Picó: Humanista de la población penal

El profesor Fernando Picó falleció la semana pasada

Por Hiram Guadalupe
Fernando Picó, el historiador, investigador, educador y sacerdote jesuíta vivió con extraordinaria pasión la realidad de la población carcelaria de Puerto Rico. Los conocía bien, pero más que todo los amaba y respetaba. Sabía que en ellos habitaba un caudal de talento, en ocasiones sin explorar.
Apostó a la rehabilitación del confinado a través de la educación y lo logró. Como buen profesor universitario, con más de 40 años de experiencia, conocía bien el poder transformador que derivaba del conocimiento, de la lectura, de la conversación de ideas, de la enseñanza. Por eso trabajó con afán para ofrecerle a muchos presidiarios la oportunidad de cursar estudios universitarios, en un acto de humanidad que, sin dudas, se convirtió en una de sus más grandes obras.
En 1990, siendo Capellán en el Anexo 282 de la Cárcel Regional de Bayamón, Fernando Picó creó el Proyecto de Confinados Universitarios en el Anexo 292 de Bayamón y el Anexo de la Penitenciaría en Las Malvinas. La idea, como muchas veces contó, provino de dos presos quienes un día se le acercaron buscando oportunidades para, mediante la educación, superar las dificultades sociales y económicas que habían vivido.
El profesor no dudó ni un segundo en viabilizar aquel deseo de superación y, de inmediato, se encaminó a darle forma a un programa de estudios universitarios que en poco tiempo se convirtió en un gran proyecto de esperanza y que hoy está próximo a cumplir tres décadas de existencia.
La pasión y el amor que este destacado académico tuvo para con esta población también lo llevaron a estudiar con profundidad temas como la violencia en la sociedad puertorriqueña, sus raíces y las alternativas para buscar la paz social. Resultado de esos estudios, en 1994 publicó la obra El día menos pensado, que se definió como “un esfuerzo honesto de un puertorriqueño comprometido que aportó sus conocimientos para que entendamos el problema de la cárcel más concienzudamente”.
En ese trabajo, Fernando Picó nos presentó una explicación coherente sobre el tema de la prisión, para “que interioricemos mejor esa realidad que sólo conocemos por los titulares noticiosos”.
En otros ensayos también abordó el problema de la violencia, la criminalidad, la corrupción policiaca, la violación de derechos humanos, los desvaríos del sistema judicial y las políticas asumidas por el Estado, en particular aquellas que, en la década de 1990, fanfarronearon con atender el problema empleando estrategias de “mano dura”. Algunos de esos escritos aparecen compilados en el libro De la mano dura a la cordura, publicado en 1999.
Aquellas reflexiones que trazó sobre el tema de la violencia se conservan intactas en nuestros días. Nada ha cambiado, todo sigue igual. Las políticas públicas continúan en el mismo rumbo de desaciertos, atacando el problema desde las mismas estrategias fallidas, con el burdo enfoque policial, como si la intención fuese nunca acabar con este mal social.
Hace más de una década, y con motivo de la Cátedra UNESCO de Educación para la Paz, Fernando Picó ofreció la Primera Lección Magistral del evento y nos dijo: “La criminalidad se ha convertido en materia de entrevistas a reinas de belleza y campeones de paso fino. Los arranques teatrales en la manipulación de la opinión pública han malbaratado el conocimiento acumulado de nuestra realidad. Se ha simplificado sobremanera el origen de nuestros males sociales y se ha desdeñado el aporte serio de la investigación social. En nombre de campañas moralizantes se ha procurado reducir oportunistamente la totalidad de las causas de la violencia a algún emblema de la enajenación o de la atomización social. Los narcóticos y las drogas ilegales, la televisión, los recién llegados de afuera, la música más novedosa, los comediantes más irreverentes, la disidencia más visible han sido una y otra vez demonizados en nombre de la paz social. Se ha pretendido ver en la erradicación o el silenciamiento de estas transgresiones o de estos emblemas el logro de los afanes por la tranquilidad pública”.
Hoy, mientras recordamos la gran obra de este insigne historiador, es meritorio repasar algunas de sus ideas, pensar sobre ellas y continuar su hazaña por edificar una sociedad más justa, igualitaria y de sana convivencia.
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