Cuando la quimioterapia toma el rol protagónico

Por Sarah Vázquez @SarahFVazquez

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El reloj marcó las 6:30 a. m. y Janet Camareno se prepara para otra batalla en la guerra más difícil de su vida. Le toca la quimioterapia.

Como parte de su rutina antes de recibir el tratamiento contra el cáncer de seno, que le fue diagnosticado el 19 de abril, Janet, quien usa un camisa que lee “Keep Calm and Fight” (“Mantén la calma y pelea”), prepara un bulto con alimentos, una manta y se llena de optimismo, pues tiene la esperanza de que la quimio será eficaz. Y es que de la eficacia del tratamiento, que culmina a principios del año entrante, depende que la puedan operar.

A eso de las 7:40 de la mañana llega al centro de quimioterapia del Hospital Hima en Caguas, en donde la sala de espera estaba llena de muchos otros pacientes que libran la misma batalla y que su físico relata  lo dura que es la guerra contra el cáncer, pero en sus miradas y conversaciones se denota la esperanza y deseos de vivir.

Esta pasa; le hacen su evaluación, y la enfermera la alista para recibir la quimioterapia a las 8:00 a. m. Ya en la silla en la que estará por las próximas cuatro horas, Janet contó a Metro, que le acompañó en parte de su rutina, que fue después de varias visitas al hospital por fiebre y debilidad que dieron con el diagnóstico de cáncer.

“Fue bien difícil porque mi papá acababa de fallecer y, al yo caer con el cáncer, pues fue difícil, porque primero fue mi papá y ahora yo. Pero me han apoyado cada vez que caigo en el hospital; están conmigo”, relató mientras se escucha de fondo el sonido de la máquina que se utiliza para suministrarle los sueros del tratamiento.

Mientras recibía la quimioterapia Janet recordó que, antes del diagnóstico, le gustaba ayudar a quien estuviera enfermo. Además, trabajaba cuidando pacientes en los hospitales, actividades que ya no puede hacer por los efectos secundarios del tratamiento.

“Quien diría que me encontraría en esta situación, como era yo. Yo era una persona que ayudaba a todo el mundo. A mí no me podía llamar nadie de que había una persona enferma, porque yo me montaba en mi carro y caía en esa casa a ayudar, y ahora, al verme en la situación que yo estoy, pues eso me deprime. Dios sabe que yo quiero ayudar a todo el mundo, pero no puedo”, dijo Janet con tristeza, pero en un segundo se recuperó y comentó que “tan pronto salga de esta” lo volverá a hacer.

Pasado el mediodía, se completaron las dosis de la quimio, y la mujer de 47 años, a quien le detectaron el cáncer en el seno izquierdo, en el pulmón, intestino e hígado, destacó que salía directo a su casa “porque esto me pone mal, esto me da diarreas, me da dolor en las coyunturas. Tengo que ir a acostarme. Mientras pasan los días, voy botando el golpe de la quimio y me voy sintiendo un poquito mejor”.

Sale del hospital no sin antes recordar que su familia es su soporte y que vivirá siempre agradecida por el apoyo en este proceso.

En Puerto Rico, cinco mujeres son diagnosticadas con cáncer de seno cada día.

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