Bocadillos Lingüísticos: Las haches que nos hachizan

La doctora Aida Vergne, profesora universitaria y lingüista, nos habla sobre las haches.

Por Doctora Aida Vergne, profesora y Aida Vergne, profesora y lingüista

Los puristas siempre han existido (¡desde tiempos del latín y antes!), y son muy temidos por muchos. Ese pánico que engendraban en los hablantes provocó que, por hipercorrección, muchos añadieran haches donde nunca las hubo.

Pero no todo fue por temor. Don Gregorio Salvador nos dice que algunos lo hacían “por pedantería”. Por eso, palabras latinas como umor y umidus, que NUNCA se escribieron en latín con hache, pasaron a ser humor y húmedo. Ese “error” llegó hasta nuestros días.

Nada, para hacer el cuento corto, los palabras que en latín llevaban hache pasaron al español con ella. Esa no fue la única fuente de haches de nuestra lengua. Hubo otra muy productiva: la variante dialectal castellana tenía la peculiaridad de aspirar las efes latinas, y en ocasiones hacerlas desaparecer del todo. ¿Ejemplos? Fabulare > hablar: fermosa > hermosa… Como nota interesante le comento lo que Poncela decía: “las cosas importantes de este mundo se escribían con h, y sin ella, las nimiedades: ayer y mañana no importan, lo importante es hoy”. Sobre la hache, y con esto termino, Juan Ramón Jiménez decía: “Y para qué necesita hombre una h; ni otra hembra? ¿Le añade algo esa h a la mujer o al hombre? ¡¡jaja!! ¡Genial!

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