incluso desde las filas de su Partido Republicano. El senador conservador Lindsey Graham habló de una "oportunidad perdida" para pedir cuentas a Rusia. Y el también republicano Jeff Flake nunca creyó que un día vería cómo un presidente estadounidense culpaba a Estados Unidos de ataques rusos junto a su homólogo ruso.

El encuentro muestra a Trump ante el mundo como él se presenta en Twitter. Lanza una "caza de brujas" en la sala y se va sonriente, junto a su nuevo amigo.

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