Crisis obliga a profesionales a meterle al baile con escasa ropa

Por Juan Carlos Melo @melodicespr


“Me han llegado [mujeres] desesperadas que me dicen: ‘Necesito trabajo pero ya. Necesito dinero urgente. A mí me van a quitar la casa. Me van a quitar el carro’, y ha llegado de todo, desde personas jóvenes hasta no tan jóvenes, con maestría y todo”.

“El principal requisito [para trabajar] es que sea mayor de 18 años. Segundo, tienes que hablar con ella, que sepa hablar, que sea educada, que no sea muy cafre, ya que esto espanta a los clientes, sobre todo ejecutivos, y tiene que ser bonita; como dicen por ahí, para los gustos, los colores. Así que hay que tener también variedad”.

La falta de empleo en el país, mayor en la zona sur con una tasa que ronda el 23 %, está propiciando que cada vez más mujeres opten por bailar en el tubo como una opción temporera de trabajo que en gran parte de los casos termina extendiéndose por varios años.

Así lo asegura Jack Zaidspiner, alias Jackie, dueño de cuatro de los nueve clubes de strippers que hay en la llamada ciudad patria.

Dice que, contrario a los denominados tiempos de bonanza económica, iniciando en la década de los 90, cuando en el área de San Juan existían decenas de clubes para caballeros, como El Doral, Black Angus, Lucky Seven, St. Tropez o Divas, por mencionar algunos, conseguir féminas para que trabajen bailando en sus burdeles es ahora más fácil.

“Antiguamente, era más difícil conseguir strippers, pero, últimamente, con la economía como está, está llegando mucha variedad, desde joven hasta no joven, personas que no consiguen trabajo hasta enfermeras; personas con profesiones que no están consiguiendo trabajo y tienen que vivir y han venido buscando empleo por que saben que, si las contratan, por menos que hagan siempre van a hacer dinero y pueden continuar manteniéndose”, asegura el empresario.

Zaidspiner, quien se inició en el negocio hace más de dos décadas administrando inicialmente Frenchy’s, describe como lamentable la situación de las mujeres profesionales que le solicitan empleo.

“Es triste el caso, porque, después que estudiaron no sé cuántos años y no consiguen trabajo porque la economía está de la forma que está, tienen que terminar en este trabajo. Lo mío es ayudarlas. Se les dice que sí, y les digo que, si en algún momento aparece algún trabajo en su profesión, pues se va. Aquí ellas son independientes. No están contratadas ni nada. Se pueden ir cuando quieran”, afirma Jackie.

Añade que, aunque muchas entran con la mentalidad de durar un corto tiempo, solo para resolver la necesidad del momento, lo cierto es que su estancia en este tipo de trabajo se extiende mayormente por los ingresos que devengan, los cuales pueden fluctuar de entre $50 a $1,000 por noche.

Jackie sostiene que, como gran parte de las que llegan carecen de experiencia, él mismo les asigna una muchacha que las ayuda “a soltarse”.

“Cuando llegan, preguntan siempre si tienen que tener experiencia, y, de verdad, no tienen que tener experiencia, porque llegas aquí y las mismas chicas te van enseñando. Eso lo aprenden enseguida. Es cuestión de soltarse un poco, y las mismas muchachas se ayudan unas a otras”, manifiesta, al tiempo que asegura que lo más embarazoso para la nueva bailarina es cuando ven a alguien que las puede reconocer.

“Algunas se esconden y me lo hacen saber. Otras ya se pusieron en la cabeza que, si están mal, nadie les va a dar vida y no les importa. Depende de la muchacha. Hay unas que son más reservadas que otras, y poco a poco algunas empiezan así escondiéndose y después te dicen: ‘Ah, que se chave. Si ellos están aquí también y comoquiera yo tengo que echar para adelante’”.

Actualmente, en la isla, el desempleo golpea duramente a las mujeres, quienes ven sus oportunidades laborales limitarse en la medida en que avanzan en edad, según confirman estadísticas del Departamento del Trabajo.

De acuerdo con las cifras de desempleo correspondientes al mes de agosto, la tasa promedio de mujeres sin trabajo es de 11 %. Sube a 11.9 % entre las edades de 20 y 24 años, y aumenta más a 17.9 % en el renglón de 25 a 34 primaveras. Solo es entre las edades de 35 a 44 años cuando baja a 13.1 %.

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