Edit Schlaffer: “Ser mujer hoy en día significa responsabilidad”

La fundadora de la ONG Mujeres sin Fronteras (Women without Borders) habla sobre cómo las mujeres tienen una oportunidad histórica

Por Luz Lancheros

La doctora Edit Schlaffer, científica social y fundadora en 2002 de la ONG Mujeres sin fronteras (Women without Borders), ha trabajado con mujeres de comunidades en conflicto donde priman ideologías extremistas. También fundó la campaña Hermanas contra la Violencia Extremista (SAVE) en 2008, una plataforma antiradical para ayudar a mujeres a crear dispositivos antiradicales y también trabaja en diversos países, como India, Pakistán y Nigeria, en “Escuelas de Madres”, para empoderar a mujeres para ir más allá del conflicto y la radicalización y crear comunidades de apoyo para brindar nuevas realidades para ellas.

Es una de las pocas en escuchar a las madres de terroristas islamistas y, gracias a esto, quitar estigmas sobre sus procesos.

Su trabajo la ha llevado a ser reconocida por figuras como Hillary Clinton y también por medios como Newsweek y ha estado involucrada en varios proyectos de las Naciones Unidas. En el evento de la fundación JuanFe, Women Working for The World, habló con Metro sobre los retos de ser mujer hoy en día y cómo se debe crear una nueva estructura de poder basada en el momento histórico que tienen ahora las mujeres para que se las escuche.

¿Cuál ha sido su filosofía con Women without Borders todos estos años?

–Estamos en lugares de conflicto y crisis porque nos interesa. Nos apasiona el tema de la paz. No estamos interesadas en poder o riqueza y, particularmente, ahora las mujeres están interesadas en tener una voz. Las mujeres que procuran tener un futuro y seguridad para las nuevas generaciones serán las mejores negociadoras.

¿Y cuáles son esos cambios elementales en cuanto a su forma de actuar, si hablamos de paz y conflicto? 

–Creo que hay esta conciencia de que las mujeres tienen la responsabilidad de ser ahora agentes de cambio, un paradigma de poder. Ellas deben ser parte de lo que se está viendo en la sociedad y en las familias y no esperar a que alguien las represente y cree para ellas. Estas dos cosas son por las que más luchamos mundialmente con nuestros líderes. Nuestra visión de liderazgo no excluye géneros.

Ahora, nuestra visión de la democracia se basa en escuchar, no mandar. En representar a los que no tienen voz, considerar a tu comunidad y no tener un puño de hierro. Esta se ha enfocado mal en varios lugares en los que trabajamos y hay que ver lo que los líderes han hecho allí con las bombas y los misiles. Escuchaba a una activista india que decía que nosotros debemos ser más inteligentes que eso; invertir en herramientas más ingeniosas de poder, de “poder suave”, que es más duradero que el que se impone por la fuerza. Veamos un país particular en conflicto, como Afganistán, sumido en facciones de poder divisorias. Lo que no se ha entendido es ver cuáles son los intereses del otro. Y las mujeres son buenas en eso, en practicar la empatía. En entender los motivos del otro. Hay que hacer énfasis en esto: en escuchar al otro como si su posición estuviera bien para ti y trabajar en un acuerdo para conciliar una solución. Ahora, otro problema en las zonas de conflicto es que no se halla esto ya: no hay esperanzas de cambio y en eso las mujeres son un punto clave, más que nunca en la historia, para comenzar a cambiar las cosas. Hay un clima en el que las mujeres que son ambiciosas, curiosas, usen y transformen el poder para transformar sus comunidades, sociedades y familias y, por eso, deben saber cómo usarlo.

Usted trabaja con madres en zonas de conflicto donde reinan las ideologías extremistas. Cuéntenos, por favor, sobre los cambios que han hecho allí.

–Sí, han existido cambios. Porque estas madres de estos terroristas extremistas no están siendo marginadas. La gente las está escuchando para ver qué pasó para que su hijo llegara a este punto y aprender lecciones de sus procesos. También ellas están creando comunidades de apoyo y no es una vergüenza hablar de esto ni hay estigma con respecto a lo que les pasó. Y si hablan de sus problemas, pueden hallar soluciones para este problema.

¿Por qué cree que nadie les pusiera atención antes?

–Porque han estado aisladas. Ahora, hablando han encontrado apoyo y han entendido que este problema puede dejar de pasarles a otras madres. Ha sido muy duro perder el miedo al silencio, la vergüenza de hablar sobre lo que pasa. Ahora necesitamos madres empoderadas que sepan educar a sus hijos y brindarles otras realidades.

Precisamente, en los tiempos del #MeToo, las mujeres de Hollywood han comenzado a ser escuchadas. ¿Cómo hacer que esto pase con las mujeres de comunidades marginales?

–Tenemos que escucharlas, documentarnos, investigar sobre lo que les está pasando a ellas. Crear un caso, llamar la atención de las agencias de derechos humanos, los políticos e instituciones que regulan el orden y ver qué hace que la justicia tarde para ellas.

También vemos dos situaciones: mujeres empoderadas, pero también cifras alarmantes de feminicidios y violencia. Es una brecha enorme.

–Es que son dos mundos: uno es el del empoderamiento y otro es donde las mujeres no tienen estas herramientas para hacerlo. Pero muchas mujeres y organizaciones trabajan para romper esta brecha. Pienso que cuanto más trabajemos, habrá esperanza.

Como mujeres, ¿cambiaremos las estructuras de poder algún día?

–Sí, definitivamente. El patriarcado está tambaleando. Cuando señalamos a estos hombres poderosos de ser violadores y tener terribles conductas sexuales, estamos tambaleando esas estructuras de poder. Estamos buscando nuevas formas de tenerlo, de vernos como seres humanos en vez de tratar de dominar a otro. Y nadie entiende esto mejor que las mujeres.

Y finalmente, ¿qué es ser una mujer hoy para usted?

–Trabajar duro. Tener responsabilidad y tener decisiones. Probar que si lo decimos, lo cumplimos.

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