Jonathan Ocasio: “En lugar de solo compartir el mensaje de esperanza, tenemos que ser la esperanza”

Para Mar Azul la entrega de suministros es solo una etapa inicial de su gestión para colaborar en la recuperación del país tras el azote del huracán María

Por Sarah Vázquez Pérez

Ya  han pasado varias semanas desde el 20 de septiembre, día que quedará enmarcado como uno de los más difíciles de la historia del país. Un grupo de jóvenes se alista para llevar suministros a una comunidad en Naranjito y otra en Barranquitas. Escriben en los empaques “¡Estamos contigo!”.

Es entonces que llega Jonathan Ocasio, pastor de Mar Azul, y les pide que se acerquen para compartir unas palabras antes de seguir la agenda. “Quiero que acerquen hay una palabra que quiero compartir antes de continuar. En Salmos 94:18 dice ‘No bien decía: “Mis pies resbalan”, cuando ya tu amor, Señor, venía en mi ayuda’… Hoy nos vamos a encontrar con personas que su pies resbalan por lo que nos debemos preguntar qué le podemos dar”, asevera.

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Con esto les reitera más allá de suministros hay una necesidad de llevar esperanza a un pueblo abatido por un fenómeno natural que arrasó con todo lo que encontró a su paso . “En lugar de solo compartir el mensaje de esperanza, tenemos que ser la esperanza”, expresó Ocasio en entrevista con este diario.

“Para nosotros es especial saber que fuimos una respuesta inmediata, aún sin mucha experiencia porque tenemos el voluntariado”.

Y es que al ver el impacto que tuvo el paso del huracán María, Mar Azul decidió activar todos su recursos disponibles para llevar auxilio a comunidades que aún no se recuperan del azote del ciclón.

“Como iglesia automáticamente sucede un desastre nosotros debemos preguntarnos cuál va a ser nuestra respuesta. Entonces inmediatamente después del huracán nosotros identificamos que uno de los problemas mayores iba a ser la distribución de la ayuda…Así que como iglesia nunca lo habíamos hecho, sin experiencia decidimos levantar tres centros de ayuda”, relata el joven pastor quien cuenta con el apoyo de la Iglesia la Travesía, Iglesia Trinity, Iglesia Wesleyana, La Iglesia Discípulos de Cristo Metro y varias entidades privadas.

En la etapa inicial se dedicaron a repartir los  “survival kits”. Esto no es otra cosa que una pequeña bolsa con siete artículos diseñada para que pueda proveer alimento para uno o dos días por persona. Se han entregado hasta la fecha más de 4,000. Pero ahora están entrando en otra etapa en la que identifican líderes de barrios que determinan la necesidad de su zona y la iglesia busca como suplirla.

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 “La necesidad era tanta que donde quiera que viéramos una necesidad, nosotros llegábamos con suministros, mientras van pasando los días nos damos cuenta que tenemos que ser más efectivos. Podemos ser responsables de una parte de la muralla”, expone.

El pastor relata que “hay mucha devastación es evidente, pero he visto más devastación en el corazón de alguna de las personas y a la misma vez he visto esperanza increíble. Es un contraste fenomenal que encontramos… Para mi la diferencia ha sido la visión que esa persona tiene de Dios y de quien es el medio de la tormenta”.

Ahora bien, Mar Azul está consiente que la recuperación del país va más allá de la entrega de suministros por lo que a largo plazo pretenden que sus centros en Bayamón, Juncos y Arecibo se conviertan en espacios de desarrollo empresarial y consejería para cubrir la necesidad espiritual.

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 “Nosotros tomamos la decisión como Mar Azul de estar a largo plazo en Juncos y Arecibo. Los centros pueden ir cambiando a medida que las etapas de la respuestas van cambiando. Por ejemplo, al principio es mitigación de necesidad que es lo que estamos haciendo todavía, luego es la reconstrucción y nosotros estamos comprometidos para quedarnos en la reconstrucción y a largo plazo… Queremos comenzar a dar consejería o clases a los líderes comunitarios para levantar empresas. Poder ser un centro que capacita a esos líderes, también servir la necesidad espiritual de esas familias”, asegura el líder.

 Mar Azul ya ha realizado más de cien misiones y en cada una de ellas buscan llevar el mensaje de que “nosotros tenemos esperanza como pueblo y nuestra esperanza está basada en que Dios no nos ha dejado”.

 “Cada uno tiene que construir su parte de la isla.  Cada uno de nosotros tiene un patio, tiene un trabajo, tiene una familia y tenemos que luchar y construir eso que Dios nos ha puesto en nuestras manos y luego tenemos que ayudar a nuestros vecinos a construir”, concluye el pastor. 

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