García Padilla repasa su gesta

En el marco del cuarto aniversario de Metro, el gobernador Alejandro García Padilla sostuvo una conversación para hacer un breve repaso de su administración.

Por Karixia Ortiz

“Ninguna de mis canas es por eso, digamos”, dijo el gobernador Alejandro García Padilla en entrevista con Metro al reaccionar con relación a los comentarios de quienes han catalogado su administración como la peor en la historia de Puerto Rico.

“¿Qué uno no puede permitir? Que esa crítica de los políticos le afecten a uno en su labor”, agregó con determinación.

Haciendo un repaso de su cuatrienio, el primer mandatario reconoció que ha tenido sus altas y sus bajas. En general, mantiene firme su postura de hacerse responsable de sus “aciertos y desaciertos”.

“De todos. De todos. De los que son responsabilidad de mi función directa como gobernador y de los que no”, insistió al preguntársele sobre los asuntos que asume de su gesta como gobernante.

Al preguntársele específicamente sobre qué errores o desaciertos se adjudica total responsabilidad, el primer ejecutivo del país respondió: “No lo logré y tuve que declarar en verano del año pasado que la duda era impagable. Lo debí haber hecho el primer día. Esa responsabilidad yo no se la puedo delegar a nadie; es mía completa”.

Otra de las fallas que García Padilla resiente es no haber logrado el apoyo de la Legislatura de su propio partido para lograr un cambio en las normas contributivas. Su proyecto de reforma contributiva de 2015, que incluía cambiar del impuesto sobre ventas y uso (IVU) a un impuesto de valor agregado (IVA), se colgó cuando no logró los votos necesarios en el proceso intenso del que fue escenario la Casa de las Leyes.

“Que tú pagues impuestos sobre tu productividad es inaudito. Que Puerto Rico no se haya unido a la corriente de países modernos del mundo es inaudito. Alguien puede decir: ‘Ah, sí está bien. Tú  lo propusiste, pero fueron los legisladores que no lo permitieron’. Es verdad, pero es mi gobierno. Y yo me hago responsable de no haberlos podido convencer”, sostuvo.

En el futuro y como parte de la receta para el desarrollo económico, recomendó que “el próximo gobernador tiene la responsabilidad ineludible de continuar expandiendo la base industrial puertorriqueña en la industria aeroespacial, en la industria de farmacias, en la industria de equipo médico, en la agricultura, en el turismo, y es un trabajo que no es delegable”.

Sobre el futuro de su vida, García Padilla está claro de que su destino tras su retirada como gobernante está entre dos opciones que reconoció les apasiona: “Yo sé hacer dos cosas: ser abogado y ser agricultor. Espero hacer ambas”.

Análisis por Mario Cancel, catedrático de Historia del Recinto Universitario de Mayagüez

La devaluación del crédito y el cierre de los mercados financieros minaron la unidad del PPD y lesionaron su liderato: el país era gobernable, pero el PPD no lo era.

Me parece que la unidad perdida en 2013 no ha sido recuperada a la altura de las elecciones de 2016.

La imagen de que el PPD se derrumba es ineludible.

Los mayores éxitos, al menos los que ha reclamado esta administración, tienen que ver con el estímulo de la agricultura, el crecimiento del turismo en general y el de cruceros en particular y con el establecimiento de representantes de negocios del ELA en algunos países. Los tomo con pinzas y con mucho escepticismo. Ese es un discurso que está circulando desde la década de 1990 con muchas altas y bajas. Se trata de escenarios que se caracterizan por la fragilidad. Me consta que la aplicación de PROMESA puede erosionar los avances de la agricultura y las relaciones interamericanas del ELA. No solo eso: un fenómeno natural como un mosquito y el zika lastiman con facilidad las posibilidades del turismo en un momento en que una Cuba que retorna al mercado capitalista apasiona al turista con dinero de Estados Unidos continental. En los tres renglones las trampas de la relación colonial se hacen evidentes. El cabotaje marítimo y aéreo, la competencia de la agricultura de aquel país con la nuestra y la falta de soberanía para proteger los intereses de los puertorriqueños limitan las posibilidades del país.

La discusión,  atropellada y superficial en ocasiones, de algunos asuntos  tocantes al género, al cannabis medicinal y recreativo y a las minorías, resultó refrescante. El problema, me parece, es que su utilización para fines político-partidistas era muy obvia y generó contradicciones. El liderato PPD quería rejuvenecer su imagen de organización liberal y abierta. No funcionó. La justicia y el partidismo son asuntos que chocan y, una vez se les vincula en la gobernanza, no subsanan los defectos de una cultura dominada por el prejuicio, el discrimen y el conservadurismo”.

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