Por amor a ti, come mejor y muévete más

Lea la columna de opinión de la educadora en salud Lilly Rivera

Por Lilly Rivera

Se acerca la boda y te propusiste rebajar unas cuantas libras para verte de ensueño, o pronto será la reunión de tu clase graduada y quieres verte mejor que nadie —destruida o destruido, jamás—. Es tu oportunidad, si eras chubby en la high, de deslumbrar a todos con tu nueva figura. Así que estás controlando las porciones de comida y haciendo la actividad física necesaria para lograr tu objetivo. ¡De seguro triunfarás! Estas válidas razones te motivan. Ojalá continúes así. Sin embargo, una vez pasa el gran evento (la boda o la reunión de la clase) es probable que entres a zona de confort, te tires en el sofá, comas más de lo que es prudente y vuelvas a engordar. 

Si fuera fácil rebajar o mantener el peso ideal todo el mundo lo haría, pero no lo es. Para lograrlo, necesitamos entender que la actividad física es necesaria en todas nuestras etapas de vida, que se puede comenzar a realizar a cualquier edad y que, por mucho, es de las mejores medicinas para el cuerpo y la mente.

Voy a tratar de explicarte lo que le das a tu cuerpo cuando te ejercitas para que comiences, si te convenzo, a moverte más, y convertir esta acción en un hábito, como cepillarte los dientes, dormir o despertar diariamente. 

Comer nutritivo, variado, balanceado y en cantidades moderadas, a tono con las necesidades individuales, y hacer actividad física diaria nos ayuda prevenir la obesidad o el sobrepeso. Esto es muy importante que lo internalicemos porque el exceso de peso a cualquier edad trae consigo serios problemas de salud sin que te des cuenta, que con el tiempo pueden discapacitarte o provocarte una muerte prematura. 

De acuerdo con los Institutos Nacionales de la Salud (NIH en inglés), ejercitarte regularmente ayuda a prevenir o a controlar la diabetes tipo 2, el síndrome metabólico, los accidentes cerebrovasculares, la alta presión, las enfermedades cardiovasculares, la osteoporosis, la artritis, la depresión o la ansiedad. Mejora tu salud en general.

Nunca he visto a alguien con cara de pocos amigos al terminar una clase de zumba o una sesión de spinning. Es más, ni luego de una caminata. La actividad física hace que liberes estrés, que te centres en lo que estás haciendo, te baja la ansiedad y aumenta tu felicidad. Cuando tengas un día difícil, sal a correr o caminar, bota la frustración o el coraje, llénate de paz. 

Tus músculos se fortalecen y eso es bueno para evitar caídas. Tu apariencia física se transforma y eso aumenta tu autoestima. Los niveles de glucosa en sangre y la presión arterial se controlan. El sistema inmunitario se robustece, lo cual te protege de enfermedades. Como si fuera poco, la actividad física puede mejorar la excitación sexual en las mujeres, y los hombres que se ejercitan pueden tener menos problemas de disfunción eréctil que los sedentarios. ¡Tomen nota!

Somos diferentes. Busca tu manera preferida de ejercitarte, sea en un gimnasio, en el agua o al aire libre. Se sugiere realizar, al menos, 150 minutos de ejercicio a la semana y conseguir un acompañante para que se animen mutuamente. Ten en cuenta que bailar, caminar por senderos, jugar softball, hacer yoga, nadar o surfear también son maneras de ejercitarte. El secreto es la consistencia, la variedad de actividades, hacerlo a la misma hora y, por supuesto, que siempre te diviertas.

Antes de comenzar cualquier tipo de actividad física habla con un fisiólogo del ejercicio para que puedan diseñar un programa de entrenamiento individualizado. Si tienes alguna afección de salud, consulta a tu médico.

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