“Papa Francisco está interesado en defender la imagen de la iglesia, no en sanarla”: Krzystof Charamsa

Metro habló con el sacerdote Krzystof Charamsa, el primero del Vaticano en hacer pública su homosexualidad, sobre la homofobia en la Iglesia Católica, el papa Francisco y su hipocresía a la hora de enfrentar los casos de pedofilia y abusos sexuales dentro de las instituciones católicas

Por Felipe Herrera Aguirre

Era octubre de 2015. La Iglesia Católica se preparaba para celebrar el sínodo sobre la familia que el papa Francisco acababa de inaugurar. Sacerdotes de todo el mundo se reunirían en el Vaticano para debatir temas relacionados al trato de las personas divorciadas y a los homosexuales.

Entonces el sacerdote polaco Krzysztof Charamsa, en ese entonces profesor de teología en la Universidad Pontificia Gregoriana y en la Universidad Pintificia Regina Apostolorum, y miembro de la Congregación para la Doctrina de la Fe encargada de defender la doctrina católica -y a la que el propio Charamsa compara con la Inquisición en esta entrevista- decidió aprovechar el contexto para contar su verdad. Anunció, en una entrevista el diario italiano Il Corriere della Sera, que era homosexual.

El Vaticano le suspendió de todos sus cargos, y a través del vocero Federico Lombardi, calificó sus declaraciones de “irresponsables”. Charamsa quiso contar su historia para exponer la homofobia latente del Vaticano. Y lo ha conseguido con su libro “La Primera Piedra” (Ediciones B, 2017).

P: ¿Cómo fue tu experiencia como sacerdote antes de declararte homosexual, y cómo cambió después?

– Mi vida sacerdotal estuvo siempre al servicio de la gente. En el periodo en el que trabajé en el Vaticano viví en condiciones humildes: en una habitación muy pequeña; como pide el papa Francisco y no como viven la mayoría de mis colegas del Vaticano. He trabajado con mucha dedicación, he estudiado y he enseñado en dos universidades. He dedicado toda mi vida a los demás. Tras mi salida del armario la Iglesia me ha rechazado y privado de trabajo. No me ha permitido un justo proceso que respete los derechos humanos. Pero yo como sacerdote he ganado en trasparencia. Ahora defiendo el derecho de mi conciencia ante las mentiras y abusos de la Iglesia en relación a las minorías sexuales y las mujeres, aún discriminadas y ofendidas en su dignidad y derechos humanos.

P: Por qué decidiste hacer la declaración en ese momento, octubre de 2015?

– Salí del armario para culminar mi proceso de desarollo de conciencia. Santo Tomás decía que es mejor morir excomulgado por la Iglesia que traicionar la propia conciencia. Nuestra conciencia es más importante que la Iglesia. Escogí el momento del sínodo para protestar y denunciar la Iglesia y el Vaticano; especialmente la Inquisición, hoy llamada Congregación Para la Doctrina de la Fe, por su lucha despiadada contra las personas LGBTIQ y los derechos de las mujeres.

P: ¿Cómo crees que el anuncio de tu homosexualidad impactó en la Iglesia Católica, y en el Vaticano en particular?

– La reacción del Vaticano para con quien rompe el silencio es siempre igual. Todo sistema dictatorial se paraliza por miedo cuando uno de sus altos funcionarios lo denuncia. Y ante ese miedo actúa sin ningún respeto hacia esa persona. Tanto el Vaticano como el papa Francisco están interesados sólo en defender la imagen de la Iglesia, no en sanarla.

P: ¿Cómo reaccionó el Papa Francisco a este anuncio?

– Desgraciadamente, el papa Francisco ha mostrado solo que sus promesas de buscar “pecadores” y “perdidos”, y de escucharlos, son solo palabras y promesas vacías. La regla de la Iglesia continúaa siendo la de siempre: hacer imposible la vida de un outsider.

P: ¿Crees que tu anuncio ha provocado algún tipo de cambio en la recepción de los homosexuales por parte de la Iglesia y del Vaticano?

– Con el tiempo, toda salida del armario provoca un cambio en la sociedad homofóbica. El problema es que faltan salidas del armario de curas y [email protected] cató[email protected] (sic). [email protected] con sus miedos son también responsables de la homofobia de la Iglesia. Los peores homófobos son los sacerdotes gays: mantienen un sistema que va contra ellos mismos. Son también los responsables del retraso de la Iglesia y de su obsesión contra los gays.

P: Has dicho, en una entrevista hace un año que “el 50 por ciento de los curas del Vaticano son gays”. ¿Por qué, entonces, la Iglesia ha sido tan homofóbica?

– Si, como decía, paradójicamente la Iglesia es homofóbica en buena parte gracias a los propios gays, que no tienen coraje de iniciar una revolución en la Iglesia para defender los derechos humanos, tal como han hecho las personas LGBTIQ en la sociedad. Si todos los gays y lesbianas en la Iglesia no tuvieran miedo de salir del armario la Iglesia empezaría a cambiar su posición violenta contra las personas no heterosexuales y contra las mujeres. La misoginia de la Iglesia está relacionada con la homofobia. Cuando eres invisible no tienes derechos, y la Iglesia lo sabe. Por ello odia y persigue a quien sale del armario.

P: Durante su visita en Chile, el Papa ha pedido “perdón” por los abusos de sacerdotes a niños, como Fernando Karadima y La Congregación de los Hermanos Maristas. Para muchos, estos gestos no son suficientes. ¿Cuál crees que puede ser la solución al problema de los abusos sexuales cometidos por sacerdotes de la Iglesia?

– He seguido el caso de Karadima y sus víctimas y el caso de los Maristas en España, pero no el de Chile. De todas formas, todos estos casos son muy parecidos. Se repite la impunidad de los criminales de la Iglesia o el retraso imperdonable en juzgar los crímenes. La Iglesia intenta silenciar a las víctimas y hace grandes declaraciones públicas pidiendo perdón. Estas técnicas forman parte de una estrategia hipócrita para conquistar la opinion publica. El papa Francisco continúa salvando la imagen de la Iglesia con los procesos de los casos que han salido a la luz, pero no elimina las razones de la violencia sexual en la Iglesia. Esto no es luchar contra la pedofilia. La pedofilia, en buena parte, es producto de un sistema eclesial puritano, sexista y patriarcal, que sigue siendo mantenido en el Vaticano del papa Francisco.

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