Maite Oronoz: Un año de cambios en el Supremo

La jueza presidenta del Tribunal Supremo de Puerto Rico, en su primera entrevista con Metro, repasó su primer año en el cargo y conversó sobre su visión de hacia dónde debe dirigirse la Rama Judicial en la isla. Igualmente, comentó sobre cómo los jueces y juezas deben ser entes de transformaciones históricas y de cómo las mujeres generan un impacto en la estructura judicial.

Por Karixia Ortiz

En la memoria histórica quedó plasmada la atropellada confirmación de la nominación de Maite Oronoz Rodríguez como jueza presidenta del Tribunal Supremo de Puerto Rico en el Senado el 22 de febrero de 2016. No obstante, la misma jueza presidenta, en su primera entrevista con Metro, aseguró que este evento no ha lacerado la confianza entre sus pares y funcionarios, ni ha trastocado la inserción de su visión para la Rama Judicial.

Oronoz Rodríguez es la persona más joven en ocupar su cargo, cree en una Rama Judicial que saque partido de las tecnologías y herramientas modernas, y no oculta su homosexualidad. Con esto de base indicó que con su gestión hay un cambio de paradigmas y de visión. Además, consideró que  una mayoría de mujeres como juezas asociadas marcarían las decisiones del alto foro. 

Echar mano de la tecnología para ponerla en función del trabajo diario en los tribunales proyecta ahorros de hasta $2 millones. Igualmente, el delegar funciones administrativas a los jueces de las distintas regiones genera mayor eficiencia y rapidez en los procesos particulares.

Cabe destacar que Oronoz Rodríguez tiene bien claro que su norte sigue siendo promover la transparencia, el acceso a la justicia y la rendición de cuentas.

¿Cómo, en el contexto de la crisis fiscal, se asegura que todos puedan tener acceso a la justicia?

—Con compromiso firme de que no se afecte el acceso a la justicia a pesar de los cambios que pueda traer la crisis fiscal, con creatividad e ingenio. Hay que pensarlo todo. Hay que repensarlo todo, pensar fuera de la caja.

¿Ha habido resistencia en la Rama Judicial a las tendencias tecnológicas que ha implementado?

—Creo que siempre hay resistencia a lo desconocido y parte de nuestra función es explicar por qué es un mejor sistema, por qué va a ser más rápido, por qué va a ser más transparente, por qué va a permitir mejor acceso de varias personas a los tribunales. Una vez empiezas a explicar y que la gente comienza a ver el efecto inmediato, hay aceptación.

¿Cuándo escucharemos del Supremo una decisión como la del Tribunal federal en torno al matrimonio igualitario y de temas con respecto a la comunidad LGBT?

—La razón por la cual no la has visto y, posiblemente, no se verá es porque, en el momento en que el Tribunal federal emite su decisión en el caso de Obergefell (Obergefell v. Hodges, que viabilizó el matrimonio igualitario en 2015), eso les aplica de manera directa a todos los estados, al Estado Libre Asociado y a otros sistema que tienen que seguir la pauta del máximo foro de la Corte federal. Así que, posterior a ese caso de Obergefell, no debería haber ningún caso en los tribunales de ese tema porque se entiende que es uno que ya está resuelto.

¿Cuánto le hace falta por mejorar a los tribunales para tener esa sensibilidad y generar un impacto en asuntos de esa índole?

—Estos temas, tanto de la comunidad LGBT, asuntos de la mujer, las personas con alguna discapacidad, son asuntos que se tienen que trabajar no solo en la Rama Judicial, sino realmente en todas las Ramas. […] En los tribunales, sin duda, son temas en donde se ha avanzado muchísimo, pero tenemos tantísimo más que nos queda por hacer, y la Rama tiene que trabajar protocolos, capacitar a los jueces y juezas, y funcionarios tienen que insertarse en la discusión de cuáles son las propuestas que mejor van a ayudar a estos grupos que no solo llegan a los tribunales, sino que, una vez llegan, cómo atendemos esas necesidades de forma particular.

¿Cree que habría mayor balance o  diversidad de pensamiento si la composición del Supremo fuera en su mayoría mujeres?

—Sin duda. Si fuéramos seis, si fuéramos siete, tendría un efecto marcado en las opiniones del Tribunal en los asuntos que se trabajan. Ha mejorado y el grupo y los jueces del Tribunal Supremo es muchísimo más variado de lo que ha sido históricamente, y eso se ve en las posiciones que se asumen en los casos. Creo que la perspectiva de muchos de los asuntos cambiarían.

¿Cree que las voces de los jueces deben incidir en la opinión pública en coyunturas específicas del país?

—Creo que los jueces y juezas podemos hablar de temas sociales e insertarnos en la discusión con mucha cautela. Por qué no podemos hablar del acceso a la justicia, por qué no podemos hablar de las inequidades de toda índole. Por qué no podemos nosotros capacitar y hablar y enseñar sobre estos temas. Creo que sí.

¿Qué piensa de quienes pueden plantear que la Rama Judicial es una burbuja hermética e incuestionable?
Creo que nosotros los jueces tenemos que quitarnos la toga y allegarnos mucho más a los ciudadanos, a quienes servimos. […] He sido enfática en que seamos conscientes de esa visión que se tiene de nosotros y que empecemos a romperla.

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