Terapias que sanan más allá de un padecimiento

Equinoterapia Puerto Rico abre las puertas de su centro para dar a conocer el día a día de la terapia con caballos, que trata diversas enfermedades

Por Lyanne Meléndez García

La cercanía que ha tenido Héctor de León con caballos  cada martes durante las pasadas diez semanas ha sido una experiencia de empoderamiento

“A pesar de que estoy en silla de ruedas, al montar se ve que uno no tiene impedimentos, estar trepado, verme montado en un caballo, me sobrepongo y me siento motivado de hacer cosas que no podía hacer”, contó de León, veterano que padece de lesión en el cordón espinal que lo ha inhabilitado de caminar.

Esta es la segunda vez que el veterano se da la oportunidad de participar de equinoterapias, lo que describió como una bendición, ya que en ellas, mientras recibe terapias, encuentra algo en qué ocupar su tiempo, confraterniza con amigos y aprende mientras disfruta. “Uno aprende y adquiere unos conocimientos, de cómo relacionarte, cómo relacionarte con los caballos, que son como una mascota, pero más grande”, expuso el veterano a quienes sus compañeros apodan “el presidente del grupo”.

De León es tan solo uno de los pacientes del Hospital de Veteranos que participan de la terapia alternativa que les ofrece Equinoterapia Puerto Rico.

Ángel Vega, paciente de esclerosis múltiple, aseguró que la experiencia ha sido enriquecedora. “Cuando empecé tenía miedo al caballo y él a mí, pero ya me monto más fácil y con más seguridad”, manifestó Vega, quien acude a las terapias acompañado de su esposa.

Por su parte, aunque también padece del cordón espinal, Rubén Sierra confesó que la terapia también le ha ayudado con su depresión mayor. “Interactuar con el caballo, hablarles, estar en el campo, todo eso baja la ansiedad, las revoluciones. Además, el grupo es como una familia”, opinó Sierra.

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Más allá de la paz que inspiran estos animales, sus beneficios van mucho más allá de un cambio de estado de ánimo momentáneo, por lo cual expertos han desarrollado toda una terapia alternativa para tratar múltiples padecimientos físicos, mentales, emocionales y sociales. Se trata de la equinoterapia, que en Puerto Rico ha ido ganando terreno en los últimos años para tratar a niños, jóvenes y adultos, en la que se utiliza el caballo como herramienta terapéutica.

“Cuando se nos acerca un participante con interés, que ha escuchado hablar de las equinoterapias, lo primero que hacemos es evaluar la situación médica, el diagnóstico y verificamos que no haya ninguna contraindicación a que esa persona esté en contacto con el caballo”, explicó Tania Meisner, directora ejecutiva de Equinoterapia Puerto Rico, en entrevista con Metro. Explicó que, una vez se determina si el caso es viable para terapia, se establece un plan de trabajo que, generalmente, es de doce semanas; es decir, 90 días. De acuerdo con el presidente del centro, Carlos Méndez, en ese periodo de tiempo “el cerebro —neurológicamente hablando— tiene la capacidad de adaptarse a cosas nuevas y regenerarse”.

Entre los niños, a Equinoterapia Puerto Rico llegan muchos con autismo, déficit de atención con hiperactividad, perlesía cerebral, hipotonía —bajo tono muscular—, síndrome Down y síndrome Sotos. En los adultos, tratan mayormente casos de lesiones en cordón espinal, trastorno de estrés postraumático, abuso de sustancias y depresión severa. Los planes de tratamiento incluyen terapias con caballos que abordan patología del habla, terapia ocupacional o física, o una combinación de ellas, así como la parte emocional.

“En Puerto Rico, hay 700 mil personas con algún tipo de discapacidad, quiere decir que si somos tres millones, en cada hogar debemos conocer a alguien con diversidad funcional”, expuso Méndez, al detallar la importancia de las terapias.

61: Cantidad de voluntarios que trabajaron un total de 2,700 horas de terapias el año pasado en Equinoterapia Puerto Rico

El también instructor de equinoterapia señaló que las terapias incluyen, además de montar, trabajos de piso, aprender sobre el caballo, actividades con ellos, como bañarlos, así como sesiones sobre manejo de emociones, que involucran a psicólogos. “Con los niños también se trabaja la motivación por rezago académico, motivación por lectura, escritura y se incluyen actividades”, amplificó Méndez.

Los costos de las terapias se manejan por el otorgamiento de fondos o donativos, ya sea de fundaciones, Gobierno o corporativos, entre otros. “En Puerto Rico, el nivel de pobreza es muy alto y la población con necesidades especiales, por lo general, no tiene los recursos económicos para estas terapias alternativas que no las cubre un plan”, expresó Meisner. El centro cuenta, además, con un portal de internet y página en las redes sociales, donde los interesados pueden hacer donativos.

Este es el único centro en Puerto Rico que está afiliado a Path International, la organización que regula la profesión a nivel mundial. Meisner explicó que en la isla hay instructores que están certificados por Path, pero este es el único que está afiliado en calidad de centro.

Planes de expansión en Roosevelt Roads

El centro, actualmente localizado en Trujillo Alto, tiene planes de mudarse el próximo semestre a la antigua base Roosevelt Roads en Ceiba y Naguabo.

Entre los planes en Roosevelt Roads, están crear caminos sensoriales, actividades con niños, mientras buscarán tener los caballos sueltos y ampliar los servicios de terapias. Además, persiguen desarrollar actividades económicas de personas de la comunidad, adiestrar personas a trabajar con caballos, hacer cabalgatas y cabalgatas adaptadas, bicicletas inclusivas y centros de entretenimiento para personas con diversidad funcional. “Queremos darles oportunidades a personas con diversidad funcional a que puedan montar sus propios negocios allí”, dijo Méndez, al argumentar que en la isla hay espacio para desarrollar toda una actividad económica en ese entorno.

Algunas afecciones que trabajan:

  • En niños: autismo, déficit de atención con hiperactividad, perlesía cerebral, hipotonía -— bajo tono muscular— síndrome Down y síndrome Sotos
  • En adultos: lesiones en cordón espinal, trastorno de estrés postraumático, abuso de sustancias y depresión severa
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