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Por Puerto Rico I

Lea la columna de opinión del secretario de la Gobernación.

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No existe duda de que quienes laboran o se relacionan con los trabajos que hay que realizar en el andamiaje gubernamental, especialmente de la Rama Ejecutiva, tienen en sus manos la gran responsabilidad de atender los problemas estructurales y financieros del Gobierno mientras se promueve el bienestar general de quienes residen en la isla.  Hombres y mujeres de bien que trabajan diariamente para hacer de este un Puerto Rico mejor y lo están logrando.  Del mismo modo, quienes se esfuerzan en la empresa privada por echar sus familias y comunidades adelante han sido pieza clave para que podamos mirar al futuro con seguridad de que lo mejor está por venir.

Para el mes de abril, el desempleo se redujo en casi 1 %, en comparación con el mes de diciembre del pasado año.  Y, aun cuando seguimos en cifras de dos dígitos, la reducción a 11.5 % en la tasa de desempleo no va indicando la importancia de continuar por la ruta trazada, la misma que ha logrado esa reducción de 9,000 personas desempleadas en la isla, en comparación con las 139,000 que no tenían trabajo en diciembre.  Hoy contamos con alrededor de un millón de personas empleadas, una cifra que no se daba en Puerto Rico desde septiembre de 2013, lo que a su vez representa un aumento de 19,000 personas más empleadas si lo comparamos con el pasado mes de diciembre. 

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A mi entender, los datos arriba mencionados son ejemplos presentes (como hay tantos otros) de la manera planificada, coordinada e integrada con que está laborando esta administración.   Y que la eficiencia en la operación gubernamental está también replicando beneficios en otros importantes sectores de nuestra economía.  Tanto así que la suma de reintegros enviados en el presente año asciende a 90 millones de dólares, cumpliendo así con nuestro compromiso con quienes responsablemente cumplen con sus obligaciones.  A la vez, de esta manera, inyectamos a nuestra economía ente 6 y 10 millones de dólares semanalmente por las pasadas cinco semanas.   A este paso, evitaremos, además, el gigantesco gasto del gobierno en intereses por concepto de retención del dinero que verdaderamente pertenece a los contribuyentes mientras levantamos nuevamente la confianza en nuestras entidades gubernamentales.

Así como siempre he sido fiel creyente en que la fe mueve montañas, también lo soy la voluntad se demuestra haciendo todo lo necesario para cumplir con la palabra empeñada y dejando atrás los estilos y obstáculos que en el pasado impidieron que alcanzáramos nuestras más altas aspiraciones como pueblo y como individuos.  La transformación de Puerto Rico ha comenzado y el entusiasmo es contagioso. Hoy vemos cómo las personas no solamente van comprendiendo que se han tomado las determinaciones que son necesarias en la realidad que enfrentamos, sino que se entiende que lo hemos hecho, luego de un cuidadoso e inteligente análisis que, a su vez, se comunica de manera inmediata.  Ello porque la credibilidad y confianza son piedras angulares al momento de dejar saber que Puerto Rico es el lugar idóneo para hacer negocios.  Aspectos que son tan importantes como la conservación de nuestra idiosincrasia y de nuestras bellezas naturales a la hora de presentarnos como destino turístico. 

Esa transformación que requiere nuestra isla en general, comenzando con nuestra estructura y funcionamiento de las agencias que conforman la Rama Ejecutiva, requiere que abracemos el cambio y que actuemos de conformidad a lo que este requiere y conlleva.  Más allá de hacer las cosas de manera diferente para ser más eficientes que nunca antes en nuestra historia, tenemos que convertirnos, todos y todas, en agentes y promotores del cambio que queremos para nuestra isla y que sabemos nuestras familias y comunidades necesitan.   

Humildemente, podemos decir que hemos comenzado el camino en la dirección correcta.  Ahora nos corresponde continuar actuando con la responsabilidad, individual y colectiva, que tenemos con nuestro pueblo.  Tanto el sector privado como quienes laboramos en el gobierno nos encontramos ante el momento de la definición ulterior.   La determinación sobre la manera en que vamos a actuar ante la responsabilidad que tenemos de construir un nuevo Puerto Rico está solamente en nuestras manos.  Confío en que, con la ayuda de Dios Todopoderoso, continuaremos juntos esta ruta de progreso.

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