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Columna de Lily García: El ojo detrás del lente

Como parte de un experimento sumamente interesante, la compañía de equipo fotográfico Canon en Australia reclutó a seis fotógrafos profesionales para que fotografiaran a un sujeto. Antes de la sesión, a cada fotógrafo, por separado, se le contó una historia diferente acerca del  hombre.

A uno de ellos se le dijo que fotografiaría a un alcohólico; a otro, un psíquico; y así sucesivamente. El sujeto se convirtió en un exconfinado; en un millonario que comenzó desde abajo e hizo solo su fortuna; en alguien que salvó de la muerte a otra persona y, finalmente, en un pescador. Ninguna de las historias era cierta.  El modelo era un actor contratado para la sesión fotográfica.

El resultado fue sumamente interesante. Como cada fotógrafo estaba viendo un hombre diferente, cada foto pareció proyectar un sujeto distinto. 

El que lo creyó exconfinado lo vio con rostro tosco y fuerte.  El que creía haber fotografiado a un pescador lo proyectó sonreído y con apariencia afable.  Como psíquico el hombre mostraba una mirada perdida y tras de él una silla vacía. 

Al final de la sesión los seis fotógrafos y el actor fueron invitados a ver el producto final.  Allí se les informó que habían formado parte de un experimento sobre cuánta influencia tiene ese ojo detrás del lente en la imagen que está captando.  Los fotógrafos tuvieron que admitir que es mucha. 

De la misma forma que es mucha la influencia que tienen las historias que nos cuentan otros y nos contamos nosotros mismos a la hora de evaluar a los demás.

Este experimento no solo les habla a los fotógrafos, sino a todos los que en alguna ocasión hemos visto a otros a través del filtro de nuestros prejuicios.  Y cuando hablo de todos, me refiero a todos.  No conozco a una sola persona que no tenga algún prejuicio, sea heredado o formado.

Para liberarnos de ellos, tenemos que comenzar por reconocerlos y entender cómo nos roban la paz. Solo así podremos comenzar a ver a los que nos rodean como realmente son y darles la oportunidad que se merecen.